mañana en Cuba

El hombre no está hecho para la derrota; un hombre puede ser destruido, pero no derrotado. E. Hemingway

 

No es la decadencia lo que deja este poso agridulce de la vuelta. Ni tampoco los mil edificios destartalados de la otrora espléndida La Habana, de la que se dice que tenía más cines que París. Es más bien una penuria infiltrada en los huesos de una población castigada por los poderes del mundo. Humanidad, por cierto, extrañamente feliz, aunque de un modo muy distinto al nuestro. Hasta los balones con los que juegan los chicos en las calles -el béisbol ha retrocedido ante el fútbol- están desvencijados y hechos jirones. Además de cierto agotamiento, arrastras una resaca melancólica al volver de Cuba porque es triste asomarse a un orden social del que apenas, por mucho que leamos e imaginemos, conoces las claves. Este archipiélago antillano, bañado por un sol cegador, permanece escondido para el visitante. Bajo las sonrisas y el encanto frecuente, laten ciudades y cuerpos sumergidos. Y este secreto es a la vuelta amargo porque habla español y platica a la puerta de casas iluminadas, sin la disculpa del hielo del Este o del alfabeto cirílico.

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Ángeles armados

Querido M., aquí va el correo prometido. Sobre nosotros los sensibles, los “hombres huecos” (Eliot). Los amorosos, decía el poeta mexicano Sabines. Fíjate en este párrafo de Roxe de Sebes, pero tienes entre las páginas 10 y 13 otras muchas frases que van en esta dirección. Que tratan, en otras palabras, de lo que tiene que subir estoicamente la cabeza conforme baja el corazón: “En aquellos años se ensayó cómo seguir siendo idealista, incluso romántico, y al mismo tiempo participar en un universo social donde toda revolución, como hoy es bien claro, se mostraba imposible”.

Ser bueno exige poder ser muy malo, aunque sólo sea para resistir los inevitables decepciones: “Has de ser cruel para ser amable”, en palabras de Shakespeare. ¿Qué hacer cuando uno está rodeado de amigos donde la traición es posible, y no tiene ningún castigo, para que siga un mundo de simulacro y selección permanente?
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O sea

Querida M.,

Por fin, entre el calor del verano madrileño y la empanada gallega de mi vuelta de Cuba, he podido ponerme a escribirte. Estupenda tu carta manuscrita, querida, tu pulso nervioso, tus pocas tachaduras, esa fantasía de personalidad y esas vivencias, revividas al leerlas y después devueltas a mí. Cierto, no me consideraba acreedor tuyo. Aparte de algunos méritos de mis textos, sobre todo ese libro “alpino”, achaco tu generosa carta a esas ganas de hablar tuyas, que no se te han ido con los años. Tú, introvertida y habladora, reflexiva y expresiva, heredera de una antigua niña tímida.

Me alegra en particular que te haya gustado mi libro, aunque no tanto los haikus y las cartas, tal vez lo más testimonial de él. En todo caso, como no podía ser menos, todo Roxe de Sebes está recorrido por la pulsión de desactivar la razón e impulsar el pensamiento; ese imperativo muscular del pensar en acto, sobre la marcha. El pensamiento como acto y expresión de la existencia, conforme ésta se vive y la fuerza de lo sentido nos impulsa a darle forma.
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