Notas sobre EL TRIUNFO DE LA RELIGIÓN (1974)

1-Analizar, gobernar, educar, tres posiciones insostenibles (69-70). Aunque nunca faltan candidatos, dice él, precisamente por la «imposibilidad» de la tarea. Y tal vez son imposibles porque hay en el hombre un resto incivilizable, un eco de lo Real que se resiste a la doma, a la socialización, a la cura. De ahí que Freud y Lacan se hayan planteado solamente «curar» aprendiendo a vivir con lo incurable. En otras palabras, curando la impotencia con la imposibilidad. ¿Lo real es como lo nouménico de Kant, pero no del lado de un simple «pensar», sino pasado a la inmediatez de un conocimiento imposible que nos reta, pues es nuestro suelo? De ser así, estaría cerca de cierta negatividad hegeliana que opera de este lado, en una especie de psicosis ordinaria que es el devenir del espíritu. Lo pre-ontológico que a veces comenta Lacan debe tener que ver con eso, con una imposibilidad que nos asedia.

2-A decir verdad, no es obligatorio que el hombre sea educado, ya que él realiza su educación solo. De una manera u otra, se educa (71). No sé si aquí Lacan se refiere a esa vieja idea socrática y griega -también está en Illich y otros- de que el hombre se educa a sí mismo errando, equivocándose: en la soledad de sus traumas.

3-No están en absoluto errados: se necesita, en efecto, cierta educación para que los hombres lleguen a soportarse entre sí (71). La sociedad como dique de separación, árbitro autoritario para que los hombres limiten su egoísmo y convivan. Pensemos incluso en el Estado (Weber) como la institución que detenta le exclusiva de la violencia. No existe, según Freud y Lacan, ninguna sociedad no represiva y, por tanto, la «educación» socialmente organizada es parte de esa indispensable violencia de unas «normas para el parque humano» (Sloterdijk). No olvidemos que para Freud y Lacan en el hombre moderno anida un resto incivilizable, un ello inconsciente, por lo cual no es tan extraño que para ellos dos la sociedad tema siempre a la existencia. 

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