himnos escondidos

(Este texto y el CD que le acompaña nació inicialmente para sumarse a un polémico y divertido encuentro de verano organizado en Costa da morte por Javier Turnes. Se debe a Laurent Dif el montaje de dicho CD con los dieciséis primeros temas y a Félix Román el montaje del resto, que sugieren escuchar de otro modo lo que dice nuestro presente*). Para conseguir los CDs pulse aquí:

Los temas en el CD1 son: 1. The Rapture, “Coming of spring” (2006) / 2. Beatles, “Tomorrow never knows” (1966) / 3. Rem, “Daysleeper” (2004) / 4. Soft Machine, “Virtually, 2” (1973) / 5. Nick Cave, “Idiot prayer” (1999) / 6. Talking Heads, “Papers” (1981) / 7. Tricky, “Record company” (2003) / 8. Nico, “You forget to answer” (1971) / 9. Supersession, “His holly modal magesty” (1969) / 10. Robert Wyatt, “Shipbuilding” (1983) / 11. Echo and the Bunnymen, “Heads will roll” (1984) / 12. Eyeless in Gaza, “Taking steps” (1983) / 13. Talking Heads, “With our love” (1981) / 14. Eyeless in Gaza, “Pencil sketch” (1983) / 15. Robert Wyatt, “At last I’m free” (1982) / 16. Talking Heads, “Cities” (1981)
TemasHimnosEscondidos.zip(#1)

Los temas en el CD2 son: 1. Canned heat, “London blues” (1970) / 2. Love, “You set the scene” (1967) / 3. The passage, “Love is as” (1981) / 4. Devo, “Ton u luv” (1980) / 5. Scritti politti, “The sweetest girl” (1981) / 6. Cocteau twins, “In the gold dust rush” (1983) / 7. David Crosby, “Almost cut my hair” (1969) / 8. Nick Cave, “Electric Alice” (2007) / 9. The passage, “Ourselves” (1981) / 10. Canned heat, “So sad” (1970) / 11. Cocteau twins, “My love paramount” (1983) / 12. Devo, “Planet earth” (1980) / 13. Rage against the machine, “Mic check” (1999) / 14. Nick Cave, “Grinderman” (2007) / 15. Love, “Old man” (1967) / 16. Psychedelic furs, “Heartbeat” (1984).
TemasHimnosEscondidos.zip (#2)

Los temas en el CD3 son: 1. Nick Cave, “Albert goes west” (2008) / 2. The dream syndicate, “Then she remembers” (1985) / 3. Kings of Leon, “Red morning light” (2003) / 4. The Unite States of America, “Cloud song” (1967) / 5. Eyeless in Gaza, “Bright play of eyes” (1983) / 6. Eyeless in Gaza, “Stealing autumn” (1983) / 7. Psychedelic furs, “The ghost in you” (1984) / 8. Kate Bush, “All we ever look for” (1980) / 9. Nick Cave, “We call upon the author” (2008) / 10. Kings of Leon, “Molly’s chambers” (2003) / 11. The dream syndicate, “Definitely clean” (1985) / 12. The United States of America, “Coming down” (1967) / 13. Kate Bush, “Egypt” (1980) / 14. Devo, “Snowball” (1980) / 15. Cocteau twins, “Musette and drums” (1983) / 16. Rage against the machine, “Maria” (1999).
TemasHimnosEscondidos.zip (#3)

Los temas en el CD4 son: 1. Steamhammer, “Passing through” (1969) / 2. C. C. Revival “Fortunate son” (1970) / 3. Shek Shek Shek, “Heart of hearts” (2006) / 4. Devo, Whip it” (1980) / 5. Rem, “Houston” (2008) / 6. Rage against the machine, “Voice of the voiceless” (1999) / 7. Jackie O mother fuckers, “”Hey, Mr. Sky!” (2006) / 8. Futureheads, “Cope” (2007) / 9. Love, “Alone again or” (1967) / 10. C. C. Revival, “Born on the bayou” (1971) / 11. Rage against the machine, “New millennium homes” (1999) / 12. Futureheads, “Fall out” (2007) / 13. Cocteau twins, “Five ten fifty fold” (1983).
TemasHimnosEscondidos.zip (#4)

