Agamben y Greta
De la rúbrica «Una voce» de Giorgio Agamben en el sitio web de Quodlibet, 18 de noviembre de 2019.
El tema del fin del mundo ha aparecido muchas veces en la historia de la cristiandad y cada vez han surgido profetas que anunciaban como cercano el último día. Es singular que hoy en día esta función escatológica, que la iglesia ha dejado caer, haya sido asumida por los científicos, que cada vez más a menudo se presentan como profetas, que predicen y describen con absoluta certeza las catástrofes climáticas que conducirán al fin de la vida en la tierra. Singular, pero no sorprendente, si se considera que en la modernidad la ciencia sustituyó la fe y asumió una función propiamente religiosa — es, de hecho, en todos los sentidos, la religión de nuestro tiempo, aquello en lo que los hombres creen (o, al menos, creen creer).
JOKER: ¿Retrato de la violencia que viene?
Retrato más bien de cierta dulzura anómala. O de la compasión que viene, pues Todd Philips, en esta película que no deja indiferente a nadie, habla ante todo del sufrimiento del ser humano, un tormento del perdedor que podría ser cualquiera de nosotros. Cuando el protagonista vacía la nevera y se mete dentro, después de un sinfín de humillaciones, está indicando que querría retirarse de la presión incansable de este orden social que llamamos piadosamente capitalismo, como si fuera solo un régimen de economía ajeno a nuestra alma. En realidad, ¿quién no ha sentido la urgencia de esconderse, tal vez para siempre, de un régimen social omnipresente y cruel (en su indiferencia) como pocos?
Lo que no vale la pena es insistir en la "impresionante actuación" de J. Phoenix, que las ha tenido tan buenas o mejores (¿nadie ha visto María Magdalena?). Tampoco tiene mucho sentido volver a insistir en la magnífica "paleta de colores" y el uso calibrado de la banda sonora. Todo eso es cierto, pero se ha repetido cien veces, ya forma parte de los tópicos y es lo más estándar de la película. Como tampoco es estimulante volver otra vez sobre las comparaciones, sea con Taxi driver, con anteriores trabajos de Todd Philips u otras versiones de Joker, las de Heath Ledger o las de Jack Nicolson.
Crueldad deconstruida
Querido V.,
Lamenté de verdad no quedarme ayer a hablar contigo, pero se me hacía muy tarde para una cena pendiente.
Te cuento mis impresiones. Primero me alegré mucho por fronterad y por A., dada la buena factura y la buena puesta en escena que tenía todo aquello, incluida la afluencia masiva de gente.
Mi problema fue, como casi siempre en nuestros escenarios, el narcinismo de los contenidos. Solo estuve de 19 a 20'30 horas, con lo que tal vez tenga una visión parcial e injusta. Pero lo que sentí vale, creo, para la media aritmética de nuestra compasiva solidaridad a distancia.
La chica que hablaba (con problemas técnicos) desde el norte de África, E., dijo algunas cosas. Por ejemplo, ese racismo de nuestras cámaras. Se puede grabar con detalle cómo se ahogan una madre y su hijo, pues son perfectas víctimas profesionales, es decir, oscuros y africanos. De ningún modo se haría eso con gente blanca de Utah, Ámsterdam o Cáceres. Lo que apuntó E. es para mí solo la punta del iceberg de un sutil racismo informativo, práctico y teórico, que me incomoda continuamente.
Necesitamos un cambio climático
Sabes que te quiero, Ch., y me dolió escribirte en ese tono. Lo siento de verdad, pero no veo cómo podría evitarlo. Mi texto, aunque largo-largo, es bastante claro. Y si no fuera así, su rabia (no creo que precisamente "de derechas") lo hace casi obvio en sus momentos clave.
Ortega me importa tres cojones. Mis nombres son otros: Valle, Machado... Pero me preocupan la facilidad de los anatemas, con Ortega o con quien sea, no menos rápidos en la izquierda que en la derecha. Lo de la señora esa de Imperiofobia (libro absolutamente discutible, pero que habría que discutir: V. se limita al insulto que censura) me parece, por parte de la izquierda, neo-estalinista.
En mi coñazo de texto recuerdo que yo mismo aluciné con Sociedad y barbarie, libro que los que me retiraron el saludo ni se tomaron la molestia en abrir. El neocatolicismo de la izquierda, a la hora de condenar sin siquiera leer, para respetar las jerarquías que el norte nos ha impuesto sin vaselina, me parece inquisitorial.
El miedo del día al susurro
(Texto de Ignaco Castro Rey publicado en FronteraD)
Cuando cayó la primera nieve nos empezamos a conocer mejor (M. Crnjanski). Justicia para Serbia.
Lo de menos son los escándalos sexuales que el año pasado salieron a la luz en la Academia Sueca. Los perdonaríamos, ya que al menos indicarían que estos señores son humanos y les queda todavía algo de sangre en las venas. Lo asombroso es la pretensión de mantener a nivel mundial "motivos estrictamente literarios" que cubran el planeta y seleccionen en él el canon literario de lo que vale y lo que no. Es esto lo aberrante, probablemente tan dañino como la legión de muertos que ha dejado tras sí la invención de la dinamita por el venerado ingeniero de armamento Alfred B. Nobel. El propio Handke, en una de las peores entrevistas que le recordamos (El País, 10/10), está casi genial ante la decena de periodistas que, después de años de ignorarlo e insultarlo, por fin le esperan en grupo: "No sé cómo celebrarlo". Dice haber nacido culpable, pero al fin sentirse libre. Aunque durante un tiempo no lo será, ya no lo es ante la nube de preguntas estúpidas: "¿En qué va a gastar el dinero?" (Vaya, esto no es muy sutil, ironiza Handke). Enseguida se recupera: "¿Tras el Nobel? Hay que continuar como si nada. Es uno de mis motivos en la vida: hacer como si nada". Cierto, pronto todo volverá a su cauce: el de la clandestinidad. Afortunadamente, igual que la historia no sabe lo que hace, los periodistas no tienen ninguna memoria (salvo cuando, con intenciones policiales, tiran de hemeroteca). Sobre todo para quien, como todos los clásicos, es un hombre de una sola idea que ha de extenderse en todos los campos posibles: novela, teatro, ensayo, cine o poesía. Y en varios idiomas, incluido el español. Todo demasiado complejo para hacer de ello crónicas fáciles, salvo que estén premiadas por un gran Premio.