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IGNACIO CASTRO REY | Unser Kampf | ![]() |
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Con ciertas dudas sobre el sentido de insistir en lo que parece un callejón sin salida, comenzamos con estas estampas de la limpieza étnica necesaria para mantener la reserva espiritual de Occidente, esa “lucha” que los Elegidos han de mantener contra la escoria humana que les rodea, los terroristas que alguien llama, incomprensiblemente, “los judíos de los judíos”. Se muestran aquí tal como circulan en la Red, con la ambivalencia informativa de sus letreros en inglés. Algunos pensarán que se trata de una manipulación demagógica, peligrosa y de dudoso gusto. Ojalá sea así, pues este error sería la variante más optimista. Lo peor es que nos podemos temer que la radiante era Obama que ahora comienza no quite un gramo de actualidad política y de verismo a estas tristes imágenes, así como a otras igual de espantosas que vendrán a reemplazarlas. …PLEASE FORWARD… BUILDING WALLS & FENCES TO KEEP PEOPLE IN PRISONS
CHECK POINTS NOT TO ALLOW PEOPLE BASIC FREEDOM OF MOVEMENT
ARRESTS & HARASSMENTS
DESTROYING HOMES & LIVELIHOODS
GIFTS (WITH LOVE) FROM THE CHILDREN OF PEACE-LOVING & CIVILIZED COUNTRIES
THE CLASSIC PROPAGANDA MACHINE - YOU WILL FIND THE PICTURE IN BLACK & WHITE IN ALL AMERICAN AND SOME OTHER WESTERN COUNTRIES HISTORY BOOKS, ENCYCLOPAEDIAS, LIBRARIES, MUSEUMS… THAT DEPICTS A YOUNG JEWISH BOY WITH HIS HANDS UP WHILE NAZI TROOPS POINT THEIR GUNS AT HIM AND HIS FAMILY IN ORDER TO EXPEL THEM FROM THEIR HOMES… (IT’S SUPPOSED TO MAKE YOU SYMPATHIZE WITH THE VICTIMS & TO SUPPORT THEIR CAUSE FOR JUSTICE & A HOMELAND) THE ISRAELIS PRACTICE THE SAME TACTICS
…PLEASE FORWARD… John Berger. Ojarasca (La Jornada) Unos días después de nuestro retorno de lo que hasta hace poco suponíamos que sería el futuro Estado de Palestina, y que ahora es la prisión más grande del mundo (Gaza), la sala de espera más grande del mundo (Cisjordania), tuve un sueño. Estaba solo, de pie, desnudo de la cintura para arriba, en un desierto de cuarzo arenisco. En algún momento, la mano de alguien más recogía del suelo un poco de esa arena y me la lanzaba al pecho. Su acción era más bien algo considerado y no un acto agresivo. Antes de tocarme, la tierra o grava se transformaba en jirones de tela, tal vez algodón, que se envolvían solos alrededor de mi torso. Estos trapos rasgados cambiaban otra vez y se volvían palabras, frases. No eran escritas por mí sino por el lugar. Al remembrar este sueño, me vino a la mente el término inventado tierra arrasada. Y se repetía. Tierra arrasada describe un lugar o los lugares donde todo, lo material y lo inmaterial, ha sido barrido, robado, desmantelado, desmenuzado, lavado, todo excepto la tierra palpable. * Hay una colina bajita en las afueras de Ramallah, llamada Al Rabweh, al occidente, al final de la calle Tokio. Cerca de la cima de la colina está enterrado el poeta Mahmoud Darwish. No es un cementerio. La calle se llama Tokio porque conduce al Centro Cultural de la ciudad, que está al pie de la colina, y que fue construido gracias a un apoyo japonés. Fue en este Centro donde Darwish leyó algunos de sus poemas por última vez —aunque entonces nadie suponía que sería la última. Qué significa la palabra última en momentos de desolación. Fuimos a visitar su tumba. Hay ahí una lápida. La tierra excavada sigue desnuda, y los dolientes han dejado manojos de espigas verdes de trigo —como lo sugiere uno de sus poemas. Hay también anémonas rojas, pedazos de papel, fotos. Él quiso ser enterrado en Galilea donde nació y donde su madre vive aún, pero los israelíes lo prohibieron. En el funeral, decenas de miles de personas se reunieron aquí, en Al Rabweh. Su madre, de 96 años, se dirigió a ellas. “Él es hijo de todos ustedes”, exclamó. En qué ámbito exactamente es que hablamos cuando hablamos de los amados que acaban de morir o ser asesinados. En un momento así de presente, nuestras palabras nos parecen resonar de un modo mucho más cercano que lo que normalmente vivimos. Son comparables con los momentos en que hacemos el amor, o cuando enfrentamos un peligro inminente, o al tomar una decisión irrevocable, o cuando bailamos un tango. No es en el ámbito de lo eterno donde nuestras palabras de duelo resuenan, pero tal vez resuenan en alguna de las pequeñas galerías de tal ámbito. * Una caja de piedra donde los vivos y los muertos se mueven en el barro seco como abejas cautivas en el panal de una colmena y cada vez que el estado de sitio arrecia comienzan una huelga de hambre de flores y buscan el mar para que les indique la salida de emergencia Al invocar su voz, sentí la necesidad de sentarme en la tierra palpable, en el pasto verde. Y así lo hice. Al Rabweh significa en árabe: “la colina cubierta de pasto verde”. Sus palabras han regresado al lugar de donde vinieron. Y no hay Nada más. Una Nada compartida por 5 millones de personas. La siguiente colina, a quinientos metros de distancia, está repleta de tiraderos de desperdicios. Los cuervos vuelan en círculos. Algunos muchachos pepenan objetos en ella. Al sentarme en el pasto en el borde de esta tumba recién cubierta, ocurrió algo inesperado. Para definirlo, tengo que describir otro evento. Esto fue hace unos días. Mi hijo, Yves, iba conduciendo y nos dirigíamos a la localidad de Cluses en los Alpes franceses, un pueblito. Había estado nevando. Las laderas, los campos y los árboles eran blancos y la blancura de las primeras nieves a veces desorienta a los pájaros, y perturba su sentido de la distancia y la orientación. De repente un pájaro se estampó contra el parabrisas. Yves, mirando por el espejo retrovisor lo vio caer a un lado del camino. Frenó y metió marcha atrás. Era un pajarito, un petirrojo, atolondrado pero aun vivo, que parpadeaba. Lo alcé de la nieve, lo sentía tibio en mi mano, muy calientito, porque los pájaros tienen una temperatura más alta que nosotros, y continuamos manejando. De tanto en tanto lo examinaba. En el lapso de media hora murió. Lo levanté para ponerlo en el asiento trasero del coche. Lo que me sorprendió fue su peso. Pesaba menos que cuando lo recogí de la nieve. Lo pasé de una mano a la otra para cotejar esto. Era como si su energía cuando estaba vivo, su lucha por sobrevivir, le hubiera añadido peso. Ahora casi no pesaba. Tras sentarnos en el pasto que cubre la colina de Al Rabweh pasó algo comparable. La muerte de Mahmoud había perdido su peso. Lo que permaneció son sus palabras. * Han pasado los meses, cada uno lleno de presagios y silencio. Ahora fluyen los desastres hacia un delta sin nombre, y que obtendrá alguno únicamente si le otorgan uno los geógrafos que vengan después, mucho después. Hoy no hay nada más que hacer que intentar caminar sobre las amargas aguas de este delta sin nombre. * Gaza, la prisión más grande del mundo, está siendo transformada en un matadero. La palabra Franja (como en la Franja de Gaza) está empapada con sangre, como ocurrió hace 65 años con la palabra ghetto. Día y noche la Fuerza de Defensa Israelí lanza bombas, obuses, armamento radioactivo y de fósforo gbu39, balas de ametralladora por aire, mar y tierra contra una población civil de 1.5 millones de personas. El número de muertos y mutilados incrementa con cada nuevo informe periodístico de los corresponsales internacionales, a los que les está prohibido por Israel entrar a la Franja. Sin embargo, la cifra crucial es que por cada baja israelí hay cien bajas palestinas. Una vida israelí es equiparada a cien vidas palestinas. Las implicaciones de este supuesto son reiteradas constantemente por el portavoz israelí con el fin de hacerlas aceptables y normales. La masacre tendrá muy pronto su secuela de pestilencia: casi ninguna vivienda cuenta con agua ni energía eléctrica, los hospitales carecen de médicos, medicinas y generadores. La masacre viene de un bloqueo y un estado de sitio. Más y más voces por todo el mundo se levantan en protesta. Pero los gobiernos de los ricos con sus medios de comunicación mundiales y su orgullosa posesión de armas nucleares le confirman a Israel que harán la vista gorda ante lo que la Fuerza de Defensa Israelí está perpetrando. * “El llanto de un lugar entra en nuestro sueño”, escribió el poeta kurdo Bejan Matur, “El llanto de un lugar entra en nuestro sueño y ya no se va nunca”. Nada sino la tierra arrasada. * Estoy de regreso en Ramallah (de eso hace cuatro meses) en un estacionamiento subterráneo abandonado que fue tomado y convertido en un espacio de trabajo por un grupo de artistas visuales palestinos, entre los que se halla la escultora Randa Mdah. Miro una instalación concebida y hecha por ella que se titula Teatro de Títeres. Es ésta un bajorrelieve que mide 3 metros por 2, que se yergue derecho como un muro. Frente a éste, en el piso hay esculpidas tres figuras. El bajorrelieve que asoma hombros, rostros, manos, está hecho de una armadura de alambre, poliéster, fibra de vidrio y barro. Sus superficies están coloreadas —verdes oscuros, cafés, rojos. La profundidad de su relieve es casi la misma que una de la puertas de bronce de Ghiberti para el Baptisterio en Florencia, y los escorzos y las perspectivas distorsionadas se han resuelto casi con la misma maestría. [Nunca habría adivinado que la artista era tan joven: tiene 29 años.] El muro con el bajorrelieve es como el “seto” al que cualquier público en un teatro se asemeja, cuando se le mira desde el escenario. En el piso de tal escenario, al frente, están las figuras de tamaño natural: dos mujeres y un hombre. Están hechos de los mismos materiales pero en colores más deslavados. Una de estas figuras está al alcance de la mano del público, otra está a dos metros de distancia y la tercera está tres metros más lejos. Traen puestas ropas del diario, ésas que decidieron ponerse por la mañana. Sus cuerpos están amarrados a cuerdas que cuelgan de tres palos horizontales que a su vez cuelgan del techo. Son marionetas: esos palos son las barras de control que manipulan unos titiriteros, ausentes o invisibles. La multitud de figuras en el bajorrelieve, todas miran lo que tienen frente a sus ojos y les tuerce las manos. Sus manos son como aves de corral. Impotentes. Se retuercen porque no pueden intervenir. Son bajorrelieve, no tienen tercera dimensión y como tal no pueden intervenir en el mundo real sólido. Representan el silencio. Las tres figuras sólidas, palpitantes, atadas con cuerdas invisibles manipuladas por los titiriteros, son lanzadas al piso, primero la cabeza, los pies al aire. Una y otra vez hasta que sus cabezas se parten. Sus manos, sus torsos, sus rostros, se convulsionan en agonía. Una que no tiene fin. Lo sabe uno por los pies: una y otra vez. Era posible caminar en medio de los impotentes espectadores del bajorrelieve y las despatarradas víctimas en el piso. Pero no lo hice. Hay una fuerza tal como no he visto nunca en obra alguna. Porque reclama el terreno donde se yergue. Porque transformó el campo de extermino que yace entre los estupefactos espectadores y las agonizantes víctimas en algo sagrado. Porque transformó el piso de un estacionamiento en una especie de tierra arrasada. Esta obra profetiza la Franja de Gaza. * A la tumba de Mahmoud Darwish en la colina de Al Rabweh, por decisión de la Autoridad Palestina, le quitaron la cerca y la cubrieron con una pirámide de vidrio. Ya no es posible acurrucarse a su lado. Sus palabras, sin embargo, siguen siendo audibles para nuestros oídos y podemos repetirlas y seguir repitiéndolas. Tengo que trabajar en la geografía de los volcanes De la desolación a la ruina del tiempo de Lot a Hiroshima Cual si nunca hubiera vivido con un deseo que sigo por saber Tal vez el Ahora se movió un poco más allá y el Ayer se acercó Así que le tomo la mano al Ahora y camino por la costura de la historia evitando el tiempo cíclico con su caos de chivos montaraces ¿Cómo puedo salvar mi mañana? ¿Con la velocidad del tiempo electrónico o con la lentitud de las caravanas de mi desierto? Tengo trabajo hasta que me llegue el fin como si no fuera a ver el mañana tengo que trabajar por el hoy que no está aquí Así que escucho suave muy suave El pulso de hormiga de mi corazón… ** traducido al inglés por Rema Hammami y John Berger) Traducción: Ramón Vera Herrera Anonyme, Vendredi, Janvier 9, 2009 - 19:06 (Analyses | Indymedia) First paragraph (Teaser): A las puertas del infierno, otra vez. Líderes occidentales avalan la idea de que Israel se cuida mucho de evitar víctimas cuando emprende una ofensiva militar. En doce días de operación, la cifra de muertos asciende a 760. Después Occidente se pregunta “¿por qué nos odian?”