Los temas en el CD5 son: 1. Atlas Sound, “Quick canal” (2009) / 2. Fluker Love, “Soaked” (2009) / 3. Animal Collective, “Brother sport” (2009) / 4. Beirut, “La llorona” (2009) / 5. Sufjan Stevens, “A short reprise for Mary Todd” (2005) / 6. Sufjan Stevens, “Chicago” (2005) / 7. Spiritualized, “If I were with her now” (1992) / 8. The Gothic Archies, “Abandoned castle” (1997) / 9. Yo La Tengo, “Here to fall” (2009) / 10. Dengue Fever, “Seeing hands”(2009) / 11. The Flaming Lips, “The sparrow looks” (2009) / 12. Crystal Stilts, “Departure” (2009) / 13. Wooden Shjips, “For so long” (2009) / 14. Messer Chups, “Sentimental bass” (2009) / 15. Crystal Castles, “Xxzxcuzx” (2009) / 16. Animal Collective, “In the flowers” (2009).
TemasHimnosEscondidos.zip (#5)

Los temas en el CD6 son: 1. The Rolling Stones, “Going home” (1966) / 2. Specials, “Too mucho to young” (1979) / 3. The Doors, “Light my fire” (1971) / 4. Nico, “Winter song” (1971) / 5. Eyeless in Gaza, “Through eastfields” (1978) / 6. Howlin’ Wolf, “What a woman!” (1970) / 7. Nico, “It was a pleasure then” (1971) / 8. Elvis Costello, “Chemistry class” (1979) / 9. Jane’s Addiction, “I would for you” (1987) / 10. Q and not U, “Different damage” (2002) / 11. Nico, “Wrap your troubles in dreams” (1971) / 12. Howlin’ Wolf, “Poor boy” (1970).
TemasHimnosEscondidos.zip (#

 

I

Vivimos como soñamos, solos. Vivimos como soñamos, sin saber mucho de nosotros. Ahí está el nervio central de este erotismo un poco desgarrado que os envío. Esta primera entrega es parte de un tríptico que “propondría” -siempre nuestra libertad condicional- reescribir la historia de la música desde los ojos vidriosos de algunos seres mutantes. ¿Romanticismo? Puede ser, pero en este caso un romanticismo rabioso, cargado de un ánimo auténticamente “terrorista”. Sabemos poco de la música, igual que de nosotros mismos. Por eso se puede asegurar que este mismo experimento se podría, se debería hacer también con la música clásica y contemporánea. Escuchar a Beethoven desdeStockhausen, a Wagner con Ligeti, Scelsi o Cage. Sí, es evidente que esta idea pone el listón un poco alto, pero el aburrimiento y el colesterol ya lo tenemos garantizado, ¿no es eso?

Además, sólo por las difíciles “caras B” se puede entender y soportar -o abandonar- a la “mayoría A”. Por ejemplo, soportar el álbum llamado España gracias a los tonos minoritarios, a algunas esquinas. Y lo mismo vale para USA, U.K. y Francia. Los que hace veinte años que “odiamos” -no, no odiamos nada, sólo nos deprimen- a los Rolling, y casi tanto a David Byrne y a U2, entendemos que lo minoritario es crucial para entender el alma “popular” de lo mayoritario, su mutación interna, la posibilidad que late bajo su idiota satisfacción. Y esto tanto para transformar lo mayoritario como para dejarlo, abandonado a su suerte.

¿Qué hay entonces en esta música? Por un lado, un perla más de nuestra tristeza: la certeza de que siempre, incluso fundando comunidad, estaremos solos; el mundo jamás sabrá lo que amamos, nunca será como deseamos. Por otro, una onda de alegría pueril: siempre seremos imprevisibles, en cierto modo invulnerables. ¿Por qué? Debido a que extraemos nuestra fuerza de la más inconfesable fragilidad, invertida. Respiramos en el agujero negro de la “verdad”, por eso nos podemos pasear por los bordes del mundo. ¿No es para estar eufóricos? En cualquier caso, se ha dicho a veces, la infancia no es una etapa cronológica más, sino el punto de fuga de todas las edades, una vacilación infinitamente adolescente que facilita el heroísmo de la decisión. Qué se le va a hacer, a pesar de nuestra fama de pesimistas, todavía creemos en los héroes. Pesimismo histórico y optimismo vital nos dan la mano.

