la vergüenza de estar en el mundo

De ética y política: La Grande Bellezza

“Viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación. El resto no son sino decepciones y fatigas. Nuestro viaje es por entero imaginario. A eso debe su fuerza. Va de la vida a la muerte. Hombres, animales, ciudades y cosas, todo es imaginado. Es una novela, una simple historia ficticia. Lo dice Littré, que nunca se equivoca. Y, además, todo el mundo puede hacerlo. Basta con cerrar los ojos y abrirse al otro lado de la vida”. L. F. Céline: Viaje al fin de la noche.

 

Aprovechando un impasse académico, había que romperse los sesos buscando una película que sirviese para acompañar los temas de ética y política del final de este curso. No servían las películas que siempre ven los alumnos, tampoco otras que uno ya había proyectado (Deliverance), pues se trataba de buscar algo nuevo, lo más impactante posible: algo que “hiriese” a la juventud (vano intento: iluso de mí) y mostrase el escándalo que es el mundo, como en La caza de Vitenberg, cuando nos bajamos de los sistemas de protección que nos impiden percibir y pensar. Pensé en King and country y Johnny cogió su fusil, antiguas y magníficas, pero ilocalizables… y tal vez, para el gusto espectacular de os jóvenes, un poco anticuadas.

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out

Queridos ingleses: en principio, gracias. Y esto no sólo por el revolcón que le habéis dado a la elite económica y política, a sus aliados informativos. Tiene gracia ver desde España a un Cameron que, ante el número 10 de Downing Street, habla de pasión, creencias, dimisión, sentidos y supervivencia. De modo menos flemático, por cierto, que el tono que Rajoy emplea para pedir poco después serenidad ante la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Tras toda la verborrea que vendrá, teñida del impresionismo propio de los medios -el mismo que se equivocó en sus cálculo del voto británico- queda un hecho seco, casi terrorífico para Deutsche Bank y el capital financiero: El Reino Unido inicia el 24 de junio su salida de la Europa económica, un ámbito en el que -recordémoslo- siempre fue un socio incómodo. La noche de San Juan impulsa ritos de paso, creían los antiguos.

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de objetos y sujetos

Sí, creo que hay esa relación entre activismo político y sordera ante los pequeños crímenes cometidos en privado, como si la ausencia de alma en lo personal estuviera disculpada por una supuesta alma mundial, que siempre ha sido más bien una máquina devoradora de almas y singularidades.

Llevo años “enfermo” por eso, dolencia acentuada con la última politización en curso. Enfermedad sedada y atenuada con la filosofía, el trabajo de la escritura, el alcohol, algo de sexo y muchos, muchos afectos distintos. La multiplicación de amigos reales, algunos muy buenos, es una especie de sucedáneo de este desierto anímico en el que vivimos.

También me ha servido una postura muy selectiva en cuanto a las amistades, una selección invertida (mejor dicho, ajena) en relación al canon progresista clásico. Una selección paradójica también, pues para ella tengo que tener una amplia cantera de conocidos en la cual escoger, un excelente relación con la vulgaridad de lo popular, completamente ajena a veces al mundillo intelectual. Y estar dispuesto siempre a romper o a quedarme solo, o a montar algún pollo (ya sabes) de vez en cuando.

En fin, un tema largo. Pero la verdad es que siempre he encontrado en la gente “sencilla”, no proveniente del mundo intelectual ni filosófico, un alivio para este desierto, de una violenta metafísica, que tal vez no deje de crecer. Te lo decía el otro día: mi relación ética y estética con la incultura, incluso con la vulgaridad, también con todo lo inhumano y no social que todavía late en la tierra, me permite respirar.

Además, claro está, de los ocasionales beneficios afectivos, mundanos y a veces, digamos, carnales.

Continuará. Besos,

Ignacio

Madrid, 12 de mayo de 2016

disculpen las molestias

Hola, queridos O. y N.,

Por razones ajenas a la voluntad de la empresa ayer se me pasó enviaros el correo prometido con esas ideas ordenadas en torno a septiembre. Primero, la verdad, los aniversarios son un tostón, pero hay que aprovecharlos. Más aún si se trata de Benjamin, una figura quizás oscurecida por otros personajes mucho más mediocres de la Escuela de Frankfurt… y también, incluso, por M. Heidegger.

Los temas oportunos son muchos, casi todos ellos vinculados con el arte. Lo que sigue son sólo indicios libres, aprovechando la confianza. Ni que decir tiene que cuento con que le quitéis la oscuridad, el veneno y el radicalismo apocalíptico a todo lo que digo, para hacerlo útil de cara al próximo Milestone.

1) Por una parte está la legendaria “trituración del aura”, que Benjamin desarrolla en “La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica” y en “Pequeña historia de la fotografía”. Es cierto que la aversión de nuestra cultura al aura real, a esa inmediata presencia de una lejanía espectral, no ha dejado de crecer. Todos los signos del mundo contemporáneo van en la dirección de restarle aura a la inmediatez terrenal y objetual; por tanto, en la dirección de quitarle valor de verdad al arte y relegarlo a los museos, a la cultura del espectáculo y al metalenguaje especializado que lo esteriliza.

2) El valor cultual ha cedido a manos del valor cultural, espectacular o técnico: los tres unidos en la estrategia del desplazamiento, esa dialéctica de aislamiento (ante la cercanía aurática) y conexión, con la lejanía virtual y desencantada, que constituye nuestra ortodoxia social. Por la izquierda y por la derecha, dicho sea de paso: por eso las ideologías apenas cuentan ante el resto del mundo. De ahí la broma de Baudrillard para defender el aura y su doble, esa “operación poética de la forma” que debe recibir el espectro real: “Todo lo malo que le pase a esta cultura me parece bien” (La comedia del arte).