. Por Robert Fisk Rest of the text: Una vez más, Israel abrió las puertas del infierno para los palestinos. Cuarenta refugiados civiles muertos en una escuela de Naciones Unidas, otros tres en otro plantel de este tipo. No está mal para una noche más de trabajo en Gaza a cargo del ejército israelí, que cree en la “pureza de las armas”. ¿Debería sorprendernos? Ya se nos olvidaron los 17.500 muertos –casi todos civiles, la mayoría mujeres y niños– durante la invasión de Israel a Líbano, en 1982; los 1700 palestinos muertos durante la matanza de Sabra y Chatila; la masacre de Qanaen en que murieron 106 civiles libaneses refugiados, más de la mitad de ellos niños, en una base de la ONU; la matanza de los refugiados de Marwahin, a quienes Israel ordenó salir de sus casas en 2006 para luego ser asesinados por helicópteros israelíes; los mil muertos en el mismo bombardeo del mismo año y en la invasión a Líbano, y lo mismo, casi todos civiles. Lo que es sorprendente de los líderes occidentales, tanto presidentes como primeros ministros y, me temo, directores de medios y periodistas, es que se han tragado la vieja mentira de que Israel se cuida mucho de evitar víctimas civiles. “Israel hace todo el esfuerzo posible para evitar afectar a civiles”, aseguró de nuevo otro embajador israelí horas antes de la matanza en Gaza. Y cada presidente y primer ministro que ha repetido esta mendacidad como excusa para no exigir un cese del fuego tiene en las manos la sangre de la carnicería de anoche. Si George W. Bush hubiera tenido el valor de exigir un cese del fuego hace 48 horas, todos esos ancianos, mujeres y niños, esos 40 civiles, estarían vivos. Lo que ocurrió no sólo es una vergüenza: fue una desgracia. ¿Sería exagerado llamarlo crimen de guerra? Porque así es como llamaríamos a esta atrocidad si Hamas la hubiera cometido. Por lo tanto, me temo, estamos ante un crimen de guerra. Después de cubrir tantos asesinatos masivos a manos de ejércitos de Medio Oriente –por soldados sirios, iraquíes, iraníes e israelíes–, supongo que debería yo reaccionar con cinismo. Pero Israel proclama que está combatiendo en la guerra “internacional contra el terror”. Los israelíes aseguran luchar en Gaza por nosotros, por nuestros ideales occidentales, por nuestra seguridad y para salvarnos, de acuerdo con nuestras normas. Y así somos cómplices de las salvajadas que se cometen en Gaza. Ya he reportado las excusas que en el pasado ha dado el ejército israelí por estos atropellos. Como está claro que serán recalentadas en las próximas horas, aquí les obsequio algunas: los palestinos mataron a sus propios refugiados, los palestinos desenterraron cuerpos de los cementerios y los plantaron en las ruinas. Y al final de cuentas, los palestinos tienen la culpa por haber apoyado a una facción armada, y además porque los palestinos armados deliberadamente utilizan a refugiados inocentes como escudos humanos. Cuando la derechista Falange libanesa, aliada de Israel, perpetró la matanza de Sabra y Chatila, los soldados israelíes se quedaron ahí, observándolos durante 48 horas, sin hacer nada, y esto fue revelado por una investigación a cargo de una comisión israelí. Posteriormente, cuando Israel fue acusado de esa matanza, el gobierno de Menachem Begin acusó al mundo de calumniar con sangre a su país. Después de que la artillería israelí disparó bombas contra una base de la ONU en Qana, en 1996, los israelíes afirmaron que hombres armados de Hezbolá también se refugiaban en dicha base. Era mentira. Los más de mil muertos en 2006 en una guerra que comenzó cuando Hezbolá capturó a dos soldados israelíes en la frontera simplemente se achacaron a Hezbolá. Israel aseguró que los cuerpos de niños asesinados en la segunda matanza de Qana fueron tomados de un cementerio. Esa fue otra mentira. Nunca hubo excusas para la masacre en Marwahin. Se ordenó a los pobladores de la aldea que huyeran y ellos obedecieron sólo para ser atacados por barcos artillados israelíes. Los refugiados tomaron a sus niños y los colocaron en torno de los camiones en que viajaban, para que los pilotos israelíes pudieran ver que eran inocentes. Fue entonces cuando los helicópteros israelíes les dispararon a corta distancia. Sobrevivieron sólo dos personas, haciéndose pasar por muertos. Israel ni siquiera ofreció disculpas por este episodio. Doce años antes, otro helicóptero israelí atacó una ambulancia que llevaba civiles de una aldea a otra –de nuevo obedeciendo órdenes de Israel– y mató a tres niños y dos mujeres. Los israelíes aseguraron que había un combatiente de Hezbolá en la ambulancia. Era mentira. Yo cubrí todas estas atrocidades, investigué, hablé con sobrevivientes. Lo mismo hicieron varios colegas. Nuestro destino, desde luego, fue enfrentar la más vil de las calumnias: se nos acusó de antisemitas. Y escribo lo siguiente sin la menor duda: escucharemos de nuevo estas escandalosas fabricaciones. Nos repetirán la mentira de que Hamas tiene la culpa. Dios sabe que éste es culpable de suficientes cosas sin tener que añadir este crimen. Probablemente nos salgan también con la mentira de “los cuerpos sacados del cementerio”, y seguramente también escucharemos de nuevo la mentira de que “Hamas estaba dentro de la escuela de la ONU”. Y definitivamente, nos dirán de nuevo la mentira del antisemitismo. Y nuestros líderes soplarán y resoplarán y le recordarán al mundo que fue Hamas el que rompió el cese del fuego. Sólo que no fue así. Israel lo rompió primero, el 4 de noviembre, cuando dio muerte a seis palestinos durante un bombardeo a Gaza, y de nuevo el 17 de noviembre, al matar con otro bombardeo a cuatro palestinos más. Sí, los israelíes merecen seguridad. Veinte israelíes muertos en los alrededores de Gaza en 10 años es, desde luego, una cifra horrible. Pero 760 palestinos muertos en diez días y miles de muertos desde 1948, a partir de cuando la matanza israelí de Deir Yassin impulsó el éxodo palestino de esa parte de Palestina que se convertiría en Israel, es una escala totalmente distinta. Esto recuerda, no lo que sería el normal derramamiento de sangre en Medio Oriente, sino una atrocidad del nivel de la guerra de los Balcanes en los años ’90. Desde luego, cuando un árabe se levante y con furia sin freno arroje hacia Occidente su ira incendiaria y ciega, diremos que eso nada tiene que ver con nosotros. “¿Pero por qué nos odian?”, nos preguntaremos. No vayamos a decir que no sabemos la respuesta. Mi regreso a casa a Galilea coincidió con el genocida ataque israelí contra Gaza. El Estado, mediante sus medios noticiosos y con la ayuda de sus académicos, emitió una voz unánime – aún más fuerte que la escuchada durante el criminal ataque contra el Líbano en el verano de 2006. Israel está absorto una vez más en una furia autojusticiera que se traduce en sus políticas destructivas en la Franja de Gaza. Esta espantosa autojustificación para la inhumanidad y la impunidad no sólo es insoportable, es un tema que vale la pena considerar en detalle, si se quiere comprender la inmunidad internacional para la masacre que arrasa Gaza. Se basa ante todo en puras mentiras transmitidas en una neolengua reminiscente de los peores días de la Europa de los años treinta. Cada media hora un boletín noticioso en la radio y la televisión describe a las víctimas de Gaza como terroristas y los masivos asesinatos cometidos por Israel como acto de autodefensa. Israel se presenta a su propia gente como víctima autojusticiera que se defiende contra un gran mal. El mundo académico es reclutado para explicar lo demoníaca y monstruosa que es la lucha palestina, si es dirigida por Hamas. Son los mismos eruditos que satanizaron al difundo líder palestino Yasir Arafat en una era pasada y deslegitimaron su movimiento Fatah durante la segunda Intifada palestina. Pero las mentiras y las representaciones distorsionadas no constituyen la peor parte del asunto. Lo que más enfurece es el ataque directo contra los últimos vestigios de humanidad y dignidad del pueblo palestino. Los palestinos en Israel han mostrado su solidaridad con la gente de Gaza y son ahora estigmatizados como quinta columna en el Estado judío; su derecho a permanecer en su patria es presentado como dudoso en vista de su falta de apoyo para la agresión israelí. Aquellos de entre ellos que aceptan aparecer – erróneamente, a mi juicio – en los medios locales son interrogados, y no entrevistados, como si fueran reclusos en la prisión del Shin Bet [servicio de inteligencia israelí, N. del T.]. Su aparición es precedida y seguida por humillantes observaciones racistas y son enfrentados por acusaciones de que son una quinta columna, un pueblo irracional y fanático. Y sin embargo no es la práctica más indigna. Hay unos pocos niños palestinos de los territorios ocupados que son tratados por cáncer en hospitales israelíes. Dios sabe qué precio sus familias han pagado para que sean admitidos en ellos. La Radio Israel va a diario al hospital a demandar a los pobres padres que digan a la audiencia israelí cuánta razón tiene Israel al atacar Gaza cuán maligno es Hamas al defenderse. No hay fronteras en la hipocresía que produce una furia autojusticiera. El discurso de los generales y de los políticos se mueve erráticamente entre auto-congratulación por la humanidad que el ejército muestra en sus operaciones “quirúrgicas” por una parte y, por la otra, la necesidad de destruir Gaza de una vez por todas, de una manera humana, claro está. La furia autojusticiera es un fenómeno constante en el desposeimiento israelí, y antes de eso, sionista, de Palestina. Cada acto, sea limpieza étnica, ocupación, masacre o destrucción fue siempre presentado como moralmente justo y como un puro acto de autodefensa perpetrado a regañadientes por Israel en contra de la peor clase de seres humanos. En su excelente volumen: “The Returns of Zionism: Myths, Politics and Scholarship in Israel,” Gabi Piterberg explora los orígenes ideológicos y la progresión histórica de esa furia autojusticiera. Hoy en día en Israel, de la izquierda a la derecha, del Likud a Kadima, de los círculos académicos a los medios noticiosos, se escucha esa furia autojusticiera de un Estado que está más ocupado que ningún otro Estado del mundo en la destrucción y desposeimiento de una población indígena. Es crucial que se exploren los orígenes ideológicos de esa actitud y que se deriven las conclusiones políticas necesarias de su prevalencia. Esta furia autojusticiera blinda a la sociedad y a los políticos en Israel de toda crítica o rechazo externo. Pero mucho peor todavía, se traduce siempre en políticas destructivas contra los palestinos. Sin un mecanismo interno de crítica y sin presión externa, cada palestino se convierte en un objetivo potencial para esa furia. En vista del poder de fuego del Estado judío sólo llevar a más matanzas masivas, masacres y limpieza étnica. Este tono autojusticiero es un poderoso acto de autonegación y justificación. Explica por qué la sociedad judía israelí no puede ser impresionada por palabras de sabiduría, persuasión lógica o diálogo diplomático. Y si no se quiere apoyar la violencia como medio para oponérsele, queda sólo un camino: cuestionar directamente esa arrogancia moral como una ideología maligna hecha para cubrir atrocidades humanas. Otro nombre para esa ideología es sionismo y un rechazo internacional del sionismo, no sólo para políticas israelíes en particular, es la única manera de argumentar contra esa arrogancia moral. Tenemos que tratar de explicar no sólo al mundo, sino también a los propios israelíes, que el sionismo es una ideología que apoya la limpieza étnica, la ocupación y ahora matanzas masivas. Lo que se necesita en este momento no es sólo una condena de la actual masacre sino también la deslegitimación de la ideología que produjo esa política y la justifica moral y políticamente. Esperamos que voces significativas en el mundo digan al Estado judío que esa ideología y la conducción general del Estado son intolerables e inaceptables y que mientras persistan, Israel será boicoteado y sometido a sanciones. Pero no soy ingenuo. Sé que incluso el asesinato de cientos de palestinos inocentes no bastaría para producir un cambio semejante en la opinión pública occidental; es incluso aún menos probable que los crímenes cometidos en Gaza lleven a los gobiernos europeos a cambiar su política hacia Palestina. Y sin embargo, no podemos permitir que 2009 sea sólo un año más, menos importante que 2008, el año conmemorativo de la Nakba, que no satisfizo las grandes esperanzas que todos teníamos respecto a su potencial para transformar dramáticamente la actitud del mundo occidental hacia Palestina y los palestinos. Parece que hasta los crímenes más horrendos, como el genocidio en Gaza, son tratados como eventos discretos, sin conexión con nada que haya sucedido en el pasado y sin asociación con ninguna ideología o sistema. En este nuevo año, tenemos que tratar de reajustar la opinión pública respecto a que la historia de Palestina y los males de la ideología sionista sean los mejores medios para explicar las operaciones genocidas, como la actual en Gaza, y para impedir que sucedan cosas aún peores. Académicamente, ya ha sido hecho. Nuestro principal desafío es encontrar una manera eficaz de explicar la conexión entre la ideología sionista y las pasadas políticas de destrucción y la crisis actual. Puede que sea más fácil hacerlo mientras, bajo las más terribles circunstancias, la atención del mundo es dirigida una vez más hacia Palestina. Sería aún más difícil en tiempos en los que la situación parezca ser “más tranquila” y menos dramática. En esos momentos “relajados”, la incapacidad de los medios occidentales de concentrar la atención más allá de unos breves momentos