¿Nick Cave y Hugh Hopper? Estos músicos no se sentarían en la misma mesa de mezclas. Entre el primer tema, Coming of spring de The Rapture y el siguiente, ese Tomorrow never knows del genio de Lennon, ya hay abismos -indiferentes a que ambos “himnos” estén separados por cuarenta años. ¿Qué tienen ellos en común, aunque no sepan nada al respecto? Precisamente el hecho de que, por no saber, lo hacen. Muy distintos, ellos tienen “lo que hay que tener” para darle forma a lo informe, a una deformación que nos ha formado. En suma, para darle forma a lo no elegido. Toda esta música celebra un accidente que nos ha cambiado. Criada en el dolor, se ha negado a ser marginal. Sea cual sea su futuro, los temas “escogidos” tienen en sí todos los sueños del mundo.

Empujándonos al borde lo audible, esta música desgarrada ha nacido de un único momento, de un solo golpe de peligro. Es portadora de la entereza y la intensidad de aquello que “no podría no haber sido hecho” (Rilke) porque ha nacido para darle forma comunicable a lo que irrumpió desestabilizándonos, arrancándonos de la degradación o de nuestra tendencia a la “felicidad”. Esta música funde el pensamiento con el acontecimiento, la necesidad con la contingencia; por eso vibra, nos afecta. De ahí también que por todos los temas crucen espectros, turbulencias sonoras. De otro modo no serían parte de esa experiencia real que escapa a nuestra estúpida realidad subtitulada. Lejos de toda causa, abanderan solamente la exterioridad cualquiera. Con una letra u otra, estos himnos solamente cantan la violencia de vivir. Celebran el drama que nuestra vigilancia policial no ha conseguido deconstruir. Si la sociedad ha conseguido orillar esa experiencia, sepultar esa intensidad en una maraña de clichés -por eso uno se toma tales molestias-, de esto no podemos quejarnos, pues es en la clandestinidad, en una sombra sin remedio, donde se produce el rejuvenecimiento del deseo.

La verdad es como el Guadiana: ama esconderse. Confiad en la potencia del secreto, en esta dulzura infernal, luciferina. ¿Épica llorosa, lírica intrincada, alegría pueril? Sí, toda la patología que queráis, pero lo que tiene en común esta breve colección es que puede hacer daño. Guarda un veneno potencial. En otras palabras, si es pacifista lo es después de estar armada.

Inicialmente, esta fue una entrega de verano. Ah, ¡qué haríamos sin esta deliciosa disolución estival de las instituciones, del orden policial de la Democracia! Más tarde, se trató de volver a probar esa medicina que cura con dosis milimetradas de veneno. Darle forma a lo no elegido, convertir el Accidente en Monumento: esto une a una música tan diversa. ¿Qué tiene que ver con nuestros libros peligrosos este rosario de canciones? La certeza negativa de que “Usted no está aquí”, diga lo que diga la cobertura social de turno. ¿Qué no tienen en común? La fe en la existencia, un credo que a estos angloamericanos -ya volveremos sobre los latinos[1]- les ahorra la necesidad de otra Historia. Para ellos la historia es la pesadilla de la que siempre debemos despertar. Robert Wyatt puede ser “comunista”, pero lo que importa en él es la mutación que introduce en lo que toca, lo vidente que es en cualquier caso. ¿Hay algo más afrodisíaco que la inocencia?

No encontraréis en Himnos escondidos nada de “músicas del mundo”, sonidos étnicos y demás. Se propone más bien escuchar la fuga de aquí, la mutación que se produce entre nosotros, nuestro modo de no ser insoportablemente occidentales. No se diga que “faltan cosas” porque sería para morirse de risa -sería más grave que sobrase alguna. Esto es un tratado sobre lo que falta, irremediablemente. Never more: tenemos que habituarnos a entender el nunca como eje de nuestra eternidad.

¿Cantar lo que se ha perdido, nostalgia de otro tiempo mejor? No, no exactamente. Más bien, nostalgia de lo indefinido en este presente, hartazgo de esta definición continua. Estos temas intentan llevar la indefinición de vivir a la forma, una forma necesariamente forzada. En tal sentido, acogen en su estructura una exterioridad insalvable: son profundamente “analógicos” de una borrosa escena primitiva que siempre vuelve. Ellos cantan porque su propiedad consiste únicamente en usar la pérdida, navegarla. Interpretan, “tocan” la magia del desapego, como dice un amigo.

