cuestas de enero
Sí, Señora, sí. Totalmente de acuerdo. Gracias. ¿Qué opinaría Podemos de estas 25 líneas? ¿Me quitarían también ellos la piel, completando con otro "progresismo" la labor del PPOE? ¿Somos pocos, estamos un poco solos?
Sí, no, no sé. No te pierdas, creo que ya te lo dije, a Russell Brand en Youtube... Mientras tanto, casi tartamudeo de emoción, tu ingenuidad es parte de tu encanto... Y ojalá que fuera mi caso, pero me temo que no. Podemos, que todo el mundo dice que es un poder fáctico actual (por cierto, apostando por otro bipartidismo), ni en este ni en otros asuntos cruciales donde se pone en juego la integridad del integrismo occidental, tiene absolutamente nada que decir. Nada distinto a Hollande, Marie Le Pen o Esperanza Aguirre. Y que conste que me gustaría cenar con los cuatro; si es posible, sin invitar yo.
Lo único, que yo sepa, que ha dicho Pablo frente a Marie (pero ella ni se enteró) es algo relativo a la pena de muerte, obviedad que podría haber formulado cualquier humanista. Y menos es nada, de acuerdo. pero nada más.
Podemos está demasiado ocupado en si se debe celebrar o no la Semana Santa de Sevilla, con lo que supone de gasto y concesiones a la superstición religiosa. Eso es todo. Mira en la red: las posiciones de P. Iglesias sobre el asunto Charlie Hebdo son absolutamente convencionales. Me parece en este punto más radical, más inteligente y sincero, y menos eurocéntrico, el mismísimo Papa: una religión es el centro de una cultura (también la religión ilustrada es el centro del laicismo parisino) y ofenderla es un grave error que no puede esperar si no una reacción brusca.
Además, ¿por qué dices que Podemos "estaría" de acuerdo conmigo? ¿Por qué no lo está? Envíales mis 25 líneas, please: esta vez el lenguaje, castellano-llano de la ESO, podrá entenderlo. Estaré encantado de ver cómo ellos tienen la misma cintura ontológica de J. A., que sí me ha escrito comprendiendo mi posición.
Perdona mi vehemencia. Ya sabes cómo te quiero,
Ignacio
Madrid, 17 de enero de 2015
no todo
Gracias, C. No, no vi esa película... Tal vez debería verla, aunque me da un poco de miedo (la duración, la quietud, la nieve y el silencio: cosas todas ya demasiado mías). Después, en cuanto al Islam, lo de la edad de piedra no es cosa de ellos: la lapidación es un invento muy viejo y muy cosmopolita.
El Islam vive en otro tiempo, no en el año 2015, y eso es parte intrínseco de una cultura: otra forma de contar (y narrar) el tiempo. Pasa con China, con Rusia y con más de medio mundo, incluido ese mundo fascinante que los españoles hemos olvidado en nuestra América Latina.
Claro que no tengo toda la razón. El Todo está en París, con armas atómicas, no en mí. Modestamente, yo sólo pretendería quitarle parte de la razón a nuestro integrismo, el que está armado hasta los dientes (y no sólo con Kalashnikovs), expropiándole una parte de la cual pocas veces se habla.
Nada de todo. Sólo expuse, en un correo que difícilmente pasará de ser privado, poco más de veinte líneas de razones. Por eso me escribes tú, no Hollande.
Besos,
Ignacio
Madrid, 17 de enero de 2015
ayer y mañana
Querida Ch.
Gracias por tus palabras, breves, precisas, cargadas de respeto. Sólo una pequeña aclaración. Estoy "lleno de esperanza". Fíjate bien en la textura agresiva, provocadora, burlona, y a la vez piadosa, de ese breve texto. Es más, ni siquiera necesito esperanza, pues vivo en un presente pleno, que tiene la esperanza incrustada en la inmediatez sin espera de sus vivencias. Mis diferencias radicales con la cultura capitalista (y con parte de la cultura anticapitalista) parten de hecho de que la vida, tierra y hombres, no necesita ninguna salvación histórica. Tiene la riqueza en sus propios límites, se salva en su misma perdición.
En cierto modo, algunos no necesitamos esperar nada distinto a este presente, a su corazón intacto, como si viviéramos en un mundo que ha conseguido (al menos, en el fondo) "salvarse" de la nivelación nihilista que ha ejercido el capitalismo.
Fíjate bien en esas "Notas sobre el suicidio", a pesar de sus defectos. Confío, sin más. Lo cual no quita para que sienta la necesidad de ser "cruel" con cien detalles del presente que (por la derecha y por la izquierda) me parecen aberrantes. Y que, por tanto, siga deseando unos cuantos cambios urgentes, en un sentido que tiene poca relación con la ideología política.