marginaría una vez más la tragedia palestina y la desatendería sea por los horribles genocidios en África o la crisis económica y las catástrofes ecológicas en el resto del mundo. Aunque es poco probable que los medios occidentales se interesen por acopios históricos, sólo se puede denunciar mediante una evaluación histórica la magnitud de los crímenes cometidos contra el pueblo palestino durante los últimos 60 años. Por ello, el papel de académicos activistas y de los medios alternativos es insistir en este contexto histórico. Esos agentes no deben dejar de educar a la opinión pública y ojalá incluso lleguen a influenciar a los políticos más escrupulosos para que vean los eventos en una perspectiva histórica más amplia. Del mismo modo, tal vez podamos encontrar la manera popular, a diferencia de la académica altamente intelectual, de explicar claramente que la política de Israel – en los últimos 60 años – proviene de una ideología racista hegemónica llamada sionismo, protegida por interminables capas de furia autojusticiera. A pesar de la previsible acusación de antisemitismo y de lo que sea, es hora de asociar en la mente pública la ideología sionista con las características históricas ya familiares del país: la limpieza étnica de 1948, la opresión de los palestinos en Israel durante los días del gobierno militar, la brutal ocupación de Cisjordania y ahora la masacre de Gaza. De un modo muy similar a cómo la ideología del Apartheid explicó las políticas opresoras del gobierno sudafricano, esta ideología – en su variedad más consensual y simplista – permitió que todos los gobiernos israelíes del pasado y del presente deshumanicen a los palestinos dondequiera estén y se esfuercen por destruirlos. Los medios utilizados cambiaron de un período al otro, de un sitio a otro, como lo hizo la narrativa para encubrir esas atrocidades. Pero existe un modelo obvio que no puede ser discutido en las torres de marfil académicas, sino que tiene ser parte del discurso político sobre la realidad contemporánea en la Palestina actual. Algunos de nosotros, a saber los que están comprometidos con la justicia y la paz en Palestina, evaden inconscientemente este debate al concentrarse, y es comprensible, en los Territorios Palestinos Ocupados (TPO), Cisjordania y la Franja de Gaza. La lucha contra las políticas criminales en ellos es una misión urgente. Pero eso no debiera transmitir el mensaje, que los que dominan en Occidente adoptaron gustosamente siguiendo una señal de Israel, de que Palestina está sólo en Cisjordania y la Franja de Gaza, y que los palestinos son sólo la gente que vive en esos territorios. Debemos expandir la representación de Palestina, geográfica y demográficamente, haciendo conocer la narrativa histórica de los eventos en 1948 y desde entonces y exigiendo igualdad de derechos humanos y civiles para todos los que viven, o solían vivir, en lo que es actualmente Israel y los Territorios Palestinos Ocupados. Al conectar la ideología sionista y las políticas de las atrocidades pasadas y presentes, podremos suministrar una explicación clara y lógica de la campaña de boicot, desinversión y sanciones hacia Israel. Cuestionar por medios no-violentos un Estado autojusticiero que se permite, con la ayuda de un mundo mudo, desposeer y destruir al pueblo indígena de Palestina, es una causa justa y moral. Es también un medio efectivo de galvanizar a la opinión pública no sólo contra las actuales políticas genocidas en Gaza, sino que ojalá impida futuras atrocidades. Pero, más importante que cualquiera otra cosa, es que reventará el globo de furia autojusticiera que sofoca a los palestinos cada vez que se infla. Ayudará a terminar la inmunidad occidental ante la impunidad de Israel. Sin esa inmunidad, hay que esperar que más y más gente en Israel comience a comprender la verdadera naturaleza de los crímenes cometidos en su nombre y que su furia se dirija contra los que la atraparon junto a los palestinos en este ciclo innecesario de derramamiento de sangre y violencia. ...... http://electronicintifada.net/v2/article10100.shtml Somos una red internacional de judíos incondicionalmente comprometidos con las luchas de emancipación humana Opinión - 06/01/2009 10:01 - Autor: International Jewish Anti-Zionist Network Fuente: Diario del Sur Digital Desde Polonia hasta Iraq, desde Argentina hasta Sudáfrica, desde Brooklyn hasta Mississippi, judíos fueron parte en la búsqueda de justicia, manifestando su deseo por un mundo más justo, participando con otros en luchas colectivas. Judíos participaron prominentemente en la lucha de los trabajadores durante la depresión americana, en el movimiento de los derechos civiles, en la lucha en contra del apartheid sudafricano, en la lucha contra el fascismo en Europa y en muchos otros movimientos por el cambio social y político. La histórica y progresiva limpieza étnica de la población palestina de sus tierras por parte del Estado de Israel contradice y traiciona esta larga historia de participación judía en luchas de liberación colectivas. El sionismo - la ideología fundadora que se manifiesta actualmente en el Estado de Israel - echó raíces en la era del colonialismo europeo y se diseminó a continuación del genocidio Nazi. El sionismo se nutrió de los más violentos y opresivos hechos del siglo diecinueve, limando los numerosos esfuerzos de una militancia de judíos en las luchas de liberación. Honrando estas luchas y para retomar un lugar en los vibrantes movimientos populares de nuestro tiempo, el sionismo, en todas sus formas, debe ser abandonado. Esto es crucial, primero que nada, por su impacto en los habitantes de Palestina y el resto de la región. El sionismo también deshonra la persecución y el genocidio de los judíos europeos al usar su memoria para justificar y perpetuar el racismo y colonialismo europeos. El sionismo es responsable por el extenso desplazamiento y alienación de los judíos mizrahi (judíos de ascendencia africana y asiática) de sus diversas historias, idiomas, tradiciones y culturas. Los judíos mizrahi tienen una historia en esta región de más de 2.000 años. Mientras el sionismo se arraigaba, estas historias fueron interrumpidas de su propio devenir en pos de la segregación de los judíos impuesta por el Estado de Israel. Como tal, el sionismo nos implica en la opresión del pueblo palestino y en la denigración de nuestras propias tradiciones, luchas por la justicia y alianzas con nuestro prójimo. Nos comprometemos a: Oponernos al sionismo y al Estado de Israel El sionismo es racista. Demanda poder político, económico y legal para las personas y culturas judías y europeas por encima de los pueblos y las culturas autóctonas. El sionismo no solo es racista sino antisemita. Respalda la imaginería antisemita europea y sexista del "judío diaspórico" afeminado y débil y contrapone a éste un "judío nuevo" violento y militarizado, que es un perpetrador y no una víctima de la violencia racializada. El sionismo por lo tanto busca convertir a los judíos en blancos, a través de la adopción del racismo blanco en contra del pueblo palestino. A pesar de la necesidad de Israel de integrar a los mizrahi para mantener una mayoría judía, este racismo también se manifiesta en la marginación y la explotación económica de la población mizrahi socialmente pobre. Esta violencia racializada también incluye la explotación de los trabajadores migratorios. Los sionistas diseminan el mito de que Israel es una democracia. En realidad, el Estado de Israel ha establecido e implementado prácticas y políticas internas de discriminación contra los judíos de ascendencia mizrahi y excluye y restringe a los palestinos. Además, el Estado de Israel, en colaboración con los Estados Unidos, socava cualquier movimiento árabe por la liberación y el cambio social. El sionismo perpetúa el excepcionalismo judío. Para defender sus crímenes, el sionismo cuenta una versión de la historia judía que está desconectada de la historia y las experiencias de otras personas. Promueve la narrativa del holocausto nazi como excepcional en la historia de la humanidad - a pesar de ser uno de muchos holocaustos, desde los aborígenes estadounidenses hasta Armenia y Ruanda. El sionismo separa a los judíos de las víctimas y los sobrevivientes de otros genocidios en lugar de unirnos a ellos. A través de una islamofobia compartida y un deseo de controlar a Medio Oriente y Asia occidental, el Estado de Israel hace causa común con los cristianos fundamentalistas y otros que llaman a la destrucción de los judíos. Juntos, llaman a la persecución de musulmanes. Esta promoción conjunta de islamofobia sirve para demonizar a la resistencia contra la dominación económica y militar de occidente. Continúa una larga historia de colusión con regímenes represivos y violentos, desde Alemania nazi hasta el régimen de apartheid de Sudáfrica y las dictaduras reaccionarias a lo largo de Latinoamérica. El sionismo sostiene que la seguridad judía depende de un estado judío altamente militarizado. Pero el Estado de Israel no contribuye a que los judíos estén seguros. Su violencia garantiza inestabilidad y miedo para los que están dentro de su esfera de influencia y pone en peligro la seguridad de todas las personas, incluyendo a los judíos, mucho más allá de sus fronteras. El sionismo voluntariamente coludió para crear las condiciones que llevaron a la violencia en contra de los judíos en los países árabes. El odio que la violencia y dominación militar israelíes generan hacia los judíos que viven en Israel y en otros lugares es usado para justificar más violencia sionista. Nos comprometemos a: Rechazar el legado colonial y su expansión progresiva En el momento en que el movimiento sionista decidió construir un Estado judío en Palestina, se convirtió en un movimiento de conquista. Al igual que las conquistas imperiales y las ideologías genocidas de las Américas o de África, el sionismo conlleva la segregación entre las personas, la confiscación de la tierra, la limpieza étnica y la implacable violencia militar. Los sionistas trabajaron de común acuerdo con la administración colonial británica en contra de los habitantes originarios de la región y sus legítimas esperanzas de libertad y autodeterminación. El imaginario sionista de una Palestina "vacía" y desolada justificó la destrucción de la vida palestina tal como anteriormente ese racismo justificó la exterminación de los autóctonos estadounidenses, el tráfico transatlántico de esclavos y muchas otras atrocidades. Desde la progresiva expansión de las colonias hasta la construcción del Muro del Apartheid israelí, el compromiso con la dominación colonial del Estado de Israel imprime su marca de destrucción ambiental y del paisaje físico de Palestina. Ante la falla de sus políticas para acabar con la resistencia palestina el Estado de Israel ataca con más y más violencia con políticas que, cuando son llevadas a su máxima expresión, apuntan al genocidio. En Gaza, el estado israelí impide el acceso a la comida, al agua, electricidad, ayuda humanitaria y suministros médicos como un arma dirigida a las bases mismas de la vida humana. El Estado de Israel, que una vez fue vehículo para el ataque británico y francés contra la unidad y la independencia árabes, actualmente es un socio menor en la estrategia de los Estados Unidos y sus aliados por el control militar, económico y político, de dominación, específicamente de la región estratégica de Medio Oriente / Sudoeste Asiático. El peligro de una guerra nuclear a través de un ataque estadounidense/israelí contra Irán nos recuerda que el estado de Israel es una bomba atómica que debe ser desmantelada urgentemente para salvar las vidas de todas sus víctimas actuales y potenciales. Nos comprometemos a: Desafiar a las organizaciones sionistas Más allá de concretar la creación del Estado de Israel, el sionismo determinó su política internacional de antagonismo y dominación militar hacia sus vecinos y estableció una sofisticada red global de organizaciones, grupos de presión política, empresas de relaciones públicas, clubes en universidades y escuelas para perpetuar las ideas sionistas en las comunidades judías y el público en general. Miles de millones de dólares americanos fluyen anualmente hacia el Estado de Israel para sostener la ocupación y su ejército sofisticado y brutal. La máquina de guerra que financian lidera la industria global de armas, mengua los recursos ansiados por un mundo que desesperadamente necesita agua, comida, asistencia médica, vivienda y educación. Europa, Canadá y las Naciones Unidas, mientras tanto, apoyan la infraestructura de ocupación bajo el disfraz de ayuda humanitaria para la población palestina. Juntos, los EEUU y sus aliados, cooperan para hacer más profunda la dominación de la región y acabar con los movimientos populares. Una red internacional de instituciones y organizaciones sionistas apoya los asentamientos judíos militares y militantes con fondos directos. Estas organizaciones también proporcionan el apoyo político necesario para legitimar y promover políticas y programas de ayuda. En cada país, estas organizaciones censuran las críticas a Israel y tienen en la mira a personas y organizaciones