lo que siempre cae
Querido, "la que está cayendo" es una frase que se podía decir hace también 150 años. Y mucho antes. No vamos a guiarnos ahora por el impresionismo del índice de paro, de desahucios y de lo que en términos económico-capitalistas se llama crisis. La crisis, como forma de gobernar y gestionar, nunca ha dejado de estar ahí.
En la charla del viernes va a haber una atención constante a la crueldad del presente y, por lo mismo, dado que al menos uno de la mesa no es periodista ni político, a lo intemporal de esa crueldad.
Pero me parece bien, mejor ninguna imagen. No la necesitamos. Llámame a casa después de las 18h o al móvil en cualquier momento de la tarde.
Abrazos,
Ignacio
Madrid, 8 de marzo de 2015
a ver
Querido E.
Acabas de decirme en el contestador que no hay prisa, por lo tanto (dada mi fe en ti) yo ahora no tengo ninguna. Pero la imagen, Rápido de Arca, ya no se puede cambiar. Me costó Dios y ayuda que D. y su amigo cambiasen otra imagen anterior, más blanda. Ni de coña le digo yo ahora que cambien este cartel que te enviamos ya hace días. Y menos aún con nuestras putas efigies. Estoy harto de mi jeta y ella, espero, de la suya.
Además, el tema es impersonal, mundial. Y la imagen no es blanda, o no del todo. Transmite un momento heroico de los 60', que creo que no hemos superado. Y no sólo hay una chica con una flor. Hay también varones con fusiles. Yo estoy con ambas partes y tengo buena relación con los fusiles, ya verás. Me encargaré de que la charla no sea precisamente (o únicamente) pacifista. Ni demasiado espiritual, descuida.
Pero la cosa es lo que es, tal como te envié en aquel correo de hace días. Para bien o para mal, esa tarde no me acompaña ni A. S. ni S. C. Ni siquiera sé muy bien quién me acompaña: el miércoles lo sabré porque mi ex-alumno y yo cenamos con ella. ¿Quieres venir?
B. debe ser una mujer bastante especial, y hasta importante (creo que más que yo). Pero yo hace años que no hago la cama a nadie. Así que, siendo muy educado, no me voy a cortar un pelo. Creo que debemos estar nosotros dos solos en la mesa: su compromiso es conmigo y ya es suficientemente compleja esta "pareja". Yo empezaré a hablar (diez minutos iniciales cada uno) y te juro que no seré ni muy blandito ni muy facilito.
Creo que debo evitar dos peligros... que el miércoles (al conocerla) matizaré. Uno: estoy obligado a hablar claro y a tender puentes, a ser educado y dialogante, sin tensar demasiado la cuerda ni dejarla en ningún caso en ridículo (suponiendo que yo quisiera y pudiera). No podemos invitar a nadie, sea quien sea, diga lo que diga, a una encerrona. Dos: no dejar tampoco que aquello se convierta en la plataforma de publicidad de otra empresa, en una sesión para ganar adeptos. De esto, si surgiera, también me encargo yo.
Y además, enseguida (después de 20 o 30 minutos) intervendrá libremente el público. Lo que sí debe ocurrir (y esto no es malo) es que, aparte de alguna gente habitual del local o tus propios amigos, yo y D. nos encargamos que pise aquel sitio bastante gente que nunca ha estado. Es posible que el lugar, así debía ser, se llene. ¿Cuánta gente cabe sentada, por cierto?
No está mal, pensándolo bien, que la imagen sea un poco naïf. Enseguida, y cuento con tu ayuda, le recordaremos a los asistentes que el silencio también es violento y que la violencia puede tener cien caras, algunas de ellas clandestinas.
Vengas o no vengas el miércoles (no sé si insistirte), sí tendremos que vernos tú y yo allí. Me gustaría ver el espacio y algunos detalles.
Abrazos,
Ignacio
Madrid, 7 de marzo de 2015
peregrinatio
Hola, M.,
¿Todo bien? Sí, mil disculpas. Después de dos años, o más, ayer de noche leí tu Peregrinatio. El tamaño de la letra, mientras me tomaba un gin-tonic en un bar cercano, casi me destroza la vista. Pero el libro es magnífico, con memorables instantes quintaesenciados, destilados del dolor y de las nocturnas zozobras de basalto que parten el día.
Maravillosos pentagramas de la revelación. Esos tótems del tiempo donde soledad y amor, eternidad y abismo, son dos caras de una misma experiencia. Sí, como esos animales de luz partida, yacentes en su relicario de plumas, polvo rojo y huesos.
Nos queda todo, todavía. Esa luna amarilla suspendida entre las hayas, el llanto de los pájaros, la indiferencia de los reptiles. Y dos chicas en casa. Apresuradas, coléricas, a veces un poco injustas. Pero cercanas a la silueta de un padre que sabe de las llamas, esa luz ebria de incerteza y tomillo.
