sobre la inquietud espacial de las poblaciones

El estado normal de la atmósfera es la turbulencia. El dédalo del movimiento popular, en ciertas partes del mundo, se parece al enjambre de flechas de distintos colores que intenta reflejar las presiones atmosféricas en una zona, los frentes de lluvia, los anticiclones y los vientos. Catástrofes naturales, hambruna, enfermedades, hostilidad vecinal, matanzas. Pero también la ambición, la voluntad de mejora, de huida o de conquista. Las migraciones, incluso de “pueblos sin historia”, son parte de la historia, la rehacen y la configuran, cambiando los mapas geográficos y políticos de los continentes. Y esto siempre ha sido así, aunque por razones a veces difíciles de entender. Y continuará siendo así, aunque con las oscilaciones propias de épocas y décadas muy distintas. De todos modos, no haríamos mal en recordar que, bajo el símbolo del hierro o del silicio, la historia es siempre una forma de coacción sobre la espalda del hombre, una pesadilla de la que siempre debemos despertar.

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