Entrevista: El deseo de este libro es quemar

El Correo
Mª Jose Gomez
14 de octubre 2021

Lo cierto es que, una vez se cierra la contraportada de la obra, tras su detenida lectura, el libro nos pone de manifiesto lo que decías, comportamientos que tenemos muy interiorizados pero que en el fondo nos van aislando cada vez más. ¿Cuánto hay aquí de tu realidad?…

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Sexo en agosto

¿Quién habló de frío en el rostro? A pesar de la deserotización producida por la información y su cansina presión política, a pesar de los ríos de tinta -con frecuencia banales- vertidos sobre la sexualidad, poco se puede decir que esté a la altura de los placeres de la carne, de sus mil delicias compartidas. Deshacer las camas, apartar de una patada los obstáculos, quitarse la ropa en desorden. Perder la compostura, amarse, desbaratar en secreto las reglas de la decencia y la falsa civilización del día. Existe una inteligencia subversiva en el sexo, una verdad corporal vinculada a un feliz subdesarrollo de los afectos, que no tiene fácil comparación con otras cosas. Tampoco con este penúltimo moralista y aburrido llamamiento a un sexo sano y responsable.

¿No deberíamos aprovechar el verano para soltarnos un poco, el cuerpo y las mentes, el pelo y la lengua? Inseparable de la pasión, de un deseo por fin liberado, es posible que el sexo sea una experiencia que arma al blando de corazón y desorienta al poderoso e insensible. Indisociable de una ampliación de los lazos con otra humanidad, con una osada infancia que nunca habíamos perdido, la sexualidad nos devuelve el calor de un tiempo sin contabilidad, de una juventud envolvente que nunca habíamos tenido. La intimidad con alguien nos prolonga mientras nos entregamos, dona otra fuerza jovial en cada uno de nosotros. Poseyendo, somos poseídos. Y eso se nos nota en la cara, todavía al día siguiente. No precisamente por aumentar nuestro egoísmo, sino por permitirnos conquistar el atrevimiento de una frescura que anula muchas reservas.

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LIMO PRODUCCIONES: TALLER

Siete lecturas peligrosas para una isla desierta
Es función de este taller volver sobre algunos libros cuya sabiduría ha sido y es un depósito medicinal para emergencias. Buscaremos unas cajas de herramientas que nos permitan sobrevivir con instrumentos primarios que apenas tienen reflejo en esta sociedad, prisionera del espectáculo del progreso.

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Carta al sur

Queridos L. y D.,

He leído casi toda la larguísima carta que le enviasteis a A. Sólo me falta un poquito del final.  ¿Qué contestó ella a un documento así, tan minucioso, tan exigente, tan complejo? ¿Ella es tan lista como para seguirlo? Aunque estamos de acuerdo en que la carta vale por sí misma, al margen de la respuesta y del destinatario. Hay flechas, las que sorprenden al arquero que dispara, que son ellas mismas la diana.

Me hace mucha gracia vuestra ortodoxia tiqquniana, de la que hace tiempo que estoy muy lejos. Lejos, porque me separa de una militancia sin horizonte insurreccional alguno; sin ideología, sin política, sin partido. Militar en el desierto impolítico de la existencia: ¿es posible? Para mí el Partido Imaginario es lograr simplemente vivir sin doctrina, alcanzar una forma de vida a la vez antigua y vanguardista, aunque sea a ráfagas.

No quiero ni puedo dejar atrás nada, separarme de nada “viejo y caduco”. Ni emprender acciones que no puedan ser comprendidas por cualquiera, completamente al margen de su ideología. Tampoco tomar ni un solo milímetro de distancia con el “canalla Heidegger”, a quien adoro incluso cuando odio. Etcétera.

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