Reflejos en un puente dorado. Sombras de un primer mundo en San Francisco

Cuando yo muera no se lo digas a nadie,

que todo siga igual

el verano con su rueda feliz

los niños jugando un victorioso partido... 

M. Á. Bernat

 

Si una reciente exposición maya en Ciudad de México hacía presentes las formas de lo sobrenatural, una fantasmagoría entremezclada con lo humano y cotidiano, la cultura media norteamericana parece una minuciosa negación de esa posibilidad. Todo está preparado allí, incluso en una ciudad tan culta como San Francisco, para que las sombras no rocen los cuerpos. Es cierto que subsiste con frecuencia una puesta en escena de la oferta alternativa, pero se trata de algo integrado en una main stream que triunfa con la circulación perpetua. La alta definición, maquillada y bien peinada, apenas tiene resquicios. Se podría insinuar que el control policial de la superficie, tanto en San Francisco como en Nueva York –dos joyas de la menos tosca America–, se basa más en las exigencias constantes de lo espectacular que en la dureza policial explícita. Entre dos millennials progresistas que se juntan en Castro Valley, la marca en la ropa, en los gestos y las palabras, el ritmo de consumo y la alegre fluidez de la conversación han de mantener a raya las viejas taras de la especie. Y esto mucho más eficaz y suavemente que con la presencia directa de lo policial, en San Francisco muy escasa.

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Única parte

Querida O., me temo que he perdido la I Parte de tus dos correos. Solo te contesto, y con retraso, a la II. En realidad, delante de un nutrido alumnos de arte, ya por eso especialmente narcisistas, quise con Vosotros entrar "a saco", de una manera un poco agresiva y terrorista, en una vanidad juvenil que me parece un producto de la sociedad que los idolatra y los mima, pero para convertirlos en esclavos idiotas del mercado.

He crecido siempre, por culpa de unos benditos padres excesivamente bondadosos y comprensivos, con el fantasma del inmenso estrago que causa en los hijos una excesiva benevolencia (muy especialmente latina), una mínima falta de autoridad que tendría que "imponerse". Somos ocho hermanos (siete mujeres y yo) y, al menos, dos hermanas jamás se recuperarán del maltrato de esos mimos que, aunque practicados con la mejor intención, es una de las peores formas de abandono que existen.

Yo mismo tuve que hacer esfuerzos heroicos, e irme una temporada larga (completamente solo) al fin del mundo, para encontrar la autoridad paterna que, por una excesiva bonhomía, se me había hurtado.

Pero en aquel entonces, al menos en España, el realismo del entorno social solía compensar los errores "liberales" de los padres. Hoy en día, por el contrario, a la cobardía doméstica de los padres, incapaces de pronunciar en casa una palabra más alta que la de los medios, se suma (al menos en España) un papel obsceno de esos mismos medios, especialistas en adular el narcisismo de sus clientes jóvenes, para después convertirlos en empleados baratos.

El amor a la humanidad, que es la única religión que profeso, es lo más difícil del mundo y exige un esfuerzo muscular constante, casi agotador. Exige también una constante búsqueda de los límites, de un lugar para el NO. "Quien bien te quiere te hará llorar", decía el viejo refrán castellano. Los chicos "huérfanos del no", como ese curso de bachillerato, tendrán que llevarse por triplicado los traumas que les han ahorrado los padres.

Así lo veo: Has de ser cruel si quieres ser amable, en palabras de Shakespeare. Dentro de unos límites, que me prohíben siempre el choque físico, practico toda la "violencia" de la que soy capaz, empezando con mi hija, contra esta deformación juvenil que lo degrada todo, comenzando por la más mínima educación. Gracias a esta dureza del amor, los destinatarios de aquella carta están, al menos frente a mí, un poco menos subidos de tono. Hago lo que puedo para combatir la estupidez vanidosa que me rodea, que es además la cara externa de la impotencia y el fracaso al que buena parte de los jóvenes están destinados. Maltratados por los mimos, maltratarán todo lo que en el futuro no les adule. Por esa vía, la infelicidad está garantizada.

En fin, que el mundo siga su curso. Os deseo mientras tanto a ti, a tu hijo y a A., las más alegres fiestas que se avecinan.

Un abrazo,

Madrid, 21 de Octubre de 2017


Vergüenza imterminable

Buenos días, querida,

Es preciosa la imagen de tu misteriosa noche oaxaqueña. Antes de irme a Candeleda (Ávila) pongo en orden mis impresiones sobre este penoso asunto catalán. No sé si habrá en los últimos años un precedente hispanoamericano de tanta infamia. Empieza a ser ya insufrible abrir los telediarios y ver cómo día tras día le dedican la mitad del espacio al manido tema, mientras los líderes catalanes del separatismo, que en una democracia normal ya estarían en la cárcel, siguen bajo los focos con distintas ocurrencias, sonriendo a las cámaras y concediendo entrevistas por todas partes. La inacción, la debilidad mental de este gobierno -continuador, en este aspecto, de los anteriores- es la gran baza del separatismo, a la vez que alimenta las dudas y la perplejidad de medio mundo que nos contempla.

A pesar de que tal vez no es el más cobarde ni el más inepto de nuestros líderes, a Rajoy siempre le ha salido bien dejar que los temas se pudran para presentarse al final con una solución cómoda y tibia, de mínimo esfuerzo. El problema es que Cataluña no es una cuestión cualquiera, pues España está hoy amenazada como no lo ha estado nunca en ninguna aventura golpista del pasado. Lo grave es que el vergonzoso silencio de Rajoy está protegido por la más auténtica corrupción española, esa que, de la derecha a la extrema izquierda, consiste en la ausencia del más mínimo sentido de estado. Ése es el trasfondo político que facilita que después tantos líderes, de todos los partidos, se hagan millonarios a costa del dinero público. Pero esto último, tal vez como en México, no se produciría sin una timidez patológica que nos impide ser una nación moderna, sin complejos a la hora de pisar con autoridad en la dureza de la arena internacional.

