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Bajo lo que cierto optimismo deleuziano pensó en su momento, vivimos en medio de un "hegelianismo generalizado". No hay más que ver nuestro contexto diario: pantallas antes que exterior, información antes que vivencia. Interactividad frenética de la acción y reacción, de la circulación perpetua. Y un infatigable conductismo de masas, con sus alternativas de culto. Nada parece escapar a la economía del espectáculo, con su relevo perpetuo de ofertas, desde lo más estándar a lo más anómalo.
Vivimos de hecho insertos, valga la expresión, en la corrupción estructural de la interactividad. Somos los nudos de una malla gigantesca con mil variantes diarias, cristalizadas en el juego de mayorías y minorías. UPyD interpela al gobierno por lo que ha publicado El País, que a su vez publica unos documentos a los que el periódico "ha tenido acceso". Etcétera. Información y movilización, estímulo y respuesta. De hecho, el parque humano ya no necesita normas explícitas porque la normativa está empotrada en el incesante relevo del impacto, que nos mantiene como público cautivo.
fuerza sin ley
La Ley se hace para un conjunto de hombres iguales ante la letra de unas tablas, un articulado o unos mandamientos. Teóricamente, en el mundo moderno y no tan moderno, las leyes están ahí como garantía de igualdad entre los ciudadanos. Incluso cuando una dictadura se dota de leyes es un paso, pues da una apariencia de que el simple arbitrio no gobierna, ni el nepotismo, ni el capricho de un solo monarca o una casta.
De algún modo, parece mentira que hoy tengamos que plantear de nuevo la cuestión de la igualdad ante la ley. Casi debería ser una vergüenza que entre nosotros tengamos que volver a discutir que una mujer y un hombre deben ganar el mismo dinero en idéntico trabajo, que un político importante debe pagar como un hombre cualquiera una infracción de tráfico, etc. Pero es evidente que todas las sociedades, incluidas las más democráticas, son una forma de poder y buscan la manera de encontrar su masa útil de desigualdad.
A vueltas con el diablo
A vueltas con el diablo
Gracias de nuevo, I.
Leeré el último texto tuyo. Sólo tres o cuatro cosas sobre lo anterior, esos "Signos de noviembre". Idealismo, euforias juveniles:Novios de la muerte, dices. Pero entre la caricatura de la Legión, esa voluntad sacrificial de los viejos modelos del héroe de derechas, incluso anarquista o terrorista. Y entre todo eso y nuestra bovina mansedumbre actual... no hay sólo un amplio término medio, sino sobre todo un territorio común y personal abandonado. Hemos delegado todo -salvo mear- en la información, la sociedad y los aparatos técnicos de captura...
Después, esa energía juvenil y adulta no canalizada es la que toma el camino de las drogas, los deportes de riesgo, la obscenidad televisiva o nuestro terrorismo, televisión incluida. No morir por ninguna causa podría estar bien, como sueño, pero resulta también aberrante: da lugar el terrorismo de la norma, a nuestras guerras justas, al terror de la moda y la inmanencia puertas adentro, eso que convierte a nuestras sociedades democráticas en fundamentalistas de la economía. Propietarias de un integrismo vacío, el del nihilismo capitalista, que genera monstruos, dentro y fuera.
No estar dispuesto a morir por nada, ni siquiera por la propia vida, es además entregarse a una muerte en vida, a una muerte a plazos en la que el colesterol, la metástasis, la depresión o los problemas cardiovasculares nos devuelven, en versión clínica, todo el peligro que no quisimos afrontar. En suma, eso que llamamos macroeconomía, pero ahora micro también, genera todo lo se ha incrustado en los cuerpos y las mentes.
"A lo que no tengo explicación": sexo, fanatismo religioso, paraíso eterno... Aquí, lo siento, repites tópicos periodísticos, esas consignas que nos mantienen unidos y nos han hecho tan felices. Pero Occidente, si nos liberamos del puritanismo norteño, no tiene por qué ser así de convencional. Ni siquiera en nuestro pasado cristiano, muy complejo, estaba escrito eso.
Estos pequeños desacuerdos, I., no tiene la mayor importancia. Mañana volveremos a las pantallas y, si podemos, a unas cañas también.
Y mejor todavía, si podemos, juntos.
Un abrazo,
Madrid, 24 de noviembre de 2015
Signos de noviembre
Hola, P.,
Sí, hago lo que puedo para "seguir en forma"... Aunque mi forma está quizás algo resentida por este mes brutal que llevo, sin empleo ni suelto para terminar un libro que comencé hace años. En resumidas cuentas, como estoy tan absorto, no sé en qué estado está este año la Olimpiada Filosófica, que sí recuerdo que comentamos e intentamos iniciar. Para más Inri, como sabrás, C. está en Inglaterra hasta dentro de unos días. ¿Hasta qué día teníamos de plazo para matricular al centro y demás? Yo me incorporo el próximo 1 de diciembre y prometo ponerme también con eso, inmediatamente... suponiendo que todavía tengamos tiempo.
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Narcisismo analógico y ninguneo numérico
Tranquilo, Q., comprendo la situación y que no es fácil que te acerques a Pontevedra a la presentación de Pontes co diaño. ¿Puedes sin embargo difundir la convocatoria en tus medios? Ya sabes lo difícil que lo tiene la presencia real, de un libro además oscuro, bajo el totalitarismo digital... eso que Han llama el "terrorismo de la inmanencia".
Aparte de esto, lo de Madrid tiene gracia. Bastante. Y quizás debo ser un poco narcisista para aguantarlo. Para muchos profesores no pertenezco ni a la tribu deleuziana, ni a la heideggeriana, ni a la nietzscheana. ¿A la tribu de los sin tribu? Tampoco, al parecer. En todo caso, nadie echa de menos a un desconocido.