Cambio de ritmo

Querido J.,

Esta mañana estuve repasando con cierta calma En espera: penoso. Excelente materia prima, puede ser, pero casi siempre patético en la forma. No sé cómo se me ha consentido llegar hasta aquí. A veces pienso que la gente, incluidos los amigos, por temor a mi «carácter» o por pena, me ocultan todo lo que no se me entiende, lo que exagero, la rapidez con la que mezclo, lo injusto que soy. Dentro, claro, de eventuales brotes de «genialidad» que siempre han sido mi disculpa. La excepción como ley, el genio -y la autoconvicción- como coartada.

Es igual, nunca es tarde para cambiar. Hace poco una amiga me dijo que le había gustado la entrevista sobre Dios porque al fin hablaba para los otros. Como creo que sospechas, yo también necesito una transformación tonal, una nueva partitura sonora que deje atrás mis drogas habituales: el narcisismo, el sexo y las conquistas, la cultura encriptada, la queja, el purismo radical, la crítica apocalíptica, el rencor, el espectáculo anti-sistema… Etcétera.

En definitiva, necesito abandonar las coartadas para dejar de una vez la aristocrática montaña y bajar al llano más común. Renunciar a la pulcritud para mezclarse. Si una supuesta originalidad no resiste ese peligroso giro, sencillamente no merece seguir.

Aquí me tienes entonces, a las puertas de otra transformación. Necesito dejar atrás el enfrentamiento para pasar a la infiltración, sin temor a disolverme en ninguna humanidad ordinaria. No más sectas ni elitismo. Basta ya de buscar opciones de culto que nos salven de la vulgaridad. Porque además, curiosamente, se me ha dicho varias veces que soy uno en la presencia real, incluso con su sentido del amor y del humor, y otro que se transfigura en la escritura. Como si los libros que amamos -sean de Nietzsche, de Rilke o de Lispector- fueran otra cosa que actas de vida, de laberinto común y extraterrestre que es vivir.

Tenemos vidas vulgares y problemas vulgares. Vamos allá entonces con lo musical y lo oral, con otra recuperación de nuestras presencias reales. Entonces, ¿por dónde empezamos? ¿Por esa play list?

Música y cambios. Climáticos y personales, colectivos e individuales. Silabarios de urgencia. Yo para acompañar -deletreando- tus variaciones musicales. Tú, acompañando -musicalizando- mis variaciones orales. No somos quizá un mal trastorno bipolar.

Hay mil músicas que este verano tendríamos que revisitar, sin desechar nada. Por ejemplo, aquel largo solo de guitarra de Neil Young en Dead man. Por ejemplo, joyas de la cultura americana como Light my firePassing through o Almost cut my hair. Y desde luego, el folk y el blues estadounidense. Ah, Shake it and break it.

Y el pop anglo y latino actual. Comet gain y Animal Collective. Y una música española no siempre tan conocida, con frecuencia despreciada por los progres. Sin desechar variaciones «fractales» de temas de verano. De lo mejor de aquella tarde de jabalí, para mi gusto, fue tu versión de Volando voy, de Camarón.

¿Nos atreveríamos a hacer versiones herejes -al estilo de Devo con Satisfaction, de Wyatt con Caimanera– de temas de Serrat, Aute, Sabina, María Jiménez, Camilo Sesto o Raphael? De Julio Iglesias, de Juan Gabriel o Mercedes Sosa. De Antonio Molina. Y mis adorados Eyeless in Gaza. Pongo el listón muy alto, lo sé. Pero jamás olvidaré cuando casi tengo que parar el coche al escuchar de casualidad «19 días y 500 noches», de Sabina -que hasta entonces aborrecía-, en boca de María Jiménez.

Eso es, buscar canciones que obligan a parar el coche. Pero en versiones renovadas, o sea, desde un coche de otra marca y con otra velocidad. ¿Te atreverías a componer temas tuyos? Yo te ayudaría, claro. Este Lennon que no toca ni la radio, pero que ha escuchado mucha música, te ayudaría.

He estado viendo videos de John Lee Hooker, de Canned Heat, de Lola Flores («Alvariño») y de Camilo Sesto. De Bárbara Hanningan interpretando el Gran Macabro de Ligeti. Odio la noción de «espectáculo», pero estoy dispuesto -en nombre de Dios- a prostituirme. Lo necesito. Además, la música debe redimirlo todo, como en aquel final de Paths of glory.

Todas las músicas pueden servir para que haya un acontecimiento. Música, un modo de pensar que solo sea estar. Sonar y cambiar. Tal vez por eso Nietzsche decía que música y lágrimas -de risa, de dolor- son lo mismo.

Empecemos por algún sitio. Abrazos,

Ignacio

20 de junio 2022