Querido O.,

Ya te decía que eres de lo que no hay. Tu voluntad de diálogo no tiene precio en estos tiempos sectarios, de exclusivismo partidista, de balcanización ideológica. En buena parte de lo que dices no sólo no me ofendes, sino que sólo tendría que entonar un sencillo amén.

De hecho lo peor de mí, lo más violento, es la afirmación: la apuesta por un anciano enigma común, efectivamente más nietzscheano que kantiano. Los odios y los días, sobre un cristianismo posible, sólo es la última entrega de este proceso creciente de espiritualización, que en mi caso modula (a veces en secreto) todo lo que uno piense en términos «políticos».

Es cierto que el rencor puede ser, como decía una amiga de los seminarios de cine, una prisión. Sí, la peor de las cárceles. Soy consciente de ello y bastante lo he sufrido: mi retirada de la primera línea del tema Palestina se debe a ese encarcelamiento. Me estaba enfermando, entrando en un bucle de enfrentamiento amargo y sin salida. Aunque la vehemencia imprudente de mi implicación me facilitó (como otras veces) la posterior ruptura, sin medias tintas, sin montar una empresa política con la agonía de los otros.

En mi caso, la cólera y el orgullo (que mencionas con razón) son algunas de las cosas que me han salvado la vida. Es tal mi ternura de fondo, mi ingenuidad naíf, que estaría muerto sin ellas. Es cierto que, a veces, esa cólera genera daños colaterales o víctimas indeseadas. Pero no siempre. A veces no es más que el clásico «Tú te lo guisas y tú te lo comes». Por poner un ejemplo cercano, la mañana en que me levanté de la reunión del Picón (siendo yo el anfitrión) y me fui, jurando en arameo, fue un acto de «violencia» proporcional a la generosidad con la que el mismo que se levantaba había facilitado el encuentro. Ese gesto impulsivo me permitió liberarme de un golpe. No sólo de una reunión ya insoportable, sino de todo un intento por mi parte (uno más) de crear cierto espacio de encuentro. A toro pasado, la cólera de aquel impulso, no frenado, le obliga a uno a pensar, a ser consecuente. Nunca máis, ya está.

Hace tiempo, en una película estimable oí una frase que me gustó: «No hay que hacer nada a medias, igual que los animales». Yo hago lo que puedo, con dos manos muy distintas, para combinar el rencor, el enojo y la cólera (para mí imprescindibles en un mundo de hipocresía inmensa), con la serenidad, con un sentido del humor y del amor (entre cristiano y nietzscheano) que permita mantener todos los puentes posibles.

Lo peor en mí es la afirmación, te decía. Sobre todo en medio de este nihilismo feroz, genocida, me siento filosófica y políticamente obligado a volver a una serenidad taoísta que alíe a Cristo (y Buda) con Nietzsche. De hecho, es un tema para discutir, la figura más alta del Übermensh es el Niño, no el León. Creo que a Nietzsche la modernidad le enloqueció por su dulzura, no por su cólera. No fue capaz de cumplir el mandato de Kierkegaard, según el cual el «caballero de la fe» debe parecerse a un dominguero cualquiera. En esas estamos, mejorando lentamente la propia capacidad de infiltración.

En mi caso sólo pretendo una dulzura armada. Mantener una especie de beatitud en la inocencia y, desde ella, ser capaz de una violencia inclusiva. Sé que no es la única vía, pero es la única que he encontrado (desde Roxe de Sebes) para sobrevivir en este mundo, tal como soy. Hay dos películas recientes extremadamente dulces, casi naíf, que defiendo a muerte: Rental Family y The Quiet Girl. Pero afirmarlas, en su infancia insobornable, requiere una dosis de humor, de ironía y violencia muy altas.

Recuerda, querido O., la hedionda carta de Marx sobre la conquista de la India. Es sólo un ejemplo clásico, pero los hay muy recientes. Venimos de una línea de arrogancia genocida (la Ilustración, el Marxismo, el Progresismo) que exige un ejercicio de vuelta  que tiene que estar muy armado, también en su impaciencia frenada, para hacerse oír.

Otra vía sería el retiro zen, una encapsulación elitista dentro de este mundo. Pero a mí no me va. No quiero dejar la nave común, aunque a veces apeste.  Tengo que combinar entonces una creciente humildad de fondo con una paciente labor para afinar las armas. Que no siempre podrán ser silenciosas.

En realidad, en mi y en otros, la mejor arma, la auténtica arma de construcción masiva, es una reconciliación (oriental, cristiana, nietzscheana) con la muerte. Estoy convencido, Oriol, de que tenemos que desaparecer. Toda una generación debe irse para que otros, más jóvenes, hereden el mundo y lo cambien. Sin que nosotros estemos.

Mientras tanto, hemos hecho y hacemos lo que podemos. Por mi parte, insisto, sólo me queda afinar mis herramientas. Lo que dices de mi escritura, que debiera parecerse más a mi forma de hablar, está muy bien. Pero es muy difícil. Aparte de otras cosas, casi todos partimos de un gremio (la arrogancia filosófica) bastante castrante. Poco a poco me acerco cada vez más a la literatura.  A ver si en Los odios y los días he conseguido algo, otro giro. Ya lo veremos.

Un placer, querido. Tengo que estar pronto en Barcelona, de un modo u otro, con una disculpa o con otra. A ver si hoy o mañana hablamos, por teléfono o por zoom, y le damos una vuelta a todo esto.

Un abrazo fuerte, querido. Para ti, para E., A. y M.,

Ignacio

libros


Antropofobia. Inteligencia artificial y crueldad calculada Ignacio Castro Rey

Antropofobia. Inteligencia artificial y crueldad calculada
Ignacio Castro Rey
2024

Editorial: PRETEXTOS
ISBN: 978-84-19633-84-2

+ INFO

Sexo y silencio
Ignacio Castro Rey
2021

Editorial: PRETEXTOS
ISBN: 978-84-18178-92-4

+ INFO

En Espera. Sobre la hipótesis de una violencia perfecta.
Ignacio Castro Rey
2021

Editorial: La Oficina Ediciones
ISBN: 9788412113662

+ INFO


Lluvia oblicua
Opinión y verdad en la sociedad del conocimiento
Ignacio Castro Rey
2020

Editorial: PRETEXTOS
ISBN: 978-84-17830-90-8

+ INFO

Mil días en la montaña (Roxe de Sebes)
Ignacio Castro Rey. 2019

Editorial: fronterad
ISBN: 9788494858130

+ INFO

Ética del desorden.
Ignacio Castro Rey. 2017

Editorial: PRETEXTOS
ISBN: 9788416906185

+ INFO

ver todas las publicaciones

contacto


para cualquier duda o comentario escríbeme al correo electrónico
eyeless@ignaciocastrorey.com

Resumen de privacidad

ignaciocastrorey.com usa únicamente utiliza cookies propias con finalidad técnica, no recaba ni cede datos de carácter personal de los usuarios sin su conocimiento. Sin embargo, contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas a la de ignaciocastrorey.com  que usted podrá decidir si acepta o no cuando acceda a ellos. Tiene más información en nuestra Política de cookies