BAYAS DE AGOSTO

Jirones de memoria desde un viaje en el sur de Austria

Me impresionó el cuidado, la piedad hacia lo pequeño durante esos días, en todo Kärnten (Carintia) y en los diez personajes de este viaje. En tus padres: las setas, las flores, las mermeladas, el jardín, el cuidado de las comidas. Sus atenciones hacia mí, que no soy “pequeño”, pero podría ser ignorado. En ti: tu primor en la atención a tus padres, a la pequeña Katia y el no menos pequeño Hans, en medio de una sociedad que crecientemente recluye a los viejos porque son lentos, torpes. Tu oído musical para los niños, para los acentos y las emociones de cada cual, para la traducción minuciosa del alemán al español. La atención a los matices de la gente, a tu vecina Beate, a mí como marciano en Kärnten. Sí, definitivamente, creo que te interesa lo extraterrestre de la tierra. En este sentido, también tú eres siempre extranjera, y un poco religiosa.

En Markus: los juegos de lenguaje, su inglés “minoritario” sin método, los parentescos de palabras, sus deliciosos American spirit, sus cafés. En Beate: el interés por los desconocidos, su forma ansiosa de mirar de soslayo, sus niños (también su niño-marido, Rudi), su relación con el misterio del cristianismo, su fe en otras vidas que laten en ésta. En Ida: sus licores y sopitas, los animales que alimenta en invierno, sus libros, las anécdotas que cuenta, sus recuerdos de infancia en Diex. En Helga: su sonrisa, sus silencios, su dulzura, su genau (exacto). Sus recuerdos de madrugadas, miedo y escuela; su infancia tan difícil en KleinWöllmiss, los zapatitos nuevos que nunca tuvo, los animales que gritaban al morir; su comida vegetariana actual. Finalmente, en el otro Hans: sus dobles sentidos, su sonrisa burlona, el movimiento de sus manos, sus misterios y su repentina seriedad (“¿qué piensas de la pornografía?”). Y casi me olvido de Rudi: su susceptibilidad por mil pequeños detalles, sus giros de lenguaje un poco naïf, su habilidad para arreglar toda clase cacharros… Cinco mujeres y cinco hombres, latiendo con el verano de Carintia. ¿No está mal para una pequeña obra de teatro, no? Lo pequeño, al borde de la ruina, configura la cultura que he visto esos días, incluso en el amor por aquellos tractores viejos que se reunían en Eory.

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