a la hoguera con San Valentín
Estado de excepción efusivo, acompañado de sonrisas y lágrimas. Ocasión ideal, venida del Norte, que sella entre dos nuestra separación individualista del mundo. Cada uno, casado con su imagen, tiene además un amante más o menos oficial para las fiestas, los polvos extra y el postureo.
Y esta tierna ternura, que de vez en cuando no hace daño, complementa de perlas la ferocidad de toda la semana. Entre proyecto y proyecto, de lunes a viernes, ella o él estimulan la inteligencia emocional que permiten sentirnos todavía humanos.
La obsesión capitalista por el cerebro, ese gran ordenador central que corona una exitosa evolución (ya no somos monos, ni colombianos, tampoco rusos o árabes), encuentra así su corazoncito una vez al año. Tenemos un cuerpo, incluso con órganos. La división mundial del trabajo culmina entonces en un cuerpo bien organizado: de mañana, la cabeza otra vez; pero esta tarde daremos el resto del cuerpo, incluso los riñones.
Desierto y erotismo
Querido L.,
Te pido disculpas de nuevo por mi tardanza. Como te decía desde el móvil, mi retraso no se debía a nada, sólo a la sobrecarga de trabajo. Estoy acabando ese libro que lleva años torturándome y dándome alegrías, y este mes que entra tengo que dejarlo listo. Así que me pillaste en unos días muy absortos por esa tarea que no puedo dejar, pues no es "mía". Está en el centro de mí, pero precisamente por eso no ha sido elegida por mí. Como no lo es mi nombre, el hecho de haber nacido o de haber nacido así.
Me meteré con esas cartas, pero no puede ser hoy. Me meteré antes de entrar en noviembre, mes que debo dejar libre para esa tempestad nada intelectual que me espera. Entraré en esas cartas, aunque no deja de parecerme una intrusión un poco impúdica. Pero si tú me lo pides, lo haré y daré mi opinión, desde esa percepción distinta que intuyes en mí.
Clandestinidad y escritura
Hola, A.,
Perdona mi desaparición en estos días. A veces casi desparezco para mí mismo, tal es la vorágine de trabajo que me envuelve: padre viudo, la enseñanza, la escritura... Te agradezco tu interés por la distribución de mis análisis, difusión que, aunque no está hundida en la clandestinidad, podría efectivamente mejorar.
Carta demasiado larga para un breve adios
Hola, A. Vamos allá con un poco de orden, más o menos el tuyo. Primero, gracias por las molestias de lectura que te has tomado, bastante insólitas en este tiempo de pantallas táctiles, velocidad numérica y twits en veinte caracteres. A juzgar por el contenido de tu lectura, entiendo que lo que te llevó a terminarla no fue tanto el interés por mi texto, del cual te apartas enseguida, como la petición de R... o tal vez tu amistad con A. O quizás tus ganas de divertirte y sentirte superior a costa del turista occidental que ves en mí, amante de tontas postales fijas. Aún así, gracias igualmente.
Total pá que
Dios mío, J., qué carácter, qué sorna. Sólo a mi rancia virilidad se le ocurre lanzarte lances o cualquier otro tipo de exigencia. Bueno, en serio, qué carajo importa ya todo eso, querida, incluso lo de coordinar agendas. Ayer os llamé dos veces, no sé si te dijeron, y llegué a hablar con B., quien (más o menos) tenía una remota idea del asunto. No es en absoluto culpa tuya, pero estoy un poco harto de trabajar para la Reina de Inglaterra.