a través de listas negras, violencia, vandalismo, encarcelamiento, deportación, despidos y otras privaciones económicas. Estas organizaciones facilitan la difusión de la islamofobia. Tocan los tambores de guerra en el exterior mientras presionan por una legislación represiva en sus países. En Estados Unidos y Canadá, las organizaciones sionistas ayudaron a promover la legislación "anti-terrorista" convirtiendo todo esfuerzo organizado para apoyar al boicot, retiro de inversiones y sanciones contra el Estado de Israel, o para apoyar organizaciones palestinas, iraníes, iraquíes, libanesas y musulmanas, en sujetos a perseguir acusándolos de ayudar al terrorismo y cometer traición. Tanto en Europa como en EEUU, organizaciones supuestamente "judías" son las primeras en ejercer presión para entrar en guerra con Irán. Están apareciendo fisuras en el edificio del sionismo así como en la dominación mundial misma de los Estados Unidos. En la región, la resistencia extraordinaria por parte de Palestina y Sur de Líbano en contra de la agresión y ocupación israelí y estadounidense sigue en pie, a pesar de los recursos limitados y muchas traiciones. El movimiento de solidaridad con el pueblo de Palestina y la confrontación con la política de los Estados Unidos e Israel está cobrando ímpetu en el mundo. En Israel, este ímpetu lo vemos en el disentimiento creciente, que favorece las condiciones para retomar dos legados de los años ’60: Matzpen, una organización israelí palestina y antisionista judía y el Partido Mizrahi Panteras Negras. Podemos agregar un creciente rechazo por parte de los jóvenes a participar en la conscripción obligatoria del ejército. Dentro de los gobiernos y las discusiones públicas en los Estados Unidos y Europa, el costo del apoyo incondicional hacia el estado de Israel está siendo cuestionado cada vez más. Israel y EEUU buscan nuevos aliados en el sur global para que se unan a sus conquistas económicas y militares. La relación creciente entre Israel y la India es un ejemplo sombrío de esto. Al compartir un interés en el control político y la ganancia de capital para unos pocos a expensas de muchos, la elite en India y las de Asia Occidental y Medio Oriente, se hallan en connivencia con la economía y la agenda militar occidental en la región. La propaganda de la guerra global occidental contra el terror repercute en la islamofobia y es requerida y promovida por la élite india. Aprovecha esta oportunidad para reprimir severamente la disensión en regímenes de Medio Oriente así como Asia del sur y Asia occidental. No obstante, surgen levantamientos populares basados en las ricas historias de lucha anticolonial desafiando, y en última instancia, derrocando esta alianza. Junto con nuestros aliados, intentamos contribuir a ampliar esas fisuras, hasta que el muro caiga y el Estado de Israel sea aislado como lo fue Sudáfrica durante el apartheid. Prometemos emprender la batalla en contra de estas organizaciones que pretenden hablar por nosotros y derrotarlas. Nos comprometemos a: Extender nuestra solidaridad y nuestro trabajo por la justicia Comprometemos nuestros corazones, nuestras mentes y nuestras energías políticas para apoyar al movimiento vibrante y diverso de resistencia del pueblo palestino y a enfrentar las injusticias de las cuales los países donde vivimos son responsables. Apoyamos inequívocamente el derecho de retorno palestino. Llamamos al desmantelamiento de la ley israelí racista del retorno que privilegia los derechos de cualquier persona que el Estado de Israel estima como "judía" para establecerse en Palestina, mientras que excluye a los palestinos y los convierte en refugiados. Respondemos sin reservas al llamado de Palestina al boicot, retiro de inversiones y sanciones contra el Estado de Israel. Apoyamos la exigencia de la liberación de los presos políticos palestinos y de acabar con los encarcelamientos de líderes políticos, mujeres, niños y adultos palestinos como método de control y terror. No es nuestra tarea prescribir el camino que el pueblo palestino debe tomar para definir su futuro. No pretendemos sustituir nuestras voces por las de ellos. Nuestras estrategias y acciones surgirán de nuestras relaciones activas con quienes están involucrados en la gama de luchas de liberación dentro de Palestina y en el resto de la región. Apoyaremos su lucha por sobrevivir, mantenerse firme y avanzar en su movimiento lo mejor que puedan, en sus propios términos. Somos copartícipes de los vibrantes movimientos populares de resistencia de nuestro tiempo que defienden y enaltecen las vidas de todas las personas y la del planeta mismo. Somos copartícipes de los movimientos que lideran los más afectados por la conquista del imperio, la ocupación, el racismo, el control y la explotación global de personas y recursos. Defendemos la protección del mundo natural. Defendemos los derechos de los pueblos autóctonos a sus tierras y a su soberanía. Defendemos los derechos de los inmigrantes y refugiados a la libre circulación y seguridad a través de las fronteras. Defendemos los derechos de los trabajadores - incluyendo a los trabajadores inmigrantes introducidos en Israel para reemplazar tanto la mano de obra palestina como la mizrahi - a la justicia económica y a la auto-determinación. Defendemos los derechos a la justicia racial y a la expresión cultural. Defendemos los derechos de las mujeres y los niños y de todos los grupos explotados a ser libres de subyugación. Y defendemos los derechos universales al agua, a la alimentación, la vivienda, la educación, los servicios de salud y a vivir sin violencia - la única base sobre la cual la sociedad humana puede sobrevivir y florecer. Nos comprometemos a apoyar la justicia para curar las heridas ocasionadas por la imposición y el funcionamiento de la dominación colonial en Palestina y en el resto de la región; los traumas de la opresión europea de judíos que el proyecto sionista está explotando; los miedos y privaciones sufridas a través de años de derramamiento de sangre; las manipulaciones de la cultura y los recursos usados para explotar a los judíos mizrahi y para separarlos de los palestinos; y la progresiva masacre, violación y despojo del pueblo palestino. La justicia por la que trabajamos debe ser construida por todos a lo largo de Palestina, incluyendo Israel y por los refugiados palestinos, cuya lucha por su autodeterminación puede llevar a la igualdad y la libertad de todos los que viven allí y en las tierras circundantes. Te llamamos para que te unas a nosotros Estas promesas requieren la construcción de un movimiento judío internacional unido que desafíe al sionismo y su pretensión de hablar en nombre de todos nosotros. Ante un adversario internacional, no es suficiente trabajar localmente, o incluso nacionalmente. Debemos encontrar formas para trabajar juntos a través de fronteras, distancias, sectores e idiomas. Existe la posibilidad para muchas iniciativas y organizaciones, establecidas y nuevas, para trabajar independientemente y conjuntamente, en apoyo y colaboración mutuas. ¿Estás en contra del racismo en todas sus formas? Entonces te llamamos para que te unas a nosotros para acabar con el apartheid israelí. ¿Apoyas la soberanía y los derechos a sus tierras de los pueblos autóctonos? Entonces te llamamos para que te unas a nosotros en la defensa de la soberanía y los derechos de los palestinos a sus tierras. ¿Crees que todas nuestras vidas dependen de la sustentabilidad económica y ambiental? ¿Te enfurece el robo y la destrucción de los recursos del planeta? Entonces te llamamos para que te unas a nosotros para detener la destrucción de la agricultura y la tierra palestina, su robo y el del agua y la destrucción de sus aldeas y plantaciones. ¿Buscas terminar con las guerras infinitas por el petróleo y la dominación de los Estados Unidos y sus aliados? ¿Quieres terminar con las culturas militarizadas, la conscripción de nuestros jóvenes y el saqueo de recursos para financiar ejércitos en lugar de las necesidades de la vida? Entonces te llamamos para que te unas a nosotros para desmantelar una pieza decisiva de la maquinaria de guerra global. ¿Deseas desvincularte de la limpieza étnica de Palestina por parte del Estado de Israel y de la destrucción de la historia, la cultura y su autogobierno? ¿Crees que no hay paz sin justicia? ¿Te enfurece y te entristece que el holocausto judío esté siendo usado para perpetrar otras atrocidades? Entonces te llamamos para que te unas a nosotros para terminar con el colonialismo sionista. Para que todas las personas del planeta vivan con seguridad, justicia y paz, el proyecto colonial Israelí debe llegar a su fin. Nosotros jubilosamente asumimos esta tarea colectiva de socavar un sistema de conquista y saqueo que ha atormentado a nuestro mundo desde hace demasiado tiempo. Santiago Alba Rico. Este escritor y arabista residente en Túnez analiza la moral colonial de Israel y Occidente en la ocupación de Palestina. Prometida en 1917 a los judíos por Inglaterra, y no por Dios, hace 60 años las potencias coloniales occidentales entregaron Palestina con todos sus habitantes a una pequeña secta hebrea europea para que gestionara sus intereses en Oriente Próximo. Desde entonces, EE UU, la UE y los gobiernos árabes ancilares vienen concediendo medios y autorización al sionismo para administrar libremente el dolor de la población nativa y planificar a voluntad su linchamiento minucioso: expulsiones, masacres, limpieza étnica, destrucción de casas; asedio medieval por hambre, prisión, tortura, muros, bombardeos... Israel prolonga voluptuosamente un genocidio homeopático al que ha sucumbido ya la autoridad jurídica y moral de la ONU. Desde el principio Israel, que nunca pensó compartir el territorio palestino con sus legítimos propietarios, osciló entre la tentación de la “solución final” y la conservación de una reducida reserva nativa para uso al mismo tiempo ideológico y económico. En el ámbito internacional, el asesinato de palestinos legitima a Israel, que debe conservar algunos con vida para seguir matándolos y embelleciéndose; en el orden interno, el voto democrático de los israelíes recompensa la oferta en cadáveres palestinos de los candidatos; en términos económicos, Israel depende hoy más que nunca del negocio de la guerra y la seguridad. A veces cuesta reprimirse, pero el pragmatismo impone matar a los palestinos poco a poco; y a nosotros nos exige admirar y aplaudir a Israel por su disciplina y magnanimidad. A los nazis nadie los comparaba con los nazis: bastaba con llamarlos asesinos. En todo caso, lo que parece que inhabilita la comparación es el hecho de que los israelíes matan palestinos y no europeos, mientras que el horror inigualable del nazismo consistió –como bien explicaba Simone Weil– en que el III Reich hizo con nosotros lo mismo que nosotros habíamos hecho siempre con los pueblos colonizados. El linchamiento de Gaza parece perfectamente compatible con la afirmación de nuestros valores superiores. Cuando se linchaban a negros en los EE UU, y las fotografías de sus cadáveres se enviaban como felicitaciones de cumpleaños o de Navidad, lo que habían hecho –y que justificaba su ahorcamiento sin juicio– resplandecía amenazador en lo que eran. Así ocurre con los palestinos. La agresión palestina a Israel es ontológicamente anterior a la ocupación sionista, es lo primero de todo: es sencillamente su existencia. Sus gemidos son “fanáticos”, su llanto es “antisemita”, su rabia –claro– “terrorista”. Sólo en este sentido puede decirse que los bombardeos de Gaza son “desproporcionados”, porque son en efecto una respuesta anticipada y una respuesta todavía insuficiente a la existencia desnuda de los palestinos; frente a esta amenaza total lo único “proporcional” sería el asesinato de un millón, de cuatro millones, de ocho millones de palestinos. Israel, una vez más, se contiene y nosotros se lo agradecemos. Desapareció la URSS y todos aplaudimos. Desapareció Yugoslavia y nos alegramos. Han desaparecido decenas de países –Checoslovaquia, Rhodesia y la Sudáfrica racista entre otros– y no ha ocurrido nada. ¿Por qué habría de ser criminal ahora reclamar la desaparición de un Estado criminal? No nos engañemos: la única solución al problema israelí, que amenaza la paz mundial, es la disolución del Estado de Israel. Demos luego libertad a los refugiados palestinos para volver a Palestina y libertad a los judíos ex israelíes para volver a sus países de origen y que a continuación la población restante funde un nuevo Estado laico, democrático y socialista. Se dirá que esta solución no es realista. Pero ¿fue realista la partición? ¿Fue realista la resolución 242 de la ONU? ¿Fueron realistas los claudicantes acuerdos de Oslo? ¿La Hoja de Ruta? ¿Anápolis? ¿La solución de los dos Estados? ¿La democratización ejemplar de Palestina? Los palestinos tendrán que ser aún más realistas si quieren ser aceptados por la comunidad internacional, tendrán que dejar de defenderse, tendrán que dejar de gritar, tendrán que dejar de llorar, tendrán que dejar de respirar. Si los límites del realismo los dicta Israel, y los avalan EE UU, la UE y los gobiernos árabes ancilares, no hay para los