¿Por qué odiamos tanto a Maradona? – Marcelo Barros – Psicoanalista

Texto de Marcelo Barros

“Violador, pedófilo, putero y maltratador” fue la descripción que la futbolista española Paula Dapena hizo de Diego Armando Maradona. Mientras su propio equipo homenajeaba al fallecido, ella hizo valer su protesta en el Día internacional por la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, demostrando a la vez el estatuto viril del esprit de corps. La fecha del 25 de noviembre conmemora la muerte de las hermanas Mirabal, asesinadas por sicarios del dictador Rafael Trujillo de la República Dominicana. Era más que esperable la desazón de muchas mujeres que trabajan, militan o se preocupan para tratar de prevenir o reparar la violencia que aqueja a tantas otras o a ellas mismas. Sintieron que el valor de esa fecha era opacado por la abrumadora atención que convocó la muerte del ídolo popular. Peor todavía, -y es lo fundamental- un ídolo que era un referente de una masculinidad no “des-construida”, y que cargaba con una dilatada lista de deméritos “machistas”. Sin embargo, nadie ignora que Maradona fue algo más que un jugador de fútbol. Fue un símbolo ambivalente que pasó a la leyenda. Muchos lo amaron y otros tantos lo odiaron. Y hay que resaltar que ese odio se hizo explícito sobre todo en dos sectores de la sociedad argentina: los liberales y las feministas.

Ver texto completo

 

LEJOS DE RUSIA, CON AMOR

Ustedes los occidentales están muy solos.
A. Sokurov

Cuando en tardes de julio atraviesas la dulce campiña gallega por tierras de Xixirei, volviendo de tus clases de inglés con Estella y ese obsesivo Forever changes en la cabeza -¿qué queda en ti que ya no sea una obsesión?-, piensas escrutar Rusia con un lirismo fortalecido por los años, arrancar las costras del prejuicio y encontrar los tallos verdes en la nación de Chéjov, Tolstoi y Limónov. Más tarde, esperando la salida del avión en ese gigantesco acelerador de partículas que es la T4, se te ocurre un emblema: “Vivir en un mundo tan expandido que todo viaje sea bajar“. Sin embargo, la dimensión de lo que encuentras en ese país de historia violenta de diez siglos, y treinta grados bajo cero invernales, enseguida te perturba. La escenografía sombría de las afueras de la ciudad a las 7 de la mañana, recordando la sombría monotonía del Este, el sueño, la barrera infranqueable del idioma, el joven taxista mudo en su coche destartalado, los primeros funcionarios inescrutables, todo esto pone a prueba desde el principio tu viajera voluntad californiana de los años setenta. Igual que la grandiosa extensión de San Petersburgo entrevista en el paseo de media hora larga entre Petrogradskaya Storona y Nevskiy, donde has quedado en tu primera cita.

Leer más

ASCUAS DE AYER

Exultante juventud, poco menos que insultante. ¿Vuelve con ella el afrodisiaco de la inocencia? Sí, la vida llena sus venas, sus dientes blancos, su risa de chica que empieza a ser mala. Antes su timidez impresionaba, con una voz ronca que salía de una dulzura cerval. Ahora no, ahora puede ya ser sutilmente descarada.

Vuelve entonces el reto en la doblez de las palabras, las complicidades, las alusiones a otros tiempos. ¿Decaes? Puede, pero la charla te rejuvenece, casi te presta una frescura que rutila a la altura de ella. Todo lo que queda de vida en ti bulle de pronto en el juego de los gestos, en una juventud que ya no te pertenece.

Clásica escena. Tres doncellas amablemente cortejadas por un hombre maduro. ¿Por el coraje del corazón, de una fuerza sensible en este mundo sin alma? Por el don de la palabra, del humor, tal vez del saber.

Pero ella es capaz de jugar hoy con todo eso. Rubia palidez esmaltada sobre un alma vacilante. Desenvuelta, provocativamente ingenua. Conserva ese toque de atrevimiento prudente de la mujer que ha sido tu alumna. Y respeta, pero también juega con la igualdad, con una especie de confianza en los vínculos. La presencia física, el calor de junio, las miradas. El lenguaje riente nos mantiene suspendidos en la misma mesa.

