Gelassenheit

Buenas tardes, L.,

Antes de nada, de nuevo, disculpas por esta escandalosa dilación en contestarte (tu "trabajo voluntario" debe llevar un mes en mi casa). Aparte de la cuestión de las notas, tu carta está muy bien. Más que nada porque, en la asignatura de Psicología, haces confesiones... y esto es lo único que tenemos para decir algo que no suene aburrido y resulte distinto. No tenemos más que emociones, sus confesiones. Eso pienso.

En ningún trabajo de semana santa, en ningún trabajo, nunca (lo sabes), he pedido que dijerais algo distinto a lo que sentíais o habíais percibido. Nunca quise otra cosa que lo que haces en esas tres hojas: decir lo que piensas, lo que sientes incluso, sobre esto o lo otro. Además, como tengo ojos y oídos en la cara, nunca he creído que fueses "una más del montón". Siempre te sentí atenta, educada e hipersensible.

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Bazares vacíos

Querido G.,

No, no me haces perder el tiempo. Tus ambivalentes visiones neoyorquinas, entre el escándalo y la fascinación, son en buena medida las mías. Si le echas un ojo a mi "Cuarteto neoyorquino" verás que mis contradicciones son similares. Un amigo inglés me acusó entonces de sucumbir al espectáculo de la "inmanencia americana".

Tal vez mi aversión a "la mayor democracia del mundo" se acentuó después de mi viaje a San Francisco. Pienso que el pendejo Donald solo ha puesto un punto soez a una brutalidad que, también con Clinton y Obama, siempre se ha mostrado irremediable. Para compensar, tengo que decir: Dios bendiga a China y a Rusia, con Putin incluido. Al menos esas fuerzas mundiales, aunque también posean su dosis de infamia, impiden que el monopolio de la barbarie vista una única estupidez puritana.

Disculpa mi aparente fundamentalismo existencial. Es algo peor: en suma, una teología política negativa. Lástima de anécdotas tuyas de N. York, pero ya las hablaremos en directo. Pronto.

Abrazos y gracias,

Ignacio

Madrid, 11 de abril de 2018


Cosita

Mi amor, no quiero molestarte, de verdad. Y posiblemente lo estoy haciendo. Pero, en fin, soy algo más que "un imbécil", simpático insulto que repites. Mucho peor que eso, tú lo sabes.

Adoro que vuelva el invierno. Mientras te escribo, remolinos de abril con gotas giran al viento. Entre sombras de árbol y luces en la ventana: Abril es el mes más cruel. En fin, solo quería decirte... Decirte cualquier cosa, pues no tengo nada que decirte. Aparte de que te adoro y que siempre (desde aquella primera aparición tuya con peto vaquero) he deseado lo mejor para ti. Tu corazón de virgen promiscua, tu dulzura armada se lo merecían.

Debo quererte mucho. Mucho, porque nunca he sabido qué hacer contigo. Ya sé que no tengo que hacer nada contigo, que no soy quién para pensar que tengo algo que hacer, que no necesitas... Etcétera. Pero como siempre te quise, me sigues dando vueltas en la cabeza. Igual que estas gotas de abril girando en el cristal. Mientras miles de hojas verde claro vibran en el viento frío.

Adoro tu invierno. ¿Recuerdas qué pronto contesté a tu generoso, valiente, osado mensaje de hace pocos días? Después de años, como si fuera ayer. No tenía nada que recordar. Estabas ahí, como un ser vivo fijado para siempre en el ámbar.

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Algunos comentarios judíos

Buenas tardes, J. No te enfades, pero lo que quería comentarte esta mañana era lo siguiente. Entré en el acto sobre el Holocausto hacia las 13'30 y me fui un poco antes de mi hora, a las 14'15, un poco escandalizado y sin querer intervenir.

Confieso que en mi condición de judío (por origen y formación cultural) de segunda clase, crítico con el estado de Israel desde hace años, estoy ya un poco harto del tema. Llevo más de veinticinco años poniéndole a mis alumnos Memoria de los campos, el impresionante documental montado por Hitchcock sobre el Lager de Bergen-Belsen, y sacando el tema del nazismo cada vez que hay una oportunidad. Te reproduzco abajo un tema de ética basado en la "banalidad del mal" de H. Arendt.

