¿múltiple?

Monotonía dispersa, más bien. Nos dicen que el director de Múltiple (M. Night Shyamalan, 2016), el mismo de aquella película de terror adolescente que se llamó El sexto sentido, con un B. Willis que hacía -como siempre- de sí  mismo-, es de origen hindú. Si es así, M. Night sería una perfecta expresión de los efectos mentales de una colonización cultural. No hay en esta cinta nada que no sea cultura estadounidense al cien por cien, con la misma carga de miedo paranoico que expresa en su habitual gracia D. Trump al decir: «El mundo tiene un problema, pero yo estoy aquí para arreglarlo». Tiemblen con las soluciones.

 

El caso es que no basta ya con que el mundo externo a la secta de los elegidos sea un desastre, una tierra sembrada de virus, razas asesinas, estados delincuentes y terrorismo. Precisamente para que la furia puritana pueda ejercerse en todas direcciones, y también hacia dentro, mortificando el cuerpo, es necesario que en el hombre mismo anide un mal radical. De otro modo el hobbesianismo insular que caracteriza a la cultura angloamericana, satanizando toda condición natal, no encontraría suficientes disculpas para mantener su perpetua campaña militar contra la espontaneidad de la vida. Hay que enderezar el curso de las cosas. También en la mente de los hombres. Tras su aire de ingenuo cómic de terror, éste es el pérfido mensaje político, específicamente para adultos, de la última película de Night. Una vez más, el espectáculo se pone al servicio del cierre de filas en el Occidente blanco y sus tropas de elite, aunque ahora acompañadas de psicólogos.

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