Si nuestra patología lo permitiera, la música sería nuestra primera “especialidad”. Sólo después de lo oído vino el tener que pensar: ¿no es eso? Tal vez por esta razón se pueda decir que, secundariamente, estas entregas son una “demostración de la existencia de Dios”. Quiero decir, encarnan el intento jovial de confirmar una sospecha, un temor: nunca sabremos quiénes somos, lo que somos. En otras palabras, el mundo jamás será de la mundialización. ¿Qué es Dios para estos músicos? La sonrisa del diablo, la floración del mal. El cielo, aquí, únicamente es el infierno comprendido, querido. Igual que el vuelo de las aves es sólo un juego con la gravedad, con la inevitabilidad de la caída.

Escuchar juntos a Tricky y Nico. Esta tentativa también se podría llamar “Himnos escandidos“. Se entregan sin orden, ni cronológico ni ningún otro. No creemos en la cronología:Actual es lo que nos violenta, sin más. Así pues, que el “orden” lo ponga la línea de sombra de ese envés del mundo, esa necesidad extrema de la contingencia. ¿Recordáis el final deAmerican beauty? Dice Lester Burham poco antes de morir: “¿No saben ustedes de qué estoy hablando? No se preocupen, les aseguro que pronto lo sabrán”. Feliz otoño, de verdad: lo necesitamos.

Madrid, 25 de septiembre de 2009. 

II

Asombra comprobar cómo en medio de la vulgaridad reinante, incluso con una coacción publicitaria todavía más aplastante que en otras décadas, algunos creadores se empeñan en mostrar que existen grietas y hierba, incluso vida inteligente en la tierra. Aunque a veces parezca poco más que una débil queja, unos pocos músicos despliegan en solitario una estrategia descarada que no se resigna al cómodo estatuto de minoría alternativa. Pesimistas en lo histórico, optimistas en lo vital, estas cabezas parlantes practican un peligrosoentrismo en la molicie angloamericana para mostrar que “también allí hay dioses”. A través de ellos, como un genial efecto secundario del poder, se produce en el seno de la cultura que quiso clonar el mundo y convertirlo en imagen, una mutación difícil en otras provincias menos implicadas con la violencia de la globalización. De igual manera que Poe o Chéjov, “So sad”, “Alone again or”, Cloud song” o “Love is as”, por decir algunos títulos, representan algo así como una Némesis anímica en el seno de la geometría imperial, la música de una experiencia en el borde que nunca conseguiremos dejar atrás. En este sentido, si ellos después han enloquecido, lo han hecho por todos nosotros; si han muerto, lo ha hecho por todos nosotros, supervivientes en este campo de pruebas de la normalización.

Entre el imperativo feroz de la transparencia diaria y la oferta finisemanal del romanticismo suplementario, esta música toma el camino del medio, el de un sueño que agrieta el día en mitad de la mañana. Abre espacios de respiro en medio de esta opresión comunicacional de la que es tan difícil librarse. Igual que el graffiti interrumpe las planicies urbanas, elevando la irregularidad a emblema. Ya sabéis: “Si la tristeza es una enfermedad, la humanidad es una enfermedad”. De ahí esta indiferencia irónica de Cave y otros con respecto a las nociones sociales de “éxito” y “fracaso”. De ahí el coqueteo con el fracaso, con el peligro de la desaparición, con el imperativo ético y estético de nunca ser “feliz”. Para los jóvenes de The Passage o de Futureheads, la depresión es a Inglaterra lo que el hambre es a Somalia, un dolor a través del que recuperar la inteligencia que puede con la infamia. Esta música nos hace iguales a los parias de afuera, hermanos en el desamparo. Por eso nunca dejará de ser estadísticamente “minoritaria”, pues no queremos sabe nada de ese comunismo existencial, nada que no sea nivel de vida y compartimentos estancos.

