Entrevista de Pedro Ferrández sobre el libro «Sexo y silencio»

«Preguntas sobre Sexo y silencio de Pedro Ferrández».
Somos unos paletos ante el secreto, y eso nos convierte en sexualmente impotentes.

¿Es Sexo y silencio el libro más difícil que has escrito? No lo sé, es posible. Tal vez tenga para mí y para nosotros la dificultad de lo que es corporal, impúdico e inmediato. Detrás hay un largo recorrido, una antigua lluvia mojando -valga la metáfora- un terreno empapado. Aunque el libro fue pensado en pleno invierno pandémico, en cierto modo para compensarlo, sufrí mucho. Tuvo el tormento, digamos, de hacer un libro donde, más aún que en otros, te implicas mucho personalmente, repasas tu vida entera, todavía con más turbulencias de confesión que en los anteriores. Esto no quiere decir que se trate de un libro autobiográfico. Por el contrario, pocas veces he realizado un esfuerzo así por ser descriptivo, realista y «sucio».

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Sexo y silencio: Entrevista de Paco Carreño

«Sexo y silencio apuesta por la aventura de una suciedad terrenal. ¿Seré condenado a la hoguera por ello? Casi me gustaría, pero no creo que ocurra».

PREGUNTAS SOBRE SEXO Y SILENCIO del poeta y escritor Paco Carreño:

¿Podrías explicar un poco la cópula de sexo y silencio? Si se titulase «Sexo o silencio» sería algo muy distinto, ¿no?

En este libro se estudia con detalle el sexo en relación con todo lo que le rodea, incluido lo más anímico y aparentemente asexual. También en relación con el inmenso tedio «anti-lujúrico» de la superestructura política e informativa. Como es un ensayo que intenta ir a la raíz de la sexualidad, me ha resultado inevitable descender al silencio de los cuerpos, esos registros secretos de la vida donde jamás entrará la policía social ni la vigilancia de la conciencia. Ciertamente, toda cópula se implica con el silencio, pues es imposible penetrar un cuerpo sin ser penetrado por la infinita ambigüedad, poco menos que ahistórica, que alienta en la carne. Mi libro nunca podría titularse «Sexo o silencio», ya que intenta mostrar que la sexualidad es un órgano de la soberanía indescifrable de los cuerpos.

Si el sexo es lo «espiritualmente animal», ¿la palabra no es erótica, es siempre pornográfica?

Creo que la palabra, la voz, es otro cuerpo. De ahí que nuestras obsesiones sexuales siempre estén teñidas de palabras, que el lenguaje pueda excitar o desanimar, etc. Hay erotismo en casi todo, desde luego en la palabra bien ritmada, usada con el calor y la caricia del afecto. O también con la intención, perversa o no, de la seducción. Si hay erotismo, en la palabra o donde sea, sobra la pornografía. Concuerdo con los que piensan que la actual inflación pornográfica es una triste prótesis, el sucedáneo espectacular de una sexualidad impotente, decaída. Y no decadente por culpa de la represión, sino todo lo contrario, en buena medida por culpa de la sobreexposición, por un exceso de incitación. Cuando el deseo retrocede en esta época moralista, pues se teme que podría meternos en veredas inseguras, avanza una obscenidad serpentina y suplementaria.

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