Leer más

Una encuesta inesperada

Dedicado a Juan Carlos, Coti, Sonia, Álvaro, Sonia, Leticia, Rebeca, Ainhoa, Bryan, Ana, Javier, Gregorio, Irene y Verónica. Gracias por soportar este carácter cambiante.

1. Si la personalidad está constituida en torno a un trauma (Freud), ¿cuál es el tuyo, la escena o hecho traumático que crees te ha marcado?
Los mimos, su ternura. Crecer entre siete mujeres y carecer de hermanos varones que me presionasen, que discutiesen mi terreno. Mi padre, un santo varón de por sí bastante reservado, se inhibió demasiado, fue demasiado liberal conmigo, poco “autoritario”. Con lo cual yo crecí entre nubes: soñaba continuamente porque no podía con el mundo real. Como no tenía, digamos, esa columna vertebral de la parcialización, la única forma de ser alguien entre mis amigos era ser el más bruto. En medio de una oscilación perpetua entre extremos, tuve muchos problemas con la necesidad natural del no, con esa dureza. Después de la adolescencia y una juventud difícil -solitaria, compleja, rebelde, demasiado intelectual-, cuando me di cuenta tenía la portería llena de goles. Por reacción, me costó un poco no convertirme en un “asesino en serie”. ¿Recordáis a Nietzsche?: aún ahora tengo problemas para pasar del León al Niño…

Leer más

Confesiones de noviembre

Encuesta de Isabella Ahumada a Ignacio Castro sobre Lluvia Oblicua
Noviembre 2020

1. ¿ Cuánto tiempo te ha llevado escribir Lluvia oblicua?

El libro arranca, creo, de unas polémicas clases de Psicología en el IES Isabel la Católica, en el invierno y primavera del curso 2016-2017. Lo empecé en el otoño siguiente, por lo tanto me llevó algo así como dos años y medio. Muy poco, comparado con Ética del desorden, en el que empleé tal vez el triple de tiempo. Pero el esfuerzo de un libro no se mide así, sino por la intensidad de miles de horas incontables. Son siempre días y días inenarrables de alegrías y desdichas, de descubrimientos mezclados con un cansancio y un hastío infinitos. Escribir no es nada distinto a vivir, una mezcla indescriptible de mil posibles polos opuestos que te tensan en un solo día. Al menos es así para los que escribimos sin haber podido elegir otra cosa, en suma, porque la dureza misma de vivir nos lo impuso.

2. ¿ Has disfrutado escribiendo el libro?

He disfrutado enormemente porque cada libro es como un viaje en el que encuentras todo tipo de paisajes inesperados, seres fantásticos, personajes interiores y órganos corporales que ni sabías que tenías. También sufres mucho, lo cual no deja de ser otra intensidad. Supongo que soy un hombre muy afortunado. La vida que me ha tocado me ahorra ver muchas tonterías en televisión y estar todo el día pendiente del aburrimiento masivo que es la información, la actualidad y las redes.

3. ¿Cómo cambia la vida la escritura de un libro?

En mi caso… no es que cambie, se recupera. La vida ya estaba “cambiada”, era muy tempestuosa e inestable por muy diversos factores: familiares, psicológicos, biográficos, etc. Al escribir un libro como Lluvia oblicua le das forma y le pones palabras a una emoción y un riesgo de vivir que ya estaban en marcha. Te liberas de fantasmas al hablar con ellos y darles voz. Es como si defendieras la “rareza” de tu vida, poniéndola en una arquitectura a la vista del público e intentando comunicar tus vivencias con una comunidad posible de gente que ni conoces. Al escribir devuelves a lo común el “comunismo” vital que está detrás cualquier existencia, por vulgar que sea. Siempre he pensado que era cierta esa idea de que un escritor dice en voz alta lo que muchos han vivido antes a media voz, en mil horas secretas.