fama y desgracia

Combinando imágenes de archivo familiar, momentos estelares fulgurantes con entrevistas y cotilleos de los backstage, el film de Asif Kapadia es conmovedor de principio a fin. Entre escenas encantadoras mezcladas con otras terribles, más imágenes de una intimidad silenciosa, es casi inevitable que la angustia se mantenga en todo este travelling por una muerte anunciada. Si no está del todo mal publicar esta reseña tan tarde, cuando ya Amy (La chica detrás del nombre) está a punto de ser retirada de las carteleras, es porque muchos de nosotros hemos amado a Winehouse sólo después de su muerte, al intuir en ese suicidio continuamente aplazado una intensidad que la aparta del conformismo pueril en el que se desenvuelven el jazz y el pop.

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julio en diciembre

Calor tórrido y luz cegadora. Te descalzas en la hierba mientras esperas en un cabo del mundo, bajo un solaje que deja desiertos las aceras, los barrios, las salas. Al entrar, una impresión de campamento, de aquellas afueras legendarias que cuajaron en las visiones de juventud. Y un halo de resumen, de un final que vuelve, desde donde podrías partir de nuevo. La nota de prensa sobre Bosques y otras especies, la exposición del pintor Alvar Haro en la sala El Paso del Centro Municipal de las Artes de Alcorcón, habla de acontecimientos personales y familiares que ponen en primer plano la cuestión de la finitud. No tan paradójicamente, pues los traumas a veces nos abren, la impresión que tenemos es la de salir a un horizonte por fin libre. Junto con antiguos motivos del pintor (cuerpos durmientes, emboscados, en espera, paralizados, mutilados) aparece una amplitud de paisajes que nada tiene que ver con el encierro.  Todo lo contrario, en Rest on the walk, en Noche americana y otra obras, se nos regalan las visiones de un viajero, de alguien que comparte la mágica soledad de sitios que atraviesa y no le pertenecen. Leer más

rojos, negros, verdes

A luz más cierta está escrito en Oaxaca hace ya diez años. Pero diez años no son nada para una disciplina de lo vivido que carece de tiempo, igual que no lo tienen tampoco los muros de piedra bajo los olivos. ¿Por qué hacer poesía ya es un signo en sí mismo? ¿Un signo de interrogación, de inquietud, de búsqueda? Debido a que, narcisismos aparte, nadie se complica la vida con tal laberinto de la línea recta si otra estrategia personal, cualquier empresa del yo, es posible. Para cuidar el habitual narcisismo bastaba con hacerse editor, profesor, agente cultural o, simplemente, ser un intelectual.

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