Un abrazo y hasta pronto,
Ignacio
Madrid, 8 de febrero de 2015
follas acaídas
Ola, M.,
Perdoa a miña escandalosa tardanza. Levo co teu libro na miña casa varios meses, dende que T. pasoumo, hai xa tempo. Non tiña o teu correo, perdido nun deses accidentes informáticos de verán. Pero no fondo non teño disculpa.
Quero que sepas que Follas acaídas transmite a mesma impresión de presencia real, de escoita atenta, que se presinte na túa persoa. Todo o libriño está cheo da fidelidade á música dun lugar, dun evento case inaudíbel. Transmite a fidelidade ao son que escoita quen está nos sitios como se fora por primeira vez, por última vez. Recoñózome nesa forma de estar tomando notas, no eido máis humilde, coma se concentrara un mundo.
Como se non tivéramos branco e todo fora frecha. No medio dun arrecendo de areas, apuntando un pasar que non pasa. Ingrávido milagre que ven da longura da noite, neste intre anterior a calquera catástrofe.
Apertas e grazas,
Ignacio Castro
P. D. Unha vez recuperado, chegaránte outra vez as miñas cousas, tamén a invitación para eses Pontes co diaño que presenta E. G.
Madrid, 8 de febreiro de 2015
Badiou y Miller,
Queridos,
Os envío un comentario sobre el texto de Badiou. Adoro a este hombre, pero la verdad es que mi texto (publicado diez días antes que el suyo) fue más breve e incisivo, pensado directamente al calor del momento. No es que ello constituya un mérito por sí mismo, de acuerdo.
Badiou, bastante mayor en años, sigue mostrando un encantador arrojo. En esa denuncia de la abstracción monetaria como única universalidad posible, en esas deliciosas ironías sobre el pacto republicano que exalta la misión civilizatoria de Francia a sangre y fuego. En esa orgullosa República laica, no menos integrista (Todos somos policías) que el mundo musulmán con el que se enfrenta, que sospecha de los suburbios, los velos y las barbas de algunos jóvenes maleducados, los sombríos bares de las afueras. Sí, todo esto es reconfortante.
Nada que objetar a esa calificación de crímenes fascistas con la que analiza el atentado contra Ch. Hebdo. Nada que objetar tampoco cuando recuerda que la revista satírica, como cierto Voltaire, seguía a su modo el juego de nuestros usos policiales contra medio mundo.
Dentro de esta satisfacción genérica que me producen las intervenciones de Badiou (también la denuncia de una expresión amordazada que explica que él mismo retrase su respuesta), no comparto, empero, la letra de algunos momentos. El "verdadero universalismo" no será el de una bandera comunista que despliegue una nueva potencia a escala mundial. Tal vez excesivamente ilustrado, Alain parece desconocer la fuerza de las distintas culturas, así como el poder (racional y razonado, mal que le pese al credolaico parisino) de las religiones.
No hay otra universalidad que la de la contingencia: me encuentro más cerca de esta afirmación de Deleuze. Es decir, de una universalidad episódica, eventual, comunidad contingente construida a golpe de encuentro (o de enfrentamiento) entre singularidades que ejercen su fuerza. Y no hay más que vectores de fuerza en el mundo (también las lágrimas lo son) y sus posibles y deseables pactos ocasionales. La única paz posible es la de un equilibro amistoso de fuerzas. En este sentido, aunque ya sé que decir esto tampoco es muy correcto, el hecho de que los latinoamericanos, los rusos, los chinos y los árabes, busquen su modo de fuerza mundial es bueno para que la sangre no llegue al río.
Volviendo a la cuestión de las religiones, no creo que en estos jóvenes asesinos hubiera mucho de nihilismo. Su disposición al martirio (señalado ya en el hecho de que se olviden un DNI en el coche que acaban de robar) va por otro lado, y lo analizó muy bien Baudrillard en El espíritu del terrorismo, a raíz del 11-S. Esa voluntad criminal y suicida tiene más que ver con la desesperación de una frase que un día circuló en los territorios ocupados por Israel: "No pueden matarnos. Ya estamos muertos". Esto más, naturalmente, el implemento de arrojo y de reconstrucción anímica (que le llamemos fanatismo a eso no cambia nada) que proporciona una fe, un credo religioso sin el cual no pueden vivir los pueblos. La misma Francia, con su furia ilustrada, es un ejemplo. A todo esto, hace más de diez años, el famoso artículo de Baudrillard establecía un curioso paralelismo entre esta voluntad mártir musulmana y la de los primeros cristianos.
Pero, en fin, se trata de pequeñas diferencias de matiz en un texto que me gusta. A pesar de algunos despistes anticuados, Badiou siempre tiene la ventaja de decir lo que piensa, al margen completamente de la inercia progresista. Virtud que, evidentemente, no pertenece a todo el mundo.
Abrazos,
Ignacio
Madrid, 8 de febrero de 2015