Queridos alumnos

No sé si os podéis imaginar hasta qué punto el curso pasado con vosotros ha sido más bien decepcionante. En realidad, bajo mis ingenuas pretensiones de conoceros bien, he llegado a la conclusión de que no conozco a casi nadie… Ya tampoco me importa. Padecéis una mezcla de indolencia y falta de sangre en las venas que explica que nunca os impliquéis personalmente.  También gozáis de un bajo nivel cultural, sin complejos, que os quita el interés por aprender. Más, a veces, una frías estrategias de nota que hacen muy difícil e ingrata la tarea de enseñaros nada. Esto unido a que faltáis mucho, a que llegáis casi siempre tarde (también el día de Marilyn) y que, no menos las chicas que los chicos, algunos manifestáis un nivel “feroz” de soberbia, me han llevado a abandonar toda ilusión que no sea “cumplir con mi trabajo”, desentendiéndome de cualquier compromiso personal. Os deseo un buen viaje en ese circuito cerrado en el que funcionáis, con su dosis de “suave racismo” hacia todo lo que no es vuestro: ni fácil, ni actual, ni divertido, ni de moda, etc. Disculpad el lenguaje, pero éste es mi estado de ánimo.

 

Madrid, 20 de marzo de 2018