palestinos ninguna esperanza. Pero si realismo es igual a genocidio, si realismo es igual a injusticia radical y crimen ininterrumpido, si realismo significa tirar a la basura definitivamente el derecho internacional, los DD HH y la civilización más elemental, si realismo quiere decir desaparición sin esperanza del pueblo palestino, entonces los palestinos tienen todo el no-derecho del mundo –a fin de existir un minuto más o sencillamente para vengarse– de utilizar también todos los medios e incluso de matarle a usted y de matarme a mí, que no hemos hecho nada para impedir que Israel ponga a la humanidad entera fuera de sí misma y que hemos perdido de esa forma al derecho a protestar, escandalizarnos y moralizar. La palabra Holocausto –sacrificio total– encaja bastante bien en lo que Israel, EE UU, la UE y los gobiernos árabes ancilares le están haciendo a todo el mundo. La opción de Israel (El País, jueves 15 de enero) La raíz del conflicto es el bloqueo de Gaza y la ocupación de Cisjordania, no los cohetes de Hamás Si Israel quiere la paz, ahí está la iniciativa árabe de marzo de 2002 El mantra repetido estos días hasta la náusea por las autoridades israelíes, desde el primer ministro Ehud Olmert hasta el último portavoz, es: "Muéstrennos un Estado capaz de contenerse cuando están disparando continuamente misiles contra la población civil de su territorio soberano". La hasbara israelí (en hebreo, "explicación" o "información", un término más eufemístico que "propaganda") ha producido, para los espectadores provincianos como nuestros amigos estadounidenses, una película que compara la frontera sur de Israel con la de Estados Unidos. La pregunta que hace el narrador es: "¿Ignoraría Estados Unidos unos cohetes disparados desde México contra San Diego?". La respuesta de rigor, aunque simplista, es que de ninguna manera, por supuesto. Ni siquiera un izquierdista incurable como yo sería capaz de permanecer al margen mientras cayeran misiles egipcios o jordanos sobre las ciudades israelíes. Sin embargo, la respuesta correcta, aunque más compleja, es que la frontera entre Israel y la Franja de Gaza (y entre Israel y Cisjordania y los Altos del Golán) es distinta a cualquier otra frontera en el mundo, incluidas las existentes entre Israel y Egipto e Israel y Jordania. El hecho de que Israel retirase su ejército de Gaza e incluso sacara a 8.000 colonos en 2005 no altera la realidad de que Gaza sigue siendo, en la práctica y de acuerdo con las leyes internacionales, territorio ocupado. Israel controla las entradas y salidas, así como el acceso a servicios esenciales como la electricidad y el agua. México no ha pasado los últimos tres años o más bajo un bloqueo aéreo y marino de los estadounidenses. Además, la impresionante victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días convirtió Cisjordania y Gaza en una unidad étnica. En el acuerdo de paz firmado por Egipto e Israel en 1979, la Franja de Gaza quedaba en manos israelíes. Los Acuerdos de Oslo entre Israel y los palestinos, firmados en septiembre de 1993, establecieron que la Franja de Gaza y Cisjordania constituían una entidad política. Eso significa que, mientras Cisjordania esté bajo la ocupación israelí, también lo está Gaza. Estos argumentos no pretenden justificar la conducta de Hamás ni defender sus intereses. Hamás es un enemigo que se niega a reconocer mi derecho nacional, como judío, a vivir en mi país. A nadie le gustaría tanto como a mí que perdiera su posición de poder. Como escribí en su momento, creo que el presidente Bush hizo mucho daño cuando insistió en que el Gobierno de Sharon permitiera participar a Hamás en las elecciones de enero de 2006, pese a que la organización no cumplía los requisitos electorales estipulados en el segundo acuerdo de Oslo. Me entristeció profundamente ver que Al Fatah, el socio de Israel en un acuerdo de paz basado en el establecimiento de un Estado palestino junto al de Israel, no perdía ninguna oportunidad de cometer errores: su corrupción y su torpe gestión alejaron a los electores de la dirección de Túnez. Me enfadé como mis amigos de Ramala, que prepararon insensatamente el terreno para que la organización extremista obtuviera el poder. Sin embargo, como dice mi presidente, Shimon Peres, si se te rompen los huevos, puedes hacer tortilla,pero con una tortilla no puedes hacer un huevo. La situación no tiene vuelta atrás. Hamás no tiene previsto suicidarse ni ondear la bandera blanca. Hamás es parte intrínseca del sistema democrático en Palestina, y la única vía para apartarlo del poder es la misma por la que llegó a él: las urnas. No las balas. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas (Abu Mazen), debe de saber cómo le miraría su gente y cuál sería su suerte si tuviera la tentación de volver a Gaza sobre los escombros dejados por los carros de combate y aviones israelíes. La clave para devolver el control del territorio, incluido Gaza, a Al Fatah, es la mesa de negociaciones. Todos los sondeos de opinión realizados entre los palestinos en los últimos años muestran un apoyo constante (65%-70%) a la solución de dos Estados ofrecida por Al Fatah. Sin embargo, cuanto más se aleja esa solución, por los retrasos en las negociaciones o por la expansión de los asentamientos israelíes, más irrelevante se vuelve Al Fatah. Sin perspectivas políticas, no es extraño que la población, especialmente la masa de jóvenes sin empleo, busque esperanza y una forma de vida en las mezquitas y los campos de entrenamiento de Hamás. Israel debe decidir, de una vez por todas, qué camino va a emprender: dar una solución valiente al conflicto o prolongarlo de manera indefinida. Si escoge lo primero, encontrará la iniciativa árabe de paz de marzo de 2002, que obtuvo el apoyo entusiasta de Yasir Arafat y críticas vehementes de Hamás. No es probable que Israel pueda conseguir un acuerdo más favorable que el que ofrece esa iniciativa: el pleno reconocimiento y unas relaciones normalizadas con todos los Estados árabes a cambio de la retirada casi total de los territorios, incluida Jerusalén oriental, con intercambios recíprocos de tierras si Israel desea conservar alguna zona de Cisjordania o Jerusalén, además de una solución justa y acordada para el problema de los refugiados. Es de suponer que, en ese caso, la comunidad internacional, con el nuevo presidente de Estados Unidos ya al mando, ofrecería a las partes un amplio colchón económico y de seguridad. Si Israel se niega a pagar el precio -que no ha cambiado en los últimos 20 años ni cambiará seguramente en los próximos 20-, y si está dispuesto a perder su carácter judío y democrático, se encontrará con que, en vez de luchar contra Hamás, tiene puntos en común con la organización: Hamás también rechaza la idea de dos Estados basados en las fronteras del 4 de junio de 1967. Sus líderes están pidiendo una tregua a largo plazo y han demostrado que pueden imponerla. Saben que no tienen capacidad para derrotar al poderoso Ejército israelí. Pero también saben que, mientras Israel se niegue a delimitar una frontera permanente con Gaza y Cisjordania, el reloj demográfico -que pronto producirá una mayoría palestina en Israel y los territorios- hace que el sueño de la "gran Palestina" parezca cada vez más real. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. Akiva Eldar, columnista político y editorialista del diario israelí Ha'aretz, es coautor, con Idith Zertal, de Lords of the Land: The War Over Israel's Settlements in the Occupied Territories, 1967-2007. La política israelí en Cisjordania y la Franja de Gaza gira en torno a la construcción de guetos sellados a cal y canto para los palestinos que habitaban esas tierras. Surge la comparación con los guetos de Europa del Este. ELIAS KHOURY 16/01/2009 En mayo de 1949 se publicó la novela del escritor israelí S. Yizhar La historia de Khirbet Khizeh, en la que se narran los desconcertantes hechos acaecidos durante la salvaje expulsión que el Ejército israelí llevó a cabo en una pacífica aldea del sur de Palestina. El libro, especialmente al ser adaptado en 1978 para una serie de la televisión israelí, causó gran polémica. Pero lo que verdaderamente llama la atención es que, tras Khirbet Khizeh y el largo cuento escrito por el mismo Yizhar titulado El prisionero, la literatura israelí haya mantenido un silencio casi absoluto en torno a la guerra de 1948. La tercera generación de escritores israelíes, la llamada Generación del Estado, ha ignorado los acontecimientos del año 1948 y la Nakba, la catástrofe palestina, aparece sólo tangencialmente en las obras de Amos Oz, Abraham Yehoshua o David Grossman. Hay que releer la novela del israelí S. Yizhar sobre la expulsión de palestinos en 1948. Los actuales sucesos traen a la memoria el levantamiento del gueto de Varsovia. Los críticos no se ponen de acuerdo en la lectura de la novela de Yizhar. No saben si hay que considerarla como una toma de consciencia catártica o como, según escribió Haim Gouri, "una anécdota comparado con lo que los árabes nos han hecho". He vuelto a la novela, a Khirbet Khizeh, al contemplar las cruentas escenas de Gaza. Aunque sea recurrente decir que la fotografía es la herramienta artística con mayor capacidad expresiva, yo sigo creyendo que el texto literario es el que alberga en sus múltiples niveles de lectura el poder de sondear las profundidades de la experiencia humana. He vuelto al texto de Yizhar no sólo para comparar lo ocurrido en Khirbet Al Khisas, una más del conjunto de aldeas palestinas destruidas en noviembre de 1948, y lo que actualmente está sucediendo en Gaza, sino también para comprender el principio israelí que legitima el asesinato y la expulsión de palestinos. La aldea de Khirbet Al Khisas -que muy probablemente, según el jefe de la operación israelí, Yehuda Baiiry, sea la Khirbet Khizeh de Yizhar- estaba a medio camino entre Al Muyaddal y Bet Hanun. Es lógico pensar que sus habitantes huyeran hacia esta última población o hacia algún campamento o aldea de la Franja de Gaza. En ese sentido podemos decir que la novela de Yizhar no ha concluido todavía, que 60 años después adopta una nueva forma y que las víctimas de hoy son las de ayer. El texto de Yizhar es asombroso porque realiza una aproximación profética al estilo realista. En la novela se detallan con precisión las tareas de una unidad del Ejército israelí encargada del desalojo de los habitantes de una aldea palestina y de la demolición de sus casas, pero lo hace empleando un tono profético y judaico, como si tomara prestadas las voces de los profetas del Antiguo Testamento. La ocupación de la aldea se completó en 1948 sin ninguna resistencia. La novela describe la angustia del sujeto israelí y también sus bromas y pasatiempos. En cuanto a las víctimas palestinas, son meros objetos sobre los que recae su acción, una prolongación de la naturaleza, de la geografía y de la fauna, una parte silente, resignada e impotente. Producen escalofríos los calificativos que los miembros de la unidad israelí dedican a los campesinos árabes, a los que despojan de cualquier atributo humano. Contemplemos algunos ejemplos: son inmundos, despreciables, almas hueras, gusanos, apestan a tumba, no son hombres, son fantasmas, huyen, son depravados. En cuanto a su tierra: está podrida, cubierta de suciedad por todas partes. Los soldados de la unidad israelí también se mofan de la cobardía de los palestinos que no luchan para defender sus campos y sus hogares. ¿No nos recuerdan este tipo de expresiones racistas las de otro vocabulario, el usado por los nazis durante el Holocausto? Dos son las escenas culminantes de la novela: en la primera presenciamos la locura de una mujer palestina y su bebé: "De pronto irrumpió una mujer con su hija lactante en brazos, una criatura flaca a la que zarandeaba como si fuera un objeto sin valor. La niña tenía la cara macilenta, estaba enferma y daba asco y su madre, asiéndola por los harapos, la hacía bailotear ante nosotros mientras nos suplicaba, sin que sonara a burla o rencor, sin lamentarse tampoco como una loca, tal vez porque su súplica era una mezcla de todo esto, que si queríamos, nos quedáramos con ella". ¿No se vislumbra a través del baile de esta mujer algo semejante al ambiente de los campos de concentración y exterminio nazis? Si ponemos lado a lado los calificativos que los soldados atribuyen a los lugareños y esta aterradora escena, ¿no nos encontramos ante un lenguaje típicamente antisemita empleado antes por los fascistas en Alemania y Europa en el contexto del genocidio contra los judíos? La segunda es una escena traída de la Biblia: "Aquellas mujeres y niños, aquellos inválidos, cojos y ciegos, saltaban directamente de algún pasaje de la Tora". Yizhar describe así las víctimas palestinas y, yendo un poco más allá, dice haber buscado un Jeremías entre los palestinos: "Pensé si no hallaría entre ellos también a su Jeremías, alguien que furioso se golpeara el corazón e invocara entre ahogos al dios anciano desde lo alto de los trenes del exilio". La propia novela, con sus resonancias bíblicas, zanja la cuestión semántica. Si el crítico puede llegar a dudar de las connotaciones de los calificativos usados por los soldados