todo este caer

El arte nace de lo intolerable, de una infancia maltratada que acompaña a la historia como una queja muda: Chet Baker, Morandi, Matisse, van Gogh. Para quien crea que la tortura es un fenómeno propio de la Edad Media, que se asome a Cartas a Theo, a De profundis, a Ecce homo... En más de un sentido el libro del pintor Alfredo Igualador (Todo este caer, Ed. Casus Belli) trata sin cesar del oficio de vivir. Supongamos que en nuestro orbe industrial una mayoría de humanos llevan una existencia privada, opaca y segura, un poco anodina, sepultada bajo la dedicación obsesiva al trabajo y a la especialidad profesional. La especialización, hoy casi anímica, nos salva de la soledad común ante una pregunta arcaica. Podemos entender el calificativo "privada" como un índice de una reducción de la existencia a la pantalla de la visibilidad y el éxito económico. Nos hemos expropiado, nos hemos privado de la sombra de vivir. La obsesión por el nivel de vida y el consumo; por la casa, el coche, el fin de semana y las vacaciones; finalmente, por una ansiada jubilación gloriosa son los hitos que jalonan el calvario de una entrega al dios de la historia que poco tiene que envidiar a la antigua y denostada vocación religiosa, que sacrificaba las vidas al más allá. Más de un pensador insigne ha establecido las conexiones anímicas entre la llamada interior de Dios, que vacía la tierra, y la llamada de una acumulación económica que debe salvarnos de una vida que esa misma llamada(Beruf) ha desencantando.

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Eventos y groupies

Querida E., no tengo grupo musical, ni secta ni adeptos. Por lo tanto, malamente podría tener groupies. Pero vamos, si tú quieres serlo, creo que haría una excepción contigo. Ayer lo pasé muy bien y solamente me dolió no poder apenas pararme con nadie, ni siquiera con mis sufridos alumnos del año pasado que acudieron en tropel.

Me levantaba al día siguiente a las seis de la mañana, de ahí mi estampida. Y me dolió de verdad no estar realmente con nadie. Son cosas del novio: no sabe a quién atender... y a la mínima queda mal con todo el mundo. Me dolió especialmente contigo y con algunas otras personas que ya era la segunda vez que acudía a una presentación, ya no sé (aunque yo la encontré muy distinta a la de Enclave) si cansina. La verdad es que me vuelco en cada convocatoria, y soy muy pesado insistiendo, porque me da pánico lo que alguna vez me pasó: que haya más gente en la mesa que entre el público.

Aunque algunos problemas no los hubo. La verdad, no creo que nadie dejase de hacer las preguntas que quiso, algunas más bien afiladas. Tal vez el que más diplomático estuvo fue mi presentador, pero su papel le obligaba. Y aún así me gustó, más incluso de lo que esperaba. Lo vi bastante más cómodo con mi libro de lo que me podía imaginar.

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el sentimiento de la vista

Dedicado a Olvido G. Valdés, El sentimiento de la vista es -entre otras muchas cosas- un canto a la grandeza escondida de las rutinas. Aunque comentan errores, existen mujeres y hombres inmunes al espectáculo del poder, a esta visibilidad obscenamente tipificada que es la vida pública. Vacunados por una conexión natal con el secreto que parpadea en los sólidos, esta estirpe de humanos a la que pertenece Miguel Casado conspira a favor de la subversión suprema de volver a soñar el mundo con los ojos abiertos, acercando lo visible a lo invisible que lo anima por dentro.

 

Armado de desfallecimiento, volviendo siempre de una país que tiene el corazón en ruinas, el poeta consigue volver a soñar la inercia, el dolor y la alegría pueriles de las situaciones diarias. En un mundo donde las noticias se acumulan como cadáveres, la poesía se hace cargo de la morrena de seres nimios desechados por el calor glacial que nos arrastra. Algunos humanos se quedan con todo, lo grande y lo pequeño, y lo viven como si fuera propio. A la vez, intentan mirarlo como algo ajeno, embarcado en un tránsito extraterrestre. El poeta puede lograr así que la sensación, en palabras de Casado, se transmute en un recuerdo de sensación. Digamos, en un sentimiento que consigue, en su mismo desorden, una peculiar inteligencia. Podría decirse que se llega a soñar el día con los ojos abiertos, mirándolo bajo una luz crepuscular que se cuela incluso en el más seguro mediodía.

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mañana en Cuba

El hombre no está hecho para la derrota; un hombre puede ser destruido, pero no derrotado. E. Hemingway

 

No es la decadencia lo que deja este poso agridulce de la vuelta. Ni tampoco los mil edificios destartalados de la otrora espléndida La Habana, de la que se dice que tenía más cines que París. Es más bien una penuria infiltrada en los huesos de una población castigada por los poderes del mundo. Humanidad, por cierto, extrañamente feliz, aunque de un modo muy distinto al nuestro. Hasta los balones con los que juegan los chicos en las calles -el béisbol ha retrocedido ante el fútbol- están desvencijados y hechos jirones. Además de cierto agotamiento, arrastras una resaca melancólica al volver de Cuba porque es triste asomarse a un orden social del que apenas, por mucho que leamos e imaginemos, conoces las claves. Este archipiélago antillano, bañado por un sol cegador, permanece escondido para el visitante. Bajo las sonrisas y el encanto frecuente, laten ciudades y cuerpos sumergidos. Y este secreto es a la vuelta amargo porque habla español y platica a la puerta de casas iluminadas, sin la disculpa del hielo del Este o del alfabeto cirílico.

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Ángeles armados

Querido M., aquí va el correo prometido. Sobre nosotros los sensibles, los "hombres huecos" (Eliot). Los amorosos, decía el poeta mexicano Sabines. Fíjate en este párrafo de Roxe de Sebes, pero tienes entre las páginas 10 y 13 otras muchas frases que van en esta dirección. Que tratan, en otras palabras, de lo que tiene que subir estoicamente la cabeza conforme baja el corazón: "En aquellos años se ensayó cómo seguir siendo idealista, incluso romántico, y al mismo tiempo participar en un universo social donde toda revolución, como hoy es bien claro, se mostraba imposible".

Ser bueno exige poder ser muy malo, aunque sólo sea para resistir los inevitables decepciones: "Has de ser cruel para ser amable", en palabras de Shakespeare. ¿Qué hacer cuando uno está rodeado de amigos donde la traición es posible, y no tiene ningún castigo, para que siga un mundo de simulacro y selección permanente?
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