cartas de noviembre

Querido M.,

Como te voy a ver en un rato, más vale que haga los deberes. El respeto es, por una parte, signo del más elemental sentido común. Por otra, es signo de nuestra cultura de la indiferencia: respeto cualquier cosa, soy tolerante con todo porque finalmente todo lo que no dañe mi lugar bajo el sol, mi empresa del nombre propio, me importa un comino.

En efecto, creo que es así: nadie quiere tomar postura personalmente. Tomamos postura en grupo, de manera partidista, o nos solidarizamos on line con esto o lo otro. On line también significa en línea, o sea, “en fila”: siguiendo la corriente colectiva que nos protege… El gran fantasma actual es quedarse atrás, quedarse fuera de foto de grupo.

Por eso casi nadie toma partido personalmente, en el acto, sin pedir permiso a la información ni consultar a su cobertura ideológica. Es lo que otros han llamado crisis de la presencia real, del encuentro… En definitiva, crisis de lo común y la comunidad. Para que el capitalismo cultural funcione, cosa que acepta hasta la extrema izquierda, una selección neo-darwinista debe ser incesante, y esto incluso lesionando lo que antes se llamaba buena educación.

Le llamamos violencia a todo lo que suponga romper con esa estrategia, a una ruptura del consenso y la cultura del deslizamiento perpetuo, con su dosis de disimulada indiferencia. Pero sin la violencia de la desconexión, sin la violencia de sentir y pensar por cuenta propia, ahora igual que hace mil años, el fin del mundo está garantizado. Y no un fin apocalíptico, sino su cambio climático a cámara lenta… hasta la congelación de cualquier cultura antropológica. Prefiero una muerte rápida antes que este fin por clonación, aunque esté apoyado por los verdes.

Ya lo dijimos un día. En su vocación de huida nuestro medio social exige la metástasis antes que el reposo; antes la indiferencia de la velocidad y el recambio perpetuos que quedarse con alguien, decirle sí o no a alguien. Entonces, bajo la capa de una sonrisa tolerante, practicamos un dogmatismo democrático que debe realizar una selección permanente que escoja lo que en cada caso cuadro con nuestra estrategia del yo.

Seguimos más tarde. Abrazos,

Madrid, 4 de noviembre de 2016