de la unidad israelí, considerando que tal vez sólo fueran expresiones coloquiales de los combatientes, la duda queda resuelta con esas víctimas surgidas de la Tora. Los soldados de la unidad israelí, metáfora de la sociedad israelí, han encontrado a sus judíos. Es decir, que el proyecto sionista de construcción de un Estado como todos los Estados del mundo y la fundación de un pueblo combativo siguiendo el modelo europeo no se puede llevar a cabo a no ser que los judíos encuentren sus judíos. De este modo, el judío israelí puede dejar de ser un judío connotado según un diccionario racista para pasar a prodigar esos calificativos a su víctima palestina. Aquí habla la literatura a través de Yizhar diciendo lo que nadie puede o se atreve a decir. Resulta irónico que Yizhar fuera un sionista elegido en varias ocasiones diputado de la Knésset por el Partido Laborista. El texto literario expresa la verdad del principio israelí por el cual se legitimó en el pasado la expulsión de las familias de Khirbet Khizeh y legitima hoy el asesinato de sus descendientes en Gaza. La novela de Khirbet Khizeh narra escenas parecidas a las del confinamiento de los judíos en los campos de concentración durante la aciaga etapa nazi, pero, ¿qué lectura podemos sacar de la sangrienta masacre a la que se ven expuestos los descendientes de esos desdichados aldeanos en la Gaza de hoy en día? No esperemos a un novelista israelí para completar la narración, porque la imaginación de cualquier tirano criminal es mucho más fértil que la de todos los novelistas juntos. Lo que estamos presenciando nos cuenta dos verdades: la primera verdad cuenta que Gaza es un gueto real sólo comparable a los guetos de Europa del Este expuestos a matanzas y pogromos. La política israelí en Cisjordania y la Franja de Gaza gira en torno a la construcción de guetos sellados a cal y canto para los habitantes originarios palestinos. Ése es el significado del muro segregacionista en Cisjordania y lo es, asimismo, del bloqueo total de la Franja de Gaza. Es decir, que los políticos israelíes responsables de este confinamiento por la fuerza militar no solamente han olvidado la historia de opresión de la que han sido objeto los judíos, sino que han decidido identificarse con sus asesinos e imponer a los palestinos que se conviertan en los judíos de los judíos. La segunda verdad es que la resistencia de la Franja de Gaza hoy, y la resistencia de las ciudades cisjordanas y sus campamentos durante la invasión de 2002, se parece al levantamiento del gueto de Varsovia. Es cierto que la Intifada de los guetos de Cisjordania fue aplastada en el año 2002 y que la intifada de Gaza sucumbe ahora entre sangre y destrucción sin esperanza alguna depositada en la misericordia de un Ejército que no se ha compadecido de sus víctimas palestinas ni en una sola ocasión, pero también es verdad que los judíos de los judíos han acabado descubriendo la naturaleza racista y fascista del Estado israelí. También lo es que su sacrificio, su lamento y su muerte hallarán un Jeremías que además de lamentarse por su pueblo lo hará por el ser humano dispuesto a ser el instrumento de un dios de la guerra y del asesinato despojado de su imagen para idolatrar al becerro del racismo. |
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Lo que sigue, después de un correo mío que acompañó al artículo de Teresa Aranguren y otros intelectuales, son correos cruzados durante estos días de enero en torno al último y sangriento episodio del “conflicto árabe-israelí”. Como son sencillamente reales, las cartas mezclan a veces la tragedia con toques de dudoso humor y comentarios banales sobre la cotidianidad. Sin duda, a algunos se nos calienta la boca con las trágicas noticias y las espeluznantes imágenes que llegan. Pero todos en este barco sufrimos, aunque a veces parezca que alguien pueda hablar desde el automatismo de una posición fija. Naturalmente, el antisemitismo está excluido de esta discusión. Igual que el derecho del Estado de Israel a existir. En realidad, ¿quién va a hablar en serio de borrar del mapa a una nación económicamente inexpugnable, apoyada por "la mayor democracia del mundo" y armada hasta los dientes, bombas atómicas incluidas? Créanme, antes desaparecería España. “Israel tiene derecho a defenderse”, repiten a coro conservadores y socialdemócratas. Pero después de la ingente campaña mediática y política sobre el carácter actual y único del genocidio judío –como si los judíos, y el mismo Estado de Israel, estuvieran al borde del exterminio- esa frase justifica iniciativas criminales que ningún Estado, delincuente o no, se atrevería a emprender. Es cierto que entre los palestinos ha habido luchas fraticidas, pero eso no autoriza a dudar de que exista un pueblo palestino. De otro modo tampoco se explicaría –precisamente para que ese pueblo no se organice en Estado- la saña con la que Israel se ha empeñado en la carnicería. Lo cierto es que las presiones internas en Israel para conseguir una sociedad homogénea y segura, hostigando y expulsando a los pocos cristianos que quedan y amordazando por completo a los árabes, musulmanes o no, son tremendas. Por otro lado, dejando aparte las matanzas de nuestras guerras coloniales y de sus secuelas, ¿cuándo desde el nazismo habíamos visto que los nuestros ejecutases tal cantidad de atrocidades, aunque de ellas apenas sabemos la mitad, dado que los ocupantes han impuesto la ausencia de cámaras? Ni siquiera en los Balcanes podemos imaginar una carnicería así, puesto que los asesinos de todos los bandos tenían fuerzas relativamente equiparables. Desde las raíces del mundo moderno, las matanzas se han vuelto vitales para mantener el orden. Y a la hora de matar, los Tutsis -tal vez también los miembros de Hamás- son unos simples aficionados. Incluso para la azulada OTAN los serbios eran carne de segunda, más o menos respetable. Los habitantes de Gaza son carne de tercera, pura casquería donde probar la espectacular eficacia digital de las nuevas armas. Por eso el "bronceado" wasp que pronto ocupará la Casa Blanca -¡Señor, lo que dicen las palabras!- se puede permitir el lujo de ni mencionar a los palestinos, de los que tampoco se tienen imágenes, a la hora de relatar sus prioridades internacionales para mantener la seguridad de America. La superioridad militar y tecnológica de Israel es abrumadora. Tanto, se puede decir, que sólo la resolución "suicida" -para nuestra mentalidad pragmática- de la otra parte puede compensar de alguna manera la violencia letal de los muchachos y el armamento del Tsahal. Y sin embargo, repetimos, Israel es una democracia, con toda la parafernalia envidiable que esto implica: bienestar económico, estado de derecho, tecnología punta, apasionantes debates sociales, minorías exóticas, playas nudistas, derechos de los homosexuales, etc. Con lo cual, lo más grave de este exterminio decretado por Tel Aviv vuelve a plantear una cuestión -magníficamente tocada por Agamben- que no estaremos durante mucho tiempo preparados para mirar de frente: las complicidades íntimas de totalitarismo y democracia. Quizás la misma indiferencia neutra -nothing personal!- hacia la vida personal de uno de los nuestros, cuando por cualquier razón cae del lado informativo del mal, es la que después se manifiesta en las matanzas que perpetramos con la masa de "color" de esas extrañas regiones lejanas. En todo caso, la barbarie masivamente organizada, normalizada, es una cosa nuestra, no de las sociedades tribales del exterior. Al fin y al cabo, recordémoslo otra vez, el nacionalsocialismo surgió, no del corazón de África, sino de una democracia clásica en apuros. Parafraseando uno de los momentos de estas cartas, se puede decir que fue la escandalosa escasez de "planfletos juveniles cuajados de tópicos" lo que permitió que el nazismo se adueñase lentamente de las entrañas de Europa y después llegase a París en treinta días. Son urgentes otra vez "panfletos juveniles" que señalen lo obvio, que le pongan palabras a la evidencia cruda de los hechos, que es exactamente lo que tiende a pasar desapercibido en cualquier época. Deberíamos quizá tomar nota de un detalle. Para justificar sus escandalosas iniciativas "militares", los dirigentes israelíes llevan años diciéndonos a la cara una verdad muy simple que no queremos oír: ellos se limitan a hacer abiertamente el trabajo sucio que Occidente entero realiza de forma oblicua en momentos de apuro o encarga directamente a otros, toda esa laya de tiranos y fanáticos que compramos a bajo precio. No sé si se puede sacar la impresión en estas cartas de que uno tiene que decir la palabra final. Ésta está por escribir y, desgraciadamente, no tiene nada que ver con el peso de los argumentos, sino con la tecnología punta del poder económico y militar. Esperemos que tanto dolor, tantas vidas desmembradas, tanta sangre derramada allane el camino para que un día dos Estados puedan cohabitar en la misma región. Queridos amigos, Como es sabido, con amplia convocatoria ciudadana, este próximo domingo a las 12 h parte al fin de Cibeles una manifestación, que debería ser masiva, contra la barbarie que el sagrado Estado de Israel está volcando sobre la depauperada población de Gaza. Tenéis más abajo el manifiesto de unos intelectuales sobre esta ya vieja cuestión, que no deja de dar giros más y más espantosos. Que la impunidad de los Elegidos les permita ejecutar públicamente cualquier acción que repugnaría a un Estado “normal”, que el ejército israelí haya tenido la inteligencia de desencadenar esta masacre en plenas Navidades, en los últimos días del mandato de Bush y a las puertas de las elecciones judías –todo entre nosotros es de consumo interno, los Otros son sólo una algarabía de fondo- no impedirá que estemos a tiempo de protestar, de presionar, intentando limitar el alcance de este conocido y olvidado genocidio. Con esta simple intención, allí estaremos esa mañana unos cuantos miles. Por favor, difundid esta convocatoria cuanto podáis. Un abrazo Ignacio Castro No es una guerra, no hay ejércitos enfrentados. Es una matanza. No es una represalia, no son los cohetes artesanales que han vuelto a caer sobre territorio israelí, sino la proximidad de la campaña electoral lo que desencadena el ataque. No es la respuesta al fin de la tregua, porque durante el tiempo en el que la tregua estuvo vigente el ejército israelí ha endurecido aún más el bloqueo sobre Gaza y no ha cesado de llevar a cabo mortíferas operaciones con la cínica justificación de que su objetivo eran miembros de Hamás. ¿Acaso ser miembro de Hamás despoja de condición humana al cuerpo desmembrado por el impacto del misil y al supuesto asesinato selectivo de su condición de asesinato sin más? No es un estallido de violencia. Es una ofensiva planificada y anunciada hace tiempo por la potencia ocupante. Un paso más en la estrategia de aniquilación de la voluntad de resistencia de la población palestina, sometida al infierno cotidiano de la ocupación en Cisjordania y en Gaza, a un asedio por hambre cuyo último episodio es la carnicería que en estos días asoma en las pantallas de nuestros televisores en medio de amables y festivos mensajes navideños. No es un fracaso de la diplomacia internacional. Es una prueba más de complicidad con el ocupante. Y no se trata sólo de Estados Unidos, que no es referencia moral ni política sino parte, la parte israelí, en el conflicto. Se trata de Europa, de la decepcionante debilidad, ambigüedad e hipocresía de la diplomacia europea. Lo más escandaloso de lo que está pasando en Gaza es que puede pasar sin que pase nada. La impunidad de Israel no se cuestiona. La violación continuada de la legalidad internacional, los términos de la Convención de Ginebra y las mínimas normas de humanidad, no tiene consecuencias. Más bien, al contrario, parece que se premia con acuerdos comerciales preferentes o propuestas para el ingreso de Israel en la OCSE. Y qué obscenas resultan las frases de algunos políticos repartiendo responsabilidades a partes iguales entre el ocupante y el ocupado, entre el que asedia y el asediado, entre el verdugo y la víctima. Qué indecente la pretendida equidistancia que equipara al oprimido con su opresor. El lenguaje no es inocente. Las palabras no matan, pero ayudan a justificar el crimen. Y a perpetuarlo. En Gaza se está perpetrando un crimen. Lleva tiempo perpetrándose ante los ojos del mundo. Y nadie podrá decir, como en otro tiempo se dijo en Europa, que no sabíamos. Teresa Aranguren Pedro Martínez Montávez Rosa Regás José Saramago Pilar del Río Cármen Ruiz Bravo Belén Gopegui Constantino Bértolo Santiago Alba Querido Ignacio, Te envío un saludo al practicar con mi nuevo y primer ordenador portátil y movido también por una anécdota de anoche. Estábamos en un bar, cuando uno del grupo empezó a leer de su móvil un texto que sonaba a juvenil panfleto cuajado de tópicos que nos hacían sonrojar a los presentes, además de algunas falsedades. Todo sonaba a falta de razonamiento y juicio. Creo que citaba al mundo (pásalo...), a una manifestación, o algo así, a favor o en contra de palestinos, no sé si de los de Hamás, los de Al Fatah, los del gobierno de Israel, los de algún otro