a ver

Querido E.

 

Acabas de decirme en el contestador que no hay prisa, por lo tanto (dada mi fe en ti) yo ahora no tengo ninguna. Pero la imagen, Rápido de Arca, ya no se puede cambiar. Me costó Dios y ayuda que D. y su amigo cambiasen otra imagen anterior, más blanda. Ni de coña le digo yo ahora que cambien este cartel que te enviamos ya hace días. Y menos aún con nuestras putas efigies. Estoy harto de mi jeta y ella, espero, de la suya.

 

Además, el tema es impersonal, mundial. Y la imagen no es blanda, o no del todo. Transmite un momento heroico de los 60′, que creo que no hemos superado. Y no sólo hay una chica con una flor. Hay también varones con fusiles. Yo estoy con ambas partes y tengo buena relación con los fusiles, ya verás. Me encargaré de que la charla no sea precisamente (o únicamente) pacifista. Ni demasiado espiritual, descuida.

 

Pero la cosa es lo que es, tal como te envié en aquel correo de hace días. Para bien o para mal, esa tarde no me acompaña ni A. S. ni S. C. Ni siquiera sé muy bien quién me acompaña: el miércoles lo sabré porque mi ex-alumno y yo cenamos con ella. ¿Quieres venir?

 

B. debe ser una mujer bastante especial, y hasta importante (creo que más que yo). Pero yo hace años que no hago la cama a nadie. Así que, siendo muy educado, no me voy a cortar un pelo. Creo que debemos estar nosotros dos solos en la mesa: su compromiso es conmigo y ya es suficientemente compleja esta “pareja”. Yo empezaré a hablar (diez minutos iniciales cada uno) y te juro que no seré ni muy blandito ni muy facilito.

 

Creo que debo evitar dos peligros… que el miércoles (al conocerla) matizaré. Uno: estoy obligado a hablar claro y a tender puentes, a ser educado y dialogante, sin tensar demasiado la cuerda ni dejarla en ningún caso en ridículo (suponiendo que yo quisiera y pudiera). No podemos invitar a nadie, sea quien sea, diga lo que diga, a una encerrona. Dos: no dejar tampoco que aquello se convierta en la plataforma de publicidad de otra empresa, en una sesión para ganar adeptos. De esto, si surgiera, también me encargo yo.

 

Y además, enseguida (después de 20 o 30 minutos) intervendrá libremente el público. Lo que sí debe ocurrir (y esto no es malo) es que, aparte de alguna gente habitual del local o tus propios amigos, yo y D. nos encargamos que pise aquel sitio bastante gente que nunca ha estado. Es posible que el lugar, así debía ser, se llene. ¿Cuánta gente cabe sentada, por cierto?

 

No está mal, pensándolo bien, que la imagen sea un poco naïf. Enseguida, y cuento con tu ayuda, le recordaremos a los asistentes que el silencio también es violento y que la violencia puede tener cien caras, algunas de ellas clandestinas.

 

Vengas o no vengas el miércoles (no sé si insistirte), sí tendremos que vernos tú y yo allí. Me gustaría ver el espacio y algunos detalles.

 

Abrazos,

Ignacio

 

Madrid, 7 de marzo de 2015