3) Por otro lado, junto con esto (y dado que ninguna sociedad puede vivir sin un culto) el desplazamiento, siguiendo el Norte, del aura del objeto al aura del sujeto. Nuestra cultura, por eso odiamos a los extranjeros atrasados, es cada vez más antropocéntrica: losocial también es esto. ¿Resultado? El aura huye “como un hurón” (Barthes) del objeto al sujeto. El sujeto-estrella tapa por doquier el brillo espectral de cualquier posible presencia real. Hay mil ejemplos de esto, desde lo cool a lo hortera. Žižek tiene éxito por el espectáculo que genera, con la dosis de simplificaciones requeridas por la velocidad en curso y, dicho sea de paso, con la sutil xenofobia asociada a ella… contra todo lo que sea lento y oscuro, musulmanes incluidos. Hay muy honrosas excepciones (El árbol de la vida, Boyhood o Youth son ejemplos gloriosos en el caso del cine) pero la media aritmética es furiosamente anti-benjaminiana. Aunque esto no deberíamos decirlo así.

4) Otra cuestión benjaminiana: el empobrecimiento de la experiencia, su pérdida o adelgazamiento… consumada hoy en la pasión por las pantallas planas, táctiles y fluidas. Quedan lo que llamamos experiencias, incluidos los deportes de riesgo y las vivencias paranormales, guiadas siempre por gurús, expertos mundiales y super-especialistas (no siempre “low cost”). Tenéis en mi “Para una antropología del dogma verde” algunas divertidas, y probablemente exageradas, variaciones sobre esta particular pérdida de experiencia y su reverso, la hipocondría del retiro.

5) Otro fenómeno divertida lo constituye la proliferación de pantallas vibrantes que nos separan de la sucia tierra, en medio de un ecologismo de diseño compatible con la xenofobia. Por ejemplo, la crisis de la lectura en papel. “La crisis del papel” es la crisis de lapiel, de toda relación epidérmica con el prójimo, aquí, o la cercanía terrenal, un poco más allá. ¿Amamos los árboles? No, odiamos el contacto con la materia real, atrasada, analógica: sin limpiar numéricamente. Es la deforestación de la especie humana, y de lo social, lo que está en primer plano como objetivo, aunque esto lo hagamos en nombre del Amazonas. Nuestra cultura ario-digital padece una profunda aversión a todo la suciedad de lo físico, de una materia prima sin ordenar digitalmente, sin integrar en un programa informático. El declive del esfuerzo físico, excepto para los especialistas, ¿en qué deja el pensamiento?

En fin, estos y otro ámbitos, convenientemente extirpados de mis típicas exageraciones, podrían servirnos de bloques temáticos. Es tal vez Agamben, no sé si también Didi-Hüberman, el reflejo quizá más fiel de la actualidad de Benjamin. Aparte, claro está, de mil manifestaciones artísticas muy actuales. Entre otras, las instalaciones de Bill Viola.

Creo que, en el formato de las conferencias, deberíamos escapar de todo elitismo y volver a un público “masivo”. Lo alternativo tiene más sentido si el marco es anónimo, hasta convencional… Creo que debemos dirigirnos a un público no “radical”, ni especialmente alternativo, ni ideológicamente homogéneo. Lo ideal sería que no nos sintiéramos “en casa”, sin saber muy bien para quién estamos hablando. Esto nos obliga a afinar los conceptos, a cortar las citas eruditas y acercar el pensamiento, y nuestro radicalismo de cartón-piedra, tan cómodo (tal vez el mío), a lo que todavía quede de sentido común.

Al fin y al cabo son cosas muy elementales las que hoy están en peligro de extinción, de la percepción a los afectos. Esta hibridez filosófica, no fácilmente identificable con corriente alguna, nos hará más fácil conectar con las personas potencialmente receptivas a hacer algo distinto, sea A. Q. o esa cátedra con la que contactamos.

Continuará. Debería continuar. Abrazos,

Ignacio

Madrid, 10 de mayo de 2016

sin títulos

Qué tal, compañero. Te vi esta mañana, pero estabas al teléfono… Verás, lo que te preguntaba ayer, para un artículo que estoy haciendo sobre la juventud actual es lo siguiente. Tal vez sean mis paranoias, pero creo que algunas cosas están cambiando a la juventud actual, sobre lo que sería el síndrome clásico de los 14 a los 16 años.

Está la “desintegración” familiar y el número cada vez más alto de padres separados. Está la edad tardía de los padres y el escaso número de hijos (razones por las cuales a veces mimamos a los hijos como si fuéramos abuelos). Creo que la sobreprotección, o los mimos, es la forma más habitual de “maltrato”. Conozco pocos chicos machacados por el autoritarismo de los padres; conozco a unos cuantos anulados por los mimos.

Por encima, están los mimos que sobre ellos ejercen los esclavos tecnológicos, que les sirven a todas horas (no sólo “información”) y obedecen sus órdenes al instante. La pregunta hacia ti es: ¿Has notado en los últimos años una pérdida de relación “analógica” con lo espacial  el cuerpo, o una pérdida de habilidades físicas por culpa de la combinación de esos factores?

Tal como están de abducidos por las pantallas, me parecería un milagro (salvo los que hacen deporte duro) que no sea así. Si no quieres escribirme, cualquiera de estas mañanas, viernes incluido, me valdría con que me lo cuentes de viva voz. Estos toda la mañana de mañana miércoles, con la primera hora, el recreo y la cuarta libres; el jueves desde las 10’5 (con guardia en el Anexo a esa hora, normalmente libre) y el viernes toda la mañana, con la tercera, el recreo y la sexta libres.

Un abrazo y gracias de antemano,

Madrid, 10 de mayo de 2016