Creo sin embargo que hace tiempo que el tema del Holocausto, que llena de best-sellers las librerías y los cines, tapa ya demasiadas matanzas actuales. Por ejemplo, ese holocausto a cámara lenta (a fuego o frío lento, no sé) que el estado de Israel perpetra a diario sobre esos "judíos de los judíos" que son los palestinos, en los territorios acosados de Cisjordania y Gaza. Acoso gracias al cual Hamás ha conquistado en esos nuevos Lager un poder que nunca tuvo el islamismo radical.

Hasta ahí mi incomodidad con el acto de ayer era la habitual. Pero cuando el joven orador llegó al caso de Elie Wiesel, y su supuesto debate moral sobre la necesaria "ejecución" (sic) de un oficial británico en los años cuarenta, mi indignación llegó al paroxismo y decidí irme, sin montar ningún número. Ahora resulta que un "debate moral" (que en términos jurídicos supondría el agravante de premeditación o alevosía) permite llamarle a un asesinato "ejecución", de paso que se oculta el comienzo terrorista del moderno Estado de Israel.

Es un poco, siento decirlo, tomar la dirección contraria de H. Arendt, cuando ella (sin discutir que Eichmann, responsable de miles de muertes, debía ser ejecutado) insinuaba que este asesino de masas nazi era un simple y mediocre funcionario, escrupuloso obediente de la Ley alemana y empeñado en medrar bajo su amparo. Un "debate moral" que convirtiera en razonadas y conscientes (por tanto, casi sádicas) las decisiones de Eichmann no haría más que otorgarle una responsabilidad ética que Arendt se resistía a concederle.

Esta es la banalidad del mal que nos envuelve hoy por todas partes, rodeados como estamos por gente que se limita a aplicarnos sin pestañear la normativa vigente, sin ninguna implicación personal y sin atender tampoco a la singularidad del caso.

Pasé un poco de vergüenza, la verdad, asistiendo ayer a una versión israelí de esta banalidad triunfante. Lamento de veras haberte molestado esta mañana, tan temprano, pero es lo que pienso y lo que siento.

Te pongo abajo el texto sobre Arendt, que también este año fue objeto de estudio y debate en mis Primeros de Bachillerato.

Felices vacaciones,

Ignacio

Madrid, 22 de marzo de 2018


Variaciones sobre el caso Skripal

Hola de nuevo, A. Tienes abajo el comunicado ruso, interesante y muy detallado, que me llegó hace unos días. No sé si la inefable Theresa May se ha hecho eco de él...

Te envío el correo que le reenvié a la embajada rusa hace unos días a propósito de esa simpática campaña anti-eslava que no cesa y el radiante papel de la nueva Inglaterra, más insular que nunca.

Falamos. Apertas,

Ignacio

***

Estimados señores,

Sí, estoy en buena medida de acuerdo con ustedes. En este callejón tortuoso en el que se ha metido con el Brexit, la Gran Bretaña está intentando "poner en valor" su pasado guerrero y su actual potencial militar... Sobre todo, para poder renegociar su posición en Europa. De ahí tantas películas recientes (El instante más oscuroDunkerke...) sobre la Segunda Guerra, recordando esa heroica insularidad estratégica que ha caracterizado a Inglaterra.

Les ha tocado a los rusos, otra vez, el papel de "malos" en este western actual. Por eso ha aprovechado el caso Skripal para intentar volver a recordarle a Europa que la "defensa de Occidente" pasa por ellos, por su agerrido pasado militar y su radiante presente nuclear.

De ahí que U. K. haya sacado tanto pecho por un pequeño asunto que debería intentar aclararse por otras vías. Es de imaginar que Donald Trump estará encantado con este nuevo protagonismo de la crucial virilidad angloamericana.

Así pues, me encuentro bastante escéptico ante esta nueva campaña de la inmaculada democracia occidental. Y más bien cercano al sentido común que proponen ustedes, sin que por ello piense que ninguna nación (ni Gran Bretaña ni Rusia) es nunca totalmente inocente.

Un saludo cordial,

Ignacio Castro Rey

Madrid, 21 de marzo de 2018


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