Cae la tarde en el ventanal del apartamento que nos aparta. Cielo sin pájaros. Silencio aquí y rumor de tráfico al fondo, en algún lado. Es en la desolación protestante de estedesarrollo marciano donde cierta música crece, como una planta que se alimentara de la falta de oxígeno. Música anglo escuchada por una sensibilidad francesa o española, deletreada en el tartamudeo de un idioma menor. Las letras son otra historia; es de temer que, con frecuencia, un poco banal. De cualquier modo, como difícilmente se entienden, los de provincias hacemos de las letras parte de la música. Sobre la base rítmica, el inglés es solamente el instrumento intraducible que está en primer plano. Si la violencia sonora funciona, dulce o amarga, pero interrumpiendo el fascismo de la circulación, las letras son casi indiferentes y pueden reducirse al “sha-na-na” de una historia pueril.

Nos costará renunciar a “Through eastfields”, a “Living in the edge of the night”, a Light my fire”, a “Too much to younger”. Y esto no únicamente porque estos temas formen parte de nuestra biografía, no menos dudosa que cualquier otra. Sino porque mantienen esa buena relación con la violencia que aprendimos bajo la vida norteña que nos ha tocado. Somos “pacifistas” después, sólo después de estar armados con esta potencia eléctrica. El lirismo de la música que nos afecta sólo estadísticamente es clandestino, pues expresa mejor la condición humana, su mayoría secreta, que todas las proclamas estériles sobre los derechos del hombre. Escuchamos en esta música una mutación respirable de la misma violencia de vivir de la cual el orden social ha dado esta versión brutal, que nos subleva.

Nos complace en esta música experimentar a lo grande envuelto por lo pequeño, siendo juguete de lo que por fuerza ha de ser discontinuo, “minoritario” para los oídos de una mayoría que lo es porque nunca se sabrá a sí misma. Si el sentido del humor es lo que permite que la distancia entre el deseo y la realidad no nos convierta en amargados, o en fanáticos, estos temas le dan forma a ese sentido del humor, aunque tenga que ser un humor más bien negro. En este mundo espantosamente regulado, el sentido común comienza a ser lo más subversivo: echarse por un momento a un lado, aguantar en la invisibilidad y escuchar desde ahí cómo sonamos. Interrumpir el gran hermano de la conexión y vivir desde ahí la banda sonora de un desvanecimiento, un borde de experiencia sin el que no se sabe nada. El problema es que tal experiencia se consigue solamente al precio de dejarse caer, fuera de la famosa cobertura. Al margen de este muro audiovisual que nos impide vivir, la música se hace fuera de la Música, pulsando las cuerdas de un día que de pronto se abre, desnudo. Igual que el pensar ocurre fuera de lo que se llama Filosofía. Las instituciones sólo hacen ruido para entretenernos, para salvarnos del tiempo, aunque a veces ese ruido sirva como fondo de nuestras copas o para mover los pies.

Queda después la cuestión de la talla conceptual de esta música “popular” que no escucha nadie, de su comparación con la música culta, clásica o contemporánea. En este punto tenemos que volver a repetirnos. Eyeless in Gaza, Love o Wyatt son más fieles a Beethoven, a Ligeti o a Glenn Gould, aunque no supieran nada de ellos, que buena parte de las interpretaciones impecables que escuchamos en nuestras salas cultas, repletas de virtuosos del instrumento y en las que no puede ocurrir nada. Porque no se trata tanto de repetir lo que Bach o Mozart compusieron como de intentar seguirlos en lo que hicieron al quebrar el sonido presente, ayudándonos a despertar, siquiera por un momento, de esta pesadilla que llamamos Historia. En tal sentido, esta modesta entrega sonora puede ser el umbral de  una música clásica del mañana. Las guitarras eléctricas y sus voces tienen la ventaja, frente a una música culta a la que estamos muy atentos, de salir de la calle y su suciedad industrial, arrancando notas de la barbarie media que apuntalamos día a día, tanto desde los Conservatorios como desde las Facultades.

1. Seguimos a Deleuze en su idea de la “superioridad” de la literatura angloamericana, en virtud de la relación que mantiene con la exterioridad. España difícilmente podrá hacer una música comparable a la de Inglaterra porque sencillamente persiste, con o sin catolicismo, con o sin franquismo, en la protección materno-paternal-estatal que hace a la vida continuamente comunitaria. En versión religiosa o atea, siempre están ahí la familia, los amigos, la pandilla, la “cultura”, el barrio encantador. Y hay que tener en cuenta que hasta un fenómeno “sencillo” como The Beatles nace de la dureza de una vida social implacable, de un desamparo, una soledad protestante que en el mundo latino apenas conocemos.