El dios de las moscas. Diferencias entre las filosofías de Deleuze y Foucault

Tiene usted que perdonar este retraso en escribirle, pero en parte se debió a que el autor (agradecido por unas generosas líneas de atención) no debía en principio oponerse ni matizar nada. Ahora, sin embargo, ya ha pasado un tiempo y se puede hablar. Tiene razón en el compromiso con cierta trascendencia que señala usted en Ética del desorden. Pero esa trascendencia infraleve no daña a nadie. Menos que a nadie, a nuestra querida inmanencia. La trascendencia, lo trascendental de Deleuze, es solamente lo que hace a la inmanencia interminable, imposible de abarcar en categorías conceptuales. En otras palabras, lo trascendente es el agujero negro, el punctum que hace a la inmanencia intraducible a ninguna imagen.

Esto es la trascendencia, el hecho de que la inmanencia viva entremezclada con un fondo sombrío que le impide tener imagen. No nos debemos a nadie, nada más que a la trasinmanencia. Cuando Deleuze se refiere al desierto como suma total de nuestras posibilidades está hablando de algo hermano a lo que se defiende en Ética del desorden, aunque es cierto que este libro es más “heideggeriano” y teológico de lo que le gustaría a Deleuze.

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Mutilaciones sexy

Texto publicado en la revista digital gallega “Adiante”.
Agosto 2018
Traducido por L. GarcíaG. Trasbach

 

A pesar de los ríos de tinta vertidos, poco se puede decir que esté a la altura de los placeres de la carne, sus mil delicias compartidas. Hasta en el onanismo encuentra una vía para conectar al individuo con el calor de una comunidad posible, que antes y después de ese acto puede cambiar nuestras relaciones con lo real.

Esto no quita para que el sexo, como gran tema Rey (Foucault), haya devenido en un complemento indispensable de una profunda deserotización de nuestras costumbres, un sucedáneo ideal para compensar pérdidas dramáticas en la cultura de los sentidos. El sujeto estresado de la sociedad contemporánea, endeudado mental y económicamente hasta las cejas, encuentra en la obscenidad que invade lo social un modo de alivio sin el cual acabaría estallando. Y tal vez no deberíamos excluir de esa obscenidad reinante la caza del hombre que los medios, instrumento de blanqueo anímico de cada uno de nosotros, han desatado en múltiples direcciones. La antigua lucha de clases parece haberse ampliado en una rivalidad interminable que inunda nuestros escenarios, de la escuela a la televisión, de la empresa a las redes sociales.

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Fragmentos para una metafísica de la melancolía animal

Queridos, aquí va una primera y rápida aproximación a la espiritualidad asnal, aunque supongo que debería darle otra vuelta.

Podríais hacer una selección ad libitum de esos fragmentos para el día 6. Ayer el día fue radiante en Candeleda, pero (como suponíais) E. no quiere aparecer por Cruce. Si no, lo haría muy bien. También he pensado en mi amigo P. P., devoto de la sombra animal y autor de un soberbio Atlas zoopolítico. También está, insisto, la poeta E. P. Pero quedan poco días.

Xa me diredes. Ahí va el texto. Abrazos,

Adorable torpeza de belfo húmedo. El silencio de los campos, la figura de un animal solitario, atormentado. Bajo el zumbido de moscas de un tiempo muerto, lleno de vacío rural, la melancolía del burro es una mancha de atraso en nuestra dinámica pantalla total. Si la espuma del surf triunfa por doquier, un lento animal que no ríe ni baila (por mucho que agite la cola) tiene los días contados. El imperio de la depilación total liquida las matas de pelo erizado.

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Algunos comentarios judíos

Buenas tardes, J. No te enfades, pero lo que quería comentarte esta mañana era lo siguiente. Entré en el acto sobre el Holocausto hacia las 13’30 y me fui un poco antes de mi hora, a las 14’15, un poco escandalizado y sin querer intervenir.

Confieso que en mi condición de judío (por origen y formación cultural) de segunda clase, crítico con el estado de Israel desde hace años, estoy ya un poco harto del tema. Llevo más de veinticinco años poniéndole a mis alumnos Memoria de los campos, el impresionante documental montado por Hitchcock sobre el Lager de Bergen-Belsen, y sacando el tema del nazismo cada vez que hay una oportunidad. Te reproduzco abajo un tema de ética basado en la “banalidad del mal” de H. Arendt.

Creo sin embargo que hace tiempo que el tema del Holocausto, que llena de best-sellers las librerías y los cines, tapa ya demasiadas matanzas actuales. Por ejemplo, ese holocausto a cámara lenta (a fuego o frío lento, no sé) que el estado de Israel perpetra a diario sobre esos “judíos de los judíos” que son los palestinos, en los territorios acosados de Cisjordania y Gaza. Acoso gracias al cual Hamás ha conquistado en esos nuevos Lager un poder que nunca tuvo el islamismo radical.

Hasta ahí mi incomodidad con el acto de ayer era la habitual. Pero cuando el joven orador llegó al caso de Elie Wiesel, y su supuesto debate moral sobre la necesaria “ejecución” (sic) de un oficial británico en los años cuarenta, mi indignación llegó al paroxismo y decidí irme, sin montar ningún número. Ahora resulta que un “debate moral” (que en términos jurídicos supondría el agravante de premeditación o alevosía) permite llamarle a un asesinato “ejecución”, de paso que se oculta el comienzo terrorista del moderno Estado de Israel.

Es un poco, siento decirlo, tomar la dirección contraria de H. Arendt, cuando ella (sin discutir que Eichmann, responsable de miles de muertes, debía ser ejecutado) insinuaba que este asesino de masas nazi era un simple y mediocre funcionario, escrupuloso obediente de la Ley alemana y empeñado en medrar bajo su amparo. Un “debate moral” que convirtiera en razonadas y conscientes (por tanto, casi sádicas) las decisiones de Eichmann no haría más que otorgarle una responsabilidad ética que Arendt se resistía a concederle.

Esta es la banalidad del mal que nos envuelve hoy por todas partes, rodeados como estamos por gente que se limita a aplicarnos sin pestañear la normativa vigente, sin ninguna implicación personal y sin atender tampoco a la singularidad del caso.

Pasé un poco de vergüenza, la verdad, asistiendo ayer a una versión israelí de esta banalidad triunfante. Lamento de veras haberte molestado esta mañana, tan temprano, pero es lo que pienso y lo que siento.

Te pongo abajo el texto sobre Arendt, que también este año fue objeto de estudio y debate en mis Primeros de Bachillerato.

Felices vacaciones,

Ignacio

Madrid, 22 de marzo de 2018

la juventud

Lo que alguna gente llamaría esteticismo de alto nivel es el único y razonable modo que Sorrentino ha encontrado para adentrarnos en la amarga tragedia de vivir. Quizás es también la única vía que tenemos de soportar la hipotética clonación de la especie que él intenta retratar, precisamente en el punto justo de su condición mortal. Según recordaba en su momento Nietzsche: “Sólo como fenómeno estético se justifica el abismo del mundo”.

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