Terror y temblor

Querida P.,

Lo de la Velvet es una historia. Nico es otra. Busca con calma, compra si puedes Chelsea girls. Dudo mucho que no te subyugue. No solo es oscuro, que lo es. A veces es claro y sencillo como una mañana cualquiera. Si ella jamás será una figura masiva de culto es por esa claridad que asusta a los hombres, que se conforman con la duermevela y las medias tintas. Compra Chelsea girls y dale algún tiempo. Si no te gusta (je) te devuelvo el importe y me lo quedo yo. Creo que es un disco para siempre.

Me suena bien lo que dices del “temblor esencial”, que además es una frase muy bonita. Yo tengo ese temblor todos los días (recuerda mis clases). Creo que lo curo entrando más a fondo en él. Curar el temblor dándole su propio humor, su forma y palabras, su música… Es una idea que le gustaría a Nico. Toda su música, triste o alegre, venía de un temblor esencial del que no se quería curar.

A ver si hay suerte en la EVAU. Si queréis, nos podemos ver antes de fin de mes. Yo estaré por aquí hasta el 30 de junio o 1 de julio. No más.

Pronto te diré de libros, además del mío. Gracias por ser así. Besos,

Ignacio

Madrid, 13 de junio de 2017

Nico

Hola, S.,

Me encanta la comunicación total que nos invade. Es la imagen perfecta de Babel: todos “comunicamos”, a la vez. Mi correo “Sam” es del 27 de mayo, pero no habrás podido leerlo. Ya me extrañaba a mí no recibir respuesta. Ahí lo tienes, más abajo.

En cuanto a Nico, con todos mis respetos, deja en pañales a Björk (no conozco a Funeral suits). Escucha con calma Chelsea girls, disco compuesto en buena medida por John Cale (de la Velvet) para ella. Es un álbum ambiental y atmosférico, pero a la vez cargado de una poética llena de heridas y aristas. Björk es estupenda, la conozco desde Sugar Cubes, pero creo que pertenece a una generación que ni de lejos es capaz de jugar con esa lírica mortal que está en casi todos los discos de Nico.

Efectivamente, estuve en la Feria firmando Ética del desorden. Te lo recomiendo encarecidamente. Es intrincado, pero te señalaría puertas de entrada al laberinto. Seguro que tú apareces en esas páginas más de cien veces, casi literalmente, con el nombre que quieras. El otro, Mil días en la montaña , se agotó desgraciadamente en la Feria del libro, pues quedaban muy pocos ejemplares.

Hablamos cuando quieras. Besos,

Ignacio

Antes de julio

Hola, A. Me alegró mucho tu correo y te agradezco de verdad los elogios, no sé si tan merecidos. Hice lo que pude, eso sí, por daros toda la “caña” posible… de paso que también me la daba a mí mismo. Pero sabes que hoy esa no es una tarea fácil. Tantos jóvenes, tan distintos; tanta apatía por allí, tanta doblez, engreimiento o timidez por allá… En fin, una mezcla difícil de cocinar. Me alegra que en alguien haya quedado algo.

Al final, la verdad, después de tantos cabreos guardo buen recuerdo del conjunto de tu curso, bastante inteligente para el nivel que anda por ahí. Y guardo muy buen recuerdo de ti, de tu atención, tu forma de captar al vuelo mis ironías y tus observaciones penetrantes. Llegué a citarte, a hablar de la atención inteligente de tu cara, con tu propio nombre, en una entrevista que anda por ahí… Pero al final me arrepentí y quité lo de “A.”, dejando solo la mención de una figura femenina atenta al fondo del aula.

Te agradezco de verdad lo que me has ayudado a pensar y a dar clase durante este año. No te recuerdo en lo de la Feria y el libro (creo que solo vino M.), pero si lo consigues o ya lo tienes no dejes que te impresione. Te señalaré grietas por donde tú, cabeza y corazón, puedes entrar muy bien… Dejando otras cosas para más adelante. En unos días prometo además enviarte algunas lecturas y películas para este verano.

Lástima de ese “retrato”, sí, pero no descartes que te lo haga un día de estos. A distancia, sin verte (lo que a lo mejor le resta alguna viveza), pero lo haré. Tal vez incluso, precisamente a ti, te lo deba.

Un saludo, gracias de nuevo y hasta pronto,

Ignacio

Madrid, 12 de junio de 2018

¿Qué significa sentir?

Sois encantadores, de verdad. También en vuestra forma de responder con tres meses de retraso. Sobre todo, en vuestra modestia. La hago mía.

Creo que vivo en una ZAD espontánea e interminable, aproximadamente, desde antes de afeitarme solito. Desde ella, como muestra de agradecimiento, querría enviaros un libro que os puede interesar. Habla de naturaleza, soledad común y algunas cosas más. Es algo así como la madre natural de Ética del desorden y se llama Roxe de sebes. Mil días en la montaña. Me parece que os gustará.

¿Tendríais la amabilidad de facilitarme una dirección postal, compatible con vuestro anonimato, para haceros llegar ese libro? Y si no, esperamos a ese prometido encuentro en Madrid (si os he entendido bien) de finales de junio.

Que no va a ser tan fácil. Tened en cuenta que el 30 de este mes o el 1 de julio salgo irremediablemente hacia una desconocida Galicia. Una esquina terrenal conservadora en lo civil, pero incansablemente subversiva en su inmanencia.

Estáis, por cierto, también invitados a esa zad de comunismo familiar. Aunque supongo que vuestra natural timidez os hará dudosa la invitación.

Un abrazo y hasta pronto,

Ignacio

Madrid, 12 de junio de 2018

Nuestras temporadas en el infierno

La gratitud es mía. En efecto, querida J., el hecho de que una sola persona recoja el guante de lo arrojado por otro, en este inmenso mar de la cháchara y la incomunicación total, basta para que el mundo recobre el sentido. Un sentido preciso y humano, ligado a la experiencia y el dolor de cada cual.

Me ha hecho mucha ilusión el impacto quirúrgico de mis pobres palabras en usted. Y ha tenido mucha gracia también la forma abierta y desenfadada en que lo expresa. A uno no le ocurre esto todos los días.

No se preocupe en absoluto por la incultura o la ignorancia, pues son tal vez una de las mejores formas de mantener la mente en blanco y los sentidos despiertos a la sorpresa de lo que llega.

Le avisaré, lo prometo, de mis próximas visitas a Barcelona. Mientras tanto, un saludo muy cordial y gracias por ese espontáneo calor al escribir.

Hasta pronto,

Ignacio Castro

Madrid, 29 de mayo de 2018