Sexo y silencio: Entrevista de Paco Carreño

«Sexo y silencio apuesta por la aventura de una suciedad terrenal. ¿Seré condenado a la hoguera por ello? Casi me gustaría, pero no creo que ocurra».

PREGUNTAS SOBRE SEXO Y SILENCIO del poeta y escritor Paco Carreño:

¿Podrías explicar un poco la cópula de sexo y silencio? Si se titulase «Sexo o silencio» sería algo muy distinto, ¿no?

En este libro se estudia con detalle el sexo en relación con todo lo que le rodea, incluido lo más anímico y aparentemente asexual. También en relación con el inmenso tedio «anti-lujúrico» de la superestructura política e informativa. Como es un ensayo que intenta ir a la raíz de la sexualidad, me ha resultado inevitable descender al silencio de los cuerpos, esos registros secretos de la vida donde jamás entrará la policía social ni la vigilancia de la conciencia. Ciertamente, toda cópula se implica con el silencio, pues es imposible penetrar un cuerpo sin ser penetrado por la infinita ambigüedad, poco menos que ahistórica, que alienta en la carne. Mi libro nunca podría titularse «Sexo o silencio», ya que intenta mostrar que la sexualidad es un órgano de la soberanía indescifrable de los cuerpos.

Si el sexo es lo «espiritualmente animal», ¿la palabra no es erótica, es siempre pornográfica?

Creo que la palabra, la voz, es otro cuerpo. De ahí que nuestras obsesiones sexuales siempre estén teñidas de palabras, que el lenguaje pueda excitar o desanimar, etc. Hay erotismo en casi todo, desde luego en la palabra bien ritmada, usada con el calor y la caricia del afecto. O también con la intención, perversa o no, de la seducción. Si hay erotismo, en la palabra o donde sea, sobra la pornografía. Concuerdo con los que piensan que la actual inflación pornográfica es una triste prótesis, el sucedáneo espectacular de una sexualidad impotente, decaída. Y no decadente por culpa de la represión, sino todo lo contrario, en buena medida por culpa de la sobreexposición, por un exceso de incitación. Cuando el deseo retrocede en esta época moralista, pues se teme que podría meternos en veredas inseguras, avanza una obscenidad serpentina y suplementaria.

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