Algunos pasamos desde hace meses una vergüenza interminable ante esta debilidad anímica del estado. ¿Cobardía española? Tal vez habría que emplear otra palabra, pero los que hemos estado más de una vez en las cárceles de Franco, y llevamos cuarenta años luchando por una nación más democrática, estamos más que hartos de la situación actual, en la que poco a poco nos han metido los dos grandes partidos. Después de décadas en las que el PP y el PSOE han dejado hacer al catalanismo a sus anchas, incluido una marginación sistemática del castellano y un lavado de cerebro que ha adoctrinado a los niños en la falsificación de la historia, en el victimismo de Cataluña y el odio a todo lo español, asistimos desde hace meses a una ofensiva descarada de una mafia de violadores de la convivencia y a la tibieza sorprendente de un partido que se dice popular y español.

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Universo judío

Perdona el escandaloso retrato, F., es que últimamente no paro. Pero la verdad es que sí, que hay muchos puentes entre Ética del desorden y el universo judío.

Aunque mi libro quiere ser muy cosmopolita, y creo que el planeta entero aparece en él, una de las invariantes que configura su fondo es la tradición judeocristiana, tamizando todas las incursiones que se hacen en la filosofía. Y en particular, en cuanto a mi querido Nietzsche, en cierta evolución silenciosa -en mi filosofía- de la figura del León a la del Niño. A todo mi libro le recorre la importancia de lo pequeño (David), la épica de cierta dulzura capaz de "vencer" a lo grande.

También es constante en Ética del desorden la tierra como "promesa" que nunca se logra del todo, en una inacabable trascendencia. Así como la errancia de unos "elegidos" que, para ser fieles a la Ley, han de peregrinar sin descanso, buscando la ley en el advenir incesante de lo contingente. Etcétera.

Todo este bagaje judeocristiano quizás desemboca en la importancia central en mi libro de la figura y el pensamiento de Walter Benjamin y su amigo Scholem, de un tiempo mesiánico, mínimo en magnitud y máximo en dignidad, que surge a través de la historia y la rehace. Hablo del relámpago del Jeztzeit, ese instante que abre una puerta por la que siempre podría entrar el Mesías. Benjamin y Agamben (El tiempo que resta) redimen el tiempo desde dentro del tiempo. Fíjate por ejemplo en este fragmento de mi libro: "Recordemos el fragmento de I Cor 7, 29: el tiempo es breve. La contracción del tiempo, una recapitulación vertiginosa que relaciona cada instante inmediatamente con Dios -unmittelbar zu Gott, dice Benjamin-, es la situación mesiánica por excelencia. Pero a la vez es el único tiempo real. Entonces, un entonces que en cada caso tiene su tiempo, se cumplirá la fórmula mágica de un monismo que se iguala a un pluralismo, de una Idea que se multiplica por las cosas. Entonces Dios será todo en todos (I Cor 15, 28). 'Por la economía de la plenitud (pléroma) de los tiempos todas las cosas se recapitulan en el mesías, tanto las celestes como las terrestres'" (Ef 1, 10).

Espero que estas líneas improvisadas, y este pequeño fragmento de un libro enorme, te sirvan. Un saludo.

Madrid, 6 de octubre de 2017


Breves imágenes, largos sentimientos

Gracias, O. A pesar de mi venerable edad, como "caballero español" del siglo XXI comprenderás que tenga una percepción distinta a la tuya del tono de estos días.

Yo también he escuchado demasiados tópicos, que no me creo, del lado de la derecha españolista, de la izquierda "radical" y del catalanismo. Creo que los errores del estado español -muy graves- han sido otros, completamente ajenos al franquismo y al PP. Es una lástima que un Pablo Iglesias o una Ada Colau, entre otros, no tengan ni la más remota idea al respecto.

O sea que, ocurra lo que ocurra, no tengo demasiadas razones para estar eufórico. Más bien me deprime la convicción de muchos otros, sin que yo pretenda tampoco ninguna equidistancia papal. Pero no quiero discutir ahora, y menos contigo. Cruzando los dedos para que no ocurra ninguna desgracia, vamos a esperar al 3 o 4 de octubre para hablar de este asunto con un poco más de calma. O no hablar. Al fin y al cabo es un asunto más, entre otros, aunque a mí me tenga un poco deprimido.

No te quise contestar a aquel inteligente y envenenado vídeo que me mandaste porque también había otros muy distintos, a veces inteligentes y siempre envenenados, y no respondí a ninguno de ellos.

Estoy infinitamente harto de toda esta historia, que por mí nunca habría ocurrido. Aunque coyunturalmente esté ahora con la posición estatal y constitucionalista, en sus distintas ideologías políticas, necesito tiempo. Para empezar, necesito tiempo para saber si un país que amo, Cataluña, debo considerarlo -sin dramatizar- exterior al mío o no.

Probablemente no cambiará nada importante, incluso en lo "político". Desde luego entre amigos, sea lo que sea, no va a cambiar nada.

Un abrazo fuerte, gracias por tu bonhomía que traspasa fronteras, y hasta muy pronto.

Madrid, 30 de septiembre de 2017


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