Para mí la casta, eso que a veces hace casi irrespirable el espacio público, es algo un poco más amplio de lo que piensa Podemos. Incluye cierta complicidad monstruosa de la subjetividad media, mediada hasta el infinito por un sectarismo imbécil, por su habitual parálisis interactiva.
Es posible que el exceso de positividad de esta época, su histeria antivitalista, su pesimismo vital y su optimismo histórico, le impida entender la "dureza optimista" (Sartre) en la que algunos sentimos el deber moral y político de vivir. Sólo es eso.
Pero gracias, de verdad, por tu preciosa lectura.
Besos,
Ignacio
Madrid, 11 de enero de 2015
je suis Gaza
Hola, querida,
Mil gracias por tu interés. No, tienes razón en sospechar, yo no soy Charlie. Je suis Gaza. Llevamos décadas bombardeándoles, insultándoles, injuriándoles, despreciándoles... Irak, Afganistán, Libia, Siria, Irán: todo vale con tal de destrozarles, de devolver a los musulmanes a la Edad de Piedra. Esto sin contar la dulce actitud del sagrado Estado de Israel, una y otra vez santificado por el Holocausto, con los millones de palestinos hacinados en esos Lager de Gaza y Cisjordania que, si no son otro Holocausto, es por carecer de cobertura informativa.
Por encima de toda nuestra legendaria campaña cultural, económica y militar, una semanario satírico parisino se empeña mes tras mes en injuriar la única figura sagrada que les queda a los musulmanes para sentirse algo en el mundo. ¿Es tan extraño que miles de jóvenes musulmanes, hasta ayer "normales", estuvieran deseando tomar la venganza por su mano? Una amiga judía de Madrid, creo que no exactamente antisemita, decía hace poco: lo raro es que no lo hayan intentado antes.
No sigo al detalle todo esto, pero juraría que la actitud actual de Charlie Hebdo, incluso de Houellebeck, es algo más prudente. Lástima que sea tan tarde. La xenofobia europea con los musulmanes es algo tan estúpido que hasta la administración y los medios estadounidenses, tampoco sospechosos de antisemitismo, lo comprendieron hace tiempo. Conviene evitar -dicen- las injurias gratuitas, irresponsables, y que dañan el sentimiento de millones de personas. Por eso tampoco ahora, después del atentado, han publicado las viñetas insultantes.
Después, como en el caso del muerto en las orillas del Manzanares hace un mes, ha sido hediondo el tratamiento de los medios, repitiendo una y otra vez las mejores tomas. Tal y como si, exactamente, estuvieran celebrando que fin hubiera ocurrido. Ese atentado criminal se usará para otra vuelta de tuerca en nuestro civilizado odio europeo a medio mundo. Pero antes ha sido minuciosamente estimulado, deseado, provocado.
Finalmente, otra cosa más, especialmente hipócrita. ¿Desde cuándo la sacrosanta "libertad de expresión" no tiene límites? Si yo voy invitado a tu casa, a una comida con tus padres laicos o cristianos, mi libertad de expresión tiene límites. Y no sólo los que marca la educación. Hoy, en Madrid, mi libertad de expresión y la tuya, acerca del Holocausto, la Guerra Civil, las mujeres, los niños, los homosexuales o el cambio climático, tiene serios límites. Y hasta cierto punto es normal que sea así. Entonces, ¿a qué estamos jugando, por qué la libertad de expresión con los musulmanes no ha de tener límites?
Gracias por tu interés, de verdad, y por permitir expresarme. Creo que tienes en Youtube, por boca del actor Russell Brand, algo mucho más sustancioso y ágil que mis torpes palabras.
Besos,
Ignacio
Madrid, 13 de enero de 2015
Impotencia sexual y calentamiento global
Vivir 2.0. ¿Necesitamos otra antología del humor negro? Es el frío local y corpóreo, el autismo privado -por extensión, también social y político- en el que hemos encerrado nuestras emociones, lo que nos empuja una y otra vez a la ilusión de un calentamiento global. La inestabilidad tibia de las pantallas táctiles, que se estropean con dos gotas de agua, genera una visión apocalíptica del exterior de viento y mareas. Toda naturaleza, antes de pasar a las pantallas, ha de ser también espectacular, y a ser posible de manera catastrófica. Así confirmará además que los nuevos arios digitales somos el centro de un universo caótico. Bestias, riadas, hielo y humanos atrasados de las afueras nos rodean como un grumo de veneno envuelve a una isla radiante. Ya se ha dicho hace tiempo que el integrismo económico y cultural de nuestra sociedad sólo es sostenible en virtud de sus supuestos enemigos.