grupo judío, los jordanos o de quiénes. Al final de la triste nota ponía tu nombre. Con mi mejor voluntad, pienso que es posible que fuera tuya, pues las personas somos afortunadamente infinitas e impredecibles. Pero cuídate, muchacho. Saludos a L. y a familia toda, F. Querido F., Qué bien que aparezcas, aunque sea en estas extrañas circunstancias! Querido amigo, no suelo hacer panfletos juveniles cuajados de tópicos. Aunque confieso que me gusta sonrojar a alguna gente, no tengo la certeza de que nada enviado por un móvil sea mío. Sin embargo, me encanta que mi nombre, sobre todo entre los amigos que no suelen leerme, ande por ahí en bares y demás. Que hablen de uno aunque sea bien. El caso es que comprendo tu tristeza. Debe ser efectivamente un poco perturbador comprobar que los Elegidos pueden ser, una vez más, descendientes de los nazis, modelo general de toda raza ariosuperior. Y el caso es que no te equivocas tampoco en otra cosa: frente a los nuevos arios, estoy con los nuevos judíos, esos palestinos que, a diferencia de los judíos alemanes, no se entregan al holocausto como mansos corderitos que se sienten culpables. Cuando pase la infamia de este intento de Solución Final, del que en realidad no somos del todo culpables ni yo ni tú –si acaso, sólo por omisión-, ¿por qué no quedamos en cualquier bar o en una de las dos casas a tomar algo, a ser posible con alcohol? De paso que nos reímos comprobaremos cómo funcionan las nuevas maquinitas. Hay que seguir viviendo. Saludos entretanto para toda la familia. Tuyo, este muchacho que se cuida Ignacio Querido Ignacio, Mi competencia como internauta me impide responderte del modo que quisiera a algo que me atañe de modo especial; la guerra en Oriente Medio no me es ajena ni moral ni intelectualmente, si es que puede haber separación alguna. Así que te envío este galimatías que espero insinúe algo de lo que pienso. No entiendo cómo se te puede pasar por la cabeza que me puedan molestar críticas concretas al estado de Israel. El que yo crea en su inevitabilidad, incluso su legitimidad como Estado, no evita que me horrorice ante la desproporción de su reacción. Esta debe ser calificada como terrorismo de estado y estoy convencido que es una aportación nula a la paz y seguridad en la zona. Seguro que en Israel no pocos piensan como yo. Lo evidente es que estamos ante un ataque masivo contra la población civil de Gaza y no se me ocurre argumento alguno que pueda justificar esas acciones que, por sus efectos, tienen el rostro del crimen. Así difícilmente Israel podrá lograr un futuro de paz y, previsiblemente, las actuales elecciones hipotecarán su futuro y recogerán sangre, dolor e inseguridad, militarizándose cada vez más. Vamos a asistir a un mayor enquistamiento del conflicto, ya que el fortalecimiento de las bases de Hamás será inevitable. Paradójicamente, Israel alimenta a la serpiente, haciendo que su veneno resulte más letal. Da miedo pensar en la imagen bíblica-coránica del fuego redentor. En cuanto a la respuesta de F., evidentemente hay restos y ajustes de cuentas que se me escapan, pero no me parece una boutade todo lo que dice. No olvidemos que el enfrentamiento, en el 2007, entre Hamás y Al Fatah, tuvo como consecuencia casi 300 muertos palestinos en Gaza y la expulsión de Al Fatah, al tiempo que en Cisjordania se practicó una política de plomo y encarcelamiento contra Hamás. Así que, al margen de las ironías, no puedo dejar de estar de acuerdo con F. cuando insinúa que Palestina como movimiento global es una entelequia. Quizás algo de esto también serviría para Israel. De todos modos, el sentido de la indignación actual está claro: la brutal instrumentalización política de la vida humana, despojándola de su singularidad y convirtiendo al individuo en masa sacrificable. El manifiesto de Teresa Aranguren y los otros firmantes, si no fuese por la unidimensionalidad que hay detrás, no me costaría firmarlo en la medida que fuese una respuesta concreta a una acción concreta. Pero me temo que hay más que rascar, la desaparición de Israel, y seguro que ese trasfondo dificultaría los espacios de una convergencia posible. Tener razón en alguna ocasión, no garantiza que la tengamos siempre. Respecto a tus textos, me cuesta entender cómo repites la idea del pueblo elegido, sueño mesiánico que está en los orígenes del sionismo, pero que, hasta donde conozco, juega un papel excéntrico en la actual política israelí. Por otra parte, resulta insoportable, además de tópica, la mofa de los judíos dirigiéndose como corderos degollados al lugar de su ejecución. No sé si piensas lo mismo de los cristianos en Roma, de los burgueses o los mujiks en la URSS, de los campesinos chinos o camboyanos, de los negros en EEUU. Todo es más complejo y el tono que utilizas me produce una especial aversión. El domingo publicó El País un artículo de Vargas Llosa que creo tiene interés, y me gustaría conocer la opinión de Amos Oz o de Grossman, del otro Israel. Sin más, un fuerte abrazo. R. Querido R., Tiene gracia, me has enviado el mensaje creo que tres veces, cuando en la primera (je, je) ya estaban claros tus argumentos. En la respuesta de F. no sé si hay restos o ajustes de cuentas; si los hay, a mí también se me escapan. En mi “entorno” nadie duda de la inevitabilidad del Estado de Israel, incluso de su “legitimidad”, dado que ya está ahí. Lo de la división palestina es un argumento que no se puede emplear así, ni como lo emplea el estado de Israel. Es cierto que un problema crónico entre los musulmanes es el fanatismo local, el sectarismo, una especie de trastorno bipolar entre la furia suicida y la rendición colaboracionista. Pero recuerda que es lo que siempre ha buscado Israel, la división de los palestinos. Esto hasta el punto (te podría buscar nombres y años) de incentivar al radicalismo terrorista en los años en que Al Fatah era el único movimiento. En realidad, los dirigentes israelíes no pueden ni concebir un movimiento palestino con cuerpo y cabeza, algo que no sea una algarabía más o menos masacrable, de manera que han hecho todo lo posible para que esa unidad no se produzca, y lo han hecho inteligentemente, con una mezcla de “asesinatos selectivos” y ofertas de compra. Recuerda que siempre odiaron a Al Fatah y a Arafat (que yo sepa, todavía no está nada claro que los servicios secretos del Mossad no hayan participado en su muerte). En este punto la política ha sido parecida a la de Inglaterra con el continente: conseguir a cualquier precio que ninguna potencia fuese hegemónica: si Francia amenazaba con eso, apoyar a Prusia, etc. En este sentido, Hamás es el resultado directo de la parálisis a la que Israel condenó a la Autoridad Palestina oficial, y no creo que el ejército israelí esté descontento con su existencia. Sin justificar nada, se trata en Hamás del terrorismo de la desesperación. En el caso de Israel, se trata del terrorismo de la sobrepotencia, del que nace de una soberbia que desprecia a los otros como ratas. No creo francamente que haya ningún paralelismo entre una violencia y otra, más acá del dato de que la proporción de muertos sea de 1 a 100. Aunque soy muy judío, de un tipo de judaísmo tal vez minoritario –más el desierto que la Sinagoga: piensa en mi constante dificultad para arraigarme localmente, en mi tendencia a entender la Promesa como Promesa, no como Tierra, en mi desconfianza ante todas las instituciones- no soy un experto en el tema, ni me interesa en particular. Pero algún día habría que investigar la extrañísima mansedumbre –salvo Varsovia y poco más- de la entrega judía al mal llamado Holocausto –Agamben comenta que hay poco de eso: por el contrario, se les extermina sin ninguna liturgia, con la rutina que se aplica a los piojos-, la aparente colaboración de las autoridades judías del momento, la constitución moderna del Estado de Israel al final justo de la II Guerra, etc. Los nazis eran muy inteligentes, lo sé, mucho más de lo que dice Hollywood. Aún así, el “colaboracionismo” judío no sería mal tema de investigación. Lo triste es que todo este debate está completamente al margen de la cuestión: una maquinaria militar y económica en marcha que es imparable. Me parece, para resumir, que hay tres factores que explican la política moderna del Estado de Israel. 1) Su condición de Víctimas elegidas: la campaña incesante en torno al Holocausto, cuando era un tema que ya conocíamos, ha logrado una impunidad casi absoluta (algunos nos hemos tomado la molestia de decir que la insistencia en el unicum del Holocausto tiene el efecto político de hacer un unicum del Estado moderno de Israel, que no tiene que aceptar ninguna norma que valga para los otros). 2) Israel tiene además la complicidad casi incondicional (piensa en el silencio del “bronceado” Obama) de los Elegidos por excelencia de la modernidad, aquellos que se llaman a sí mismos America, que no han dejado de utilizar al moderno Israel para dividir a sus enemigos de siempre, los árabes. 3) Y finalmente, es un tópico, pero no por ello menos cierto, el peso del lobby judío en la macroeconomía mundial, EEUU y Francia incluidas. Si a esto le sumamos una potencia militar y técnica verdaderamente formidable, en fin, todos nuestros debates son sencillamente ridículos. Bueno, mientras tanto tengo que dejarte para preparar las clases. Un abrazo Ignacio Una vez más, te envío esto con alguna duda, por eso no me enfadaría que esperes a leerlo o que directamente no lo leas. La verdad es que no entendí bien el último mensaje tuyo. Lo de “inconmensurable” me parece un poco exagerado, salvo que estemos tocando un tema intocable, separado por una distancia inconmensurable del sentido común y del derecho general. Pero comprendo tu hartazgo. Con lo de ridículo, no sé si me expliqué, sólo me refería a que hasta parece un poco frívolo hacer debates en los bordes de un tema así, cuando en realidad los acontecimientos siguen un curso inexorable que sólo podía parar una fuerza que poco tiene que ver con los argumentos. La errata de Al Fatal tiene gracia. Al Hamal nunca jamal. En fin, hay que echarle humor a la cosa. Te escribo en realidad para enviarte el correo de un amigo holandés -corresponsal de la televisión estatal- de mi amiga P., donde se queja de algunos aspectos de mi primer envío, y mi respuesta. Tal vez debas ahorrarte las dos cosas. Un abrazo Ignacio Hola P., Algo que no tiene que ver contigo, pero como eres la persona que me ha mandado esto... Aunque estoy de acuerdo con el hecho de que esta guerra en Gaza es horrible y que Israel se pasa, produciendo más víctimas inocentes que matando a miembros de Hamas, personalmente no me gustan nada muchas cosas del correo de abajo. Palabras como "Los Elegidos", las "elecciones judías" o el "sagrado Estado Israelí" son referencias al carácter religioso o étnico de este país de Oriente Medio que son inútiles, muy sospechosas y contraproducentes. Referencias inútiles, si la intención es manifestarse contra una injusta guerra. Como muchas personas (aquí en Holanda, por lo menos) soy hipersensible a cualquier referencia así. Porque fácilmente se pueden estas referencias mezclar con existentes sentimientos de antisemitismo. La combinación de estas palabras con el tono cínico hacen que me sienta incómodo con esta convocatoria. ¿Por qué no es posible ver a Israel como un Estado como cualquiera? ¿Por qué no se puede criticar a este país sin usar tal diccionario y así extrañar a la gente como yo, críticos con Israel, pero muy alérgicos al antisemitismo que concluyó hace muy poco en el más mecánico y cruel de los genocidios? Es fácil para cualquier defensor de Israel apuntar al tono de esta convocatoria para "dismiss"(no me sale en español) la crítica. "Son unos antisemitas", dirán, y así ya no tienen que autoinvestigarse. Aunque luego la crítica básica para mí es correcta (la que denuncia la matanza cruel e inútil de muchísima gente en Gaza, niños y mujeres, civiles más que militares), el uso de estas palabras hace sospechar que detrás está enraizado un sentimiento antisemita. Si no es así, ¿por qué no escribir simplemente "las elecciones" sin añadir “judías”? A mí me la pela si un país es judío, musulmán o católico. Si hace algo mal lo hace mal. Nunca pensaría usar la palabra "gobierno católico" para referirme al estado español o "estado protestante" para mi gobierno. ¿Por qué hacer referencia al "Pueblo Elegido" bíblico si simplemente se trata del pueblo israelí? ¿Qué fin tiene la palabra "sagrada", aparte de referirse a la misma cosa, al hecho de que son judíos (muchos de) los israelitas? ¿Acaso no es suficientemente grave que se está haciendo una guerra contra un pueblo sin refugio? ¿El hecho que son judíos la hace peor? Leyendo el segundo correo, estoy de acuerdo con muchas cosas hasta que leo la horrible última frase, el peor cliché entre las comparaciones: "Y nadie podrá decir, como en otro tiempo se dijo en Europa, que no sabíamos". ¿Acaso es imposible criticar a Israel sin volver a la Segunda Guerra Mundial? ¿Por qué siempre se tienen que hacer comparaciones inútiles y muy controvertidas como igualar la matanza de ahora en Gaza con el Holocausto? No lo comparto, y no entiendo por qué muchos críticos de Israel caen en la trampa