Confesiones de noviembre

Encuesta de Isabella Ahumada a Ignacio Castro sobre Lluvia Oblicua
Noviembre 2020

1. ¿ Cuánto tiempo te ha llevado escribir Lluvia oblicua?

El libro arranca, creo, de unas polémicas clases de Psicología en el IES Isabel la Católica, en el invierno y primavera del curso 2016-2017. Lo empecé en el otoño siguiente, por lo tanto me llevó algo así como dos años y medio. Muy poco, comparado con Ética del desorden, en el que empleé tal vez el triple de tiempo. Pero el esfuerzo de un libro no se mide así, sino por la intensidad de miles de horas incontables. Son siempre días y días inenarrables de alegrías y desdichas, de descubrimientos mezclados con un cansancio y un hastío infinitos. Escribir no es nada distinto a vivir, una mezcla indescriptible de mil posibles polos opuestos que te tensan en un solo día. Al menos es así para los que escribimos sin haber podido elegir otra cosa, en suma, porque la dureza misma de vivir nos lo impuso.

2. ¿ Has disfrutado escribiendo el libro?

He disfrutado enormemente porque cada libro es como un viaje en el que encuentras todo tipo de paisajes inesperados, seres fantásticos, personajes interiores y órganos corporales que ni sabías que tenías. También sufres mucho, lo cual no deja de ser otra intensidad. Supongo que soy un hombre muy afortunado. La vida que me ha tocado me ahorra ver muchas tonterías en televisión y estar todo el día pendiente del aburrimiento masivo que es la información, la actualidad y las redes.

3. ¿Cómo cambia la vida la escritura de un libro?

En mi caso… no es que cambie, se recupera. La vida ya estaba “cambiada”, era muy tempestuosa e inestable por muy diversos factores: familiares, psicológicos, biográficos, etc. Al escribir un libro como Lluvia oblicua le das forma y le pones palabras a una emoción y un riesgo de vivir que ya estaban en marcha. Te liberas de fantasmas al hablar con ellos y darles voz. Es como si defendieras la “rareza” de tu vida, poniéndola en una arquitectura a la vista del público e intentando comunicar tus vivencias con una comunidad posible de gente que ni conoces. Al escribir devuelves a lo común el “comunismo” vital que está detrás cualquier existencia, por vulgar que sea. Siempre he pensado que era cierta esa idea de que un escritor dice en voz alta lo que muchos han vivido antes a media voz, en mil horas secretas.