la juventud

Lo que alguna gente llamaría esteticismo de alto nivel es el único y razonable modo que Sorrentino ha encontrado para adentrarnos en la amarga tragedia de vivir. Quizás es también la única vía que tenemos de soportar la hipotética clonación de la especie que él intenta retratar, precisamente en el punto justo de su condición mortal. Según recordaba en su momento Nietzsche: “Sólo como fenómeno estético se justifica el abismo del mundo”.

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algo más sobre nosotros

Querido F., perdona la tardanza en escribirte.

Primero, tenlo en cuenta, lo que tú llamas el “diagnóstico de Ignacio” (Hispanidad, publicada en este blog) ha sido ignorado por doquier, incluidos buena parte de mis amigos, salvo pocas personas que se cuentan con los dedos de dos manos. Esto tiene que ver probablemente con el hecho de que, incluso para muchos amigos, uno no es literalmente nadie. Para colmo, ese silencio puede estar relacionado también con mi pésima tecnología de marketing y comunicación. En tercer lugar, también tiene que ver con el hecho de que, al parecer, no se puede hablar de España. Ya el hacerlo suena a fascistoide. Hasta una amiga común, que sin duda me quiere, sugiere algo así en el correo que me envió de respuesta… después de mis súplicas para que dijese algo.

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Hispanidad

Borges habló en su momento de una adorable quietud hispana, así como de un calor y una amistad que son difíciles de encontrar en culturas occidentales distintas a aquellas donde se habla la lengua de Machado o Rulfo. Sin embargo, un reverso existencial, cultural y político, un envés de esa atractiva calidez podría recorrer las latitudes de nuestra cultura. En casi todas las naciones del universo hispano encontraremos un constante déficit en la modernización, sobre todo en lo que atañe a la simple conciencia nacional, al orgullo y la firmeza universales de ser así, como somos, bolivianos, chilenos o colombianos. Hay entre nosotros un complejo de inferioridad, una timidez cuasi ontológica que implica que el término medio de las naciones hispanas tengan una débil consistencia, una conciencia temblorosa de su identidad en la arena internacional. Y no sólo eso, pues la debilidad, a la fuerza, opera primeramente hacia dentro.

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