de la Shoa: es tonta, inútil, peligrosa y contraproducente esta comparación. Por ejemplo: por esta frase (de "no lo sabíamos"), el correo de Ignacio Castro y la idea que hay detrás de todo esto, yo (por muy crítico que de verdad soy hacia Israel en esta ocasión) rechazo esta convocatoria. Como periodista de TV, todos los días veo imágenes de niños quemados, de abuelitos en shock por perder a sus nietos, de maridos locos porque sus esposas han sido matadas por los soldados israelíes. Es horrible lo que pasa en Gaza, como en escala mucho más pequeña también es horrible lo que hace Hamas con sus cohetes, sin querer comparar la escala de ambas crueldades, pero tampoco queriendo convertirlo en "un detalle". Ahí también mueren inocentes. Hago lo posible para enseñar la sangre que todo eso supone. Pero no podría hacerme aliado de un diccionario tan sospechoso. Pobre P., que tuviste que sufrir mi rabia... Hablamos de cosas menos crueles luego. Un abrazo, Estimado M., He leído con atención el correo que le enviaste a nuestra amiga P. Ella, en buena lógica, me la ha enviado a mí, entendiendo que en todo caso era yo quien debería contestar. Como agradezco que hayas puesto por escrito tus opiniones, me tomo la libertad de discutirlas. Antes de nada una aclaración técnica: la expresión “elecciones judías” y otras parecidas, sin ningún sentido peyorativo, son normales en el periodismo español, por eso las uso. Dicho esto tengo que aclarar que, en principio, la acusación de antisemita “me la pela”, repitiendo la expresión de tu ágil español. Y “me la pela” no porque yo sea precisamente insensible al sufrimiento histórico del pueblo judío, antes y después de la Segunda Guerra, o insensible al genocidio nazi de los judíos, los eslavos, etc. Es que estoy harto de una acusación que sirve en medio mundo para callar a la gente y conseguir que los crímenes continuos del estado de Israel sean silenciados. En primer lugar, ¿dónde está el antisemitismo hoy en día, aparte de cuatro borrachos que profanen tumbas en las afueras de París o de Bruselas en una noche de euforia? Las masas árabes son lógicamente antisionistas, pero eso es otra historia, pues sufren a diario en su carne las caricias de la democracia israelí. Pero, ¿el antisemitismo, dónde está como fenómeno general? ¿Cuánto tiempo hace que “el malo” en cualquier película no puede ser judío? ¿Cuánto, treinta, cuarenta años? Por el contrario, el anti-islamismo está extendido por todas partes, es la constante de nuestra cultura europea o norteamericana, con la relativa excepción de España, quizás Italia. Antisemita es el insulto intimidatorio que se le dirige a cualquiera que habla en alto denunciando a un Estado delincuente como ha habito pocos en la historia. Es el insulto que precede a un acoso informativo, y a veces físico, que ha acallado a las pocas voces que denuncian la política xenófoba, ultrarracista del Estado de Israel. Para empezar, tengo que recordar otra vez que no se trata de ninguna “guerra”. Es una operación policial de limpieza protegida por una superioridad militar abrumadora. Van mil muertos palestinos, en su mayoría gente inocente. Y la proporción de 100 a 1 a favor de los judíos indica que estamos ante una incursión de castigo absolutamente segura para las fuerzas ocupantes. Los poquísimos soldados muertos por armas palestinas son más o menos los mismos que el propio ejército de Israel ha causado en sus filas por el llamado “fuego amigo”. Y no hay tampoco simetría en los dos terrorismos, aparte de que los cohetes de Hamás sean artesanales. En un caso es el terrorismo de la desesperación, que Israel no ha dejado de alimentar, pues ha torpedeado todos los intentos de solución política para Al Fatal. En realidad, recordemos, aún hoy nadie está seguro de cómo murió Arafat. En el caso israelí se trata del terrorismo de la sobrepotencia, de la soberbia que considera a los otros, o bien empleados del Estado sagrado o ratas a exterminar. Los habitantes de Gaza y Cisjordania viven en un limbo no muy lejano a lo que fue Abu Ghraib o a lo que es actualmente Guantánamo. A propósito del peso de la religión en Israel, tengo que recordarte que uno de los motivos aducidos hace pocos días para no dejar pasar a ambulancias y camiones con alimentos, fue que estaban en el Sabath y los funcionarios no podían trabajar. Esto mientras la aviación israelí si “trabajaba” sobre miles de cuerpos indefensos. No tengo nada contra la religión, las tres religiones monoteístas de nuestro entorno, todo lo contrario. No tengo nada de antisemita: me dedico a la filosofía y mis autores favoritos –por no hablar otra vez de Tiqqun- son Spinoza, Marx, Hannah Arendt, George Steiner, Giorgio Agamben… incluso Derrida -aunque este último me aburre un poco-, todos ellos son autores de origen judío a los que, felizmente, se les nota ese origen. Comparto con el judaísmo la voluntad de pensar el mundo desde el desierto, desde una trascendencia exterior al mundo, desde la “promesa” de una tierra que siempre está por llegar. Pero no creo en las culturas elegidas, en las razas superiores. Ni en la aria, ni en la estadounidense, ni en la hebrea, ni en la occidental, desarrollada, blanca, democrática, etc. Y sin embargo es imposible comprender la política de Israel sin tres factores político-religiosos, muy arraigados en la II Guerra, que tienen relación con una cultura de la excepción. Parece que si, antes de que llegase Sarkozy, Francia pudo reivindicar la “excepción cultural”, Israel practica sistemáticamente una excepción política que le permite vivir resueltamente al margen de derecho internacional. En primer lugar, su condición de víctimas ejemplares, únicas en la historia, como si a lo largo de nuestro pasado (tal como el mismo Vaticano ha recordado cien veces) no hubiera habido cien “holocaustos”, dos o tres por siglo. La campaña constante sobre el Holocausto nazi, genocidio que conocíamos desde siempre, ha convertido a los judíos en un unicum. Esto a su vez ha convertido en un unicum al Estado de Israel, que está por encima de las reglas que rigen a las demás naciones. Hasta el punto, insólito, que puede tener la tortura legalizada en su constitución, sin que pase nada; hasta el punto de que puede realizar “asesinatos selectivos” (no tan selectivos, con el líder de Hamás, mueren 10 personas más), sin que pase nada; masacres masivas de mujeres y niños, si que pase nada. Ni siquiera la ONU puede emitir un comunicado de condena. En segundo lugar, hay que señalar la alianza del moderno estado de Israel con el pueblo Elegido por excelencia en la modernidad, la “América” fundada por las sectas cuáqueras, metodistas, etc., como un territorio nuevo que se debe limpiar de la decadencia europea, de indios y bisontes al mismo tiempo. Si lees La ética protestante y el espíritu del capitalismo de Max Weber, o el magnífico texto “Los archivos del Edén” del judío George Steiner (un texto que un protestante holandés o un católico español no se atreverían a hacer) comprenderás en qué sentido la cultura estadounidense se ha fundado en un sectarismo feroz que se sitúa por encima de los demás pueblos de la tierra. La “mayor democracia del mundo” es la mayor secta de la tierra. Pues bien, se ha producido, por razones religiosas, culturales y políticas, una convergencia del cristianismo fundamentalista norteamericano y el sionismo sin la cual no se comprende la impunidad de Israel desde hace 40 años. Y no hay muchas razones para que esto cambie. El locuaz Barak Obama se ha mantenido sorprendentemente callado mientras el ejército israelí hacia su labor de limpieza en Gaza con el beneplácito de Bush. En tercer lugar, es difícil ignorar el peso de la comunidad judía en la economía occidental, no por tópica menos abrumadora. El periodismo, los políticos, la opinión pública de EEUU, Francia, Holanda y medio Occidente está amordazada por un papel crucial del lobby judío en las distintas economías. A eso súmale el natural complejo de culpa de Alemania y se comprenderá porqué la acusación de “antisemita” salta a la mínima crítica que se pueda hacer en Occidente a la política concentracionaria del Estado de Israel. ¿Por qué no llamarle genocidio a lo que realiza en los territorios ocupados, en esos gigantescos campos de concentración donde la vida se ha vuelto imposible? Por qué no compararlo con el holocausto si es el más inmediato precedente histórico en nuestro entorno? ¿Dónde se ha visto que un ejército civilizado, fuera de las guerras coloniales del pasado, encierre a hombres, mujeres y niños en una casa y después los ametralle a mansalva? Sólo la condición de Víctimas ejemplares del siglo XX permite a Israel una impunidad que no han tenido España, Inglaterra, Francia o Alemania en sus peores épocas. ¿Cómo no comparar su desprecio por los palestinos, que ha estimulado constantemente el terrorismo, con el de los nazis? La ideología no es nacionalsocialista, lo sé, pero el sentimiento inmoral de superioridad –acaban de prohibir a los partidos árabes presentarse a las próximas elecciones israelíes- es perfectamente equiparable. Estimado amigo, siento que todo esto te incomode y te produzca “rabia”, pero va a continuar. Mientras en España se pueda hablar de forma más o menos clara, a despecho de la mordaza que intentan imponer el PP y el PSOE, no te extrañe que la palabra Genocidio encabece las pancartas de nuestras manifestaciones. Con muy poco efecto, es cierto, Solana, Barroso y Brown siguen sonriendo mientas se reúnen con Livni. En el caso de esta última lo comprendo: tienen ganadas las elecciones. Pero los otros, ¿de qué se ríen? Como decía un político sudamericano poco querido en Europa, mientras los líderes giran de cumbre en cumbre, los pueblos rebotan de abismo en abismo. Es verdad, tenemos pocas razones para no estar rabiosos. Gracias por decir lo que piensas. Un saludo muy cordial Ignacio Castro Rey Querido Ignacio, Ahí van algunas consideraciones a los correos cruzados que tu texto y al parecer el mío (que no es tanto un manifiesto, sino un artículo con la intención de precisar más que polemizar) han suscitado. En primer lugar: la frase " Nadie podrá decir, como en otro tiempo se dijo en Europa, que no sabíamos" significa exactamente lo que dice, y no se refiere a las víctimas del exterminio nazi, sino a quienes, "como en otro tiempo se hizo en Europa" no saben, prefieren no saber, o simplemente callan sabiendo. Sostengo que lo que en estos días ocurre en Gaza es un crimen "consentido". Y no es nuevo, lleva ocurriendo desde hace décadas, más de medio siglo, en Palestina. La tragedia del pueblo palestino, desde la gran "limpieza etnica" que se llevó a cabo entre noviembre de 1947 y junio de 1948 y por la que 790.000 palestinos (la cifra proviene de las actas de Naciones Unidas) fueron expulsados de sus hogares, hasta la ofensiva de estos días en Gaza, que no será por desgracia la última, ha sido sistemáticamente "silenciada". Para ello el lenguaje, la utilización del lenguaje para ocultar los hechos, ha sido un arma tan poderosa como los misiles y los F16 del ejército israelí. Y hablando de lenguaje, algunas precisiones: El término "estado judío" no proviene de los presuntos enemigos de Israel, sino que es la definición que figura en la "carta fundacional" del estado de Israel y que los gobernantes israelíes utilizan siempre, entre otras cosas porque "pretenden" (esa fue y es la pretensión del movimiento sionista) erigirse en representantes del judaísmo, y en herederos de las víctimas del Holocausto. Lo cual es no sólo falso, sino muy conveniente a la hora de acallar voces críticas y sobre todo, denuncias explícitas a las acciones de Israel. Estoy de acuerdo, aunque por razones muy distintas a las que esgrimen algunos de los intervinientes en este cruce de correos, en que no se debe confundir lo judío con lo israelí, menos aún con sionista. Sionismo es una ideología (que sostiene el derecho de los judios a crear , ahora a instalarse, en un estado judío). Judaísmo es una religión. Israel, una nación. Los tres conceptos están relacionados, pero no son equivalentes, por mucho que los dirigentes israelíes quieran "hacerlos equivalentes". De hecho, los más agudos críticos del sionismo y del estado de Israel son judíos. Ilan Pappe, Maxime Rodinson, Israel Shahak, Tom Seguev, Norman G. Finkelstein, Noam Chomsky, Amy Goodman.... Y una precisión más. Israel no se creó para compensar a las víctimas del exterminio nazi. La colonización de Palestina por el movimiento sionista empezó a comienzos del siglo XX, de manera sistemática y bajo protección británica, a partir de 1917... Para quien esté interesado en conocer los hechos que culminaron en la expulsión de la población palestina (musulmanes y cristianos por igual) le recomiendo el libro La limpieza étnica en Palestina del historiador israelí Ilan Pappe, de reciente publicación en Ediciones "Crítica". También, aunque más dificil de encontrar, Palestina bajo Israel de Ilan Halevi (judío francés) en ediciones Akal. Y ya puestos, también recomiendo Palestina: el hilo de la memoria", en la edición de bolsillo de Mondadori, de Teresa Aranguren. Salam aleikum a todos, Teresa Aranguren |
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