Queridos alumnos

No sé si os podéis imaginar hasta qué punto el curso pasado con vosotros ha sido más bien decepcionante. En realidad, bajo mis ingenuas pretensiones de conoceros bien, he llegado a la conclusión de que no conozco a casi nadie... Ya tampoco me importa. Padecéis una mezcla de indolencia y falta de sangre en las venas que explica que nunca os impliquéis personalmente.  También gozáis de un bajo nivel cultural, sin complejos, que os quita el interés por aprender. Más, a veces, una frías estrategias de nota que hacen muy difícil e ingrata la tarea de enseñaros nada. Esto unido a que faltáis mucho, a que llegáis casi siempre tarde (también el día de Marilyn) y que, no menos las chicas que los chicos, algunos manifestáis un nivel "feroz" de soberbia, me han llevado a abandonar toda ilusión que no sea "cumplir con mi trabajo", desentendiéndome de cualquier compromiso personal. Os deseo un buen viaje en ese circuito cerrado en el que funcionáis, con su dosis de "suave racismo" hacia todo lo que no es vuestro: ni fácil, ni actual, ni divertido, ni de moda, etc. Disculpad el lenguaje, pero éste es mi estado de ánimo.

 

Madrid, 20 de marzo de 2018


Ética y desorden

Buenos días, amigo. Sí, me costó un poco sobrevivir a la mañana del viernes, pero llegué tan contento de Barcelona que eso compensó el cansancio.

No, no te has enrollado mucho en esas notas sobre tu pregunta, en absoluto. Parte de lo que apuntas me habría venido "de perlas", antes de terminar el libro, para hacer algunas precisiones que faltan en Ética del desorden. A pesar de que en él es esencial el concepto de lo ahistórico, y en ese sentido mi libro tiene mala relación con algunas concepciones "absolutistas" de la evolución, lo que me comentas de Bateson, Piaget y Leroi-Gourhan me parece muy interesante para mis propias elaboraciones. Seguro, por ejemplo en el capítulo del lenguaje, que esa investigación de Leroi-Gourhan sobre el gesto y la palabra habría sido muy útil. Al fin y al cabo, yo sostengo algo así como que la palabra es una emanación, una secreción del "gesto" de las cosas...

En fin, le daré una vuelta detallada a todo esto que me planteas, buscando bibliografía que puede ser útil para un pequeño libro que está en marcha: "Cualidades ocultas", o algo así.

Me encantó además tu definición de "situacionismo trascendental", con la que me reconozco casi al cien por cien. Y sabes que yo también lo pasé muy bien en esa tarde y esa noche. No solo el acto de "presentación" fue de los más vivos y entrañables que recuerdo sino que, efectivamente, la prolongación nocturna, donde había bastante gente que no se conocía, fue muy divertida. Y plagada de personajes inolvidables.

Mil gracias por todo, S., y hasta muy pronto. Deberíais acercaros los tres este verano, con quien queráis, a ese portento silvestre del noroeste llamado O Picón.

Falamos. Un fuerte abrazo,

Ignacio

Madrid, 18 de marzo de 2018


hacia Abril

Querida O.,

Perdona mi silencio de estos días, pero (como te decía en un Whatsapp) llevaba días muy ajetreado. Tu cuento es breve y lleno de sustancia, supongo que girar a un dejar ir que es ganar. La renuncia, decía Lispector, es la épica mayor que nos espera.

Por aquí todo sigue bien, mezclando (no siempre en la proporción adecuada) tristezas con placeres mundanos. Los silencios de Gandhi los tengo casi automáticamente garantizados, pues paso muchas horas a solas con mi Gelassenheit... o con mi ira.

Además, mi estancia en la montaña de hace veinticinco años dejó en mí una vía de contacto directo con el silencio que puedo utilizar a diario, casi a voluntad, en cada minuto de tormento.

Eso significa que, en mi caso, no puedo vivir sin épica ni heroísmo. Pero cuesta encontrarle alguna utilidad (que no sea ridícula) a la voluntad guerrera en medio de este feroz y autista pragmatismo que nos envuelve.

Deseo de todo corazón que tu hijo encuentre asiento en algún sitio distinto a la comodidad familiar, por ejemplo, en esa magnífica Rivera Maya. Dale recuerdos a é y a A.

Y un beso para ti. Hasta pronto,

Ignacio

Madrid, 19 de marzo de 2018


como ayer, mañana

Gracias, Ch. y G. Casi todo lo que decís está muy bien, pero no podía entrar en tantos matices sobre Lady Bird (madre e hija...) en un trabajo que se dirige, para ahorrar esfuerzos, tanto a alumnos de Primero como de Segundo de Bachillerato.

Creo que con esa base, un poco corregido con respecto a la versión que os envié, está bien, incluso demasiado "bien" para ellos... Junto con otras dos propuestas, de Ribera-Velázquez en el Prado y de Cartas a un joven poeta, lo enviaré como trabajos opcionales de Semana Santa.

En cuanto al final de Lady Bird, no, no lo veo así. No veo que lo que la película tenga de "pastelito americano" se condense ahí, en el final. Más en la relación madre-hija, y sobre todo en la obsesión sexual y de búsqueda de popularidad, con lo que tiene de psicodrama estándar.

Le recuperación del nombre y la asunción del pasado familiar viene después de ver el sufrimiento humano (ese niño negro vendado en el hospital) y de llamar a sus padres sin encontrar a nadie. El coro de la iglesia es lamúsica de lo religioso, sin letra alguna que se entienda. La ambigüedad de la escena final, con Christine en la encrucijada, sin saber para dónde tomar después de una llamada de paz no atendida, es de lo mejor de la película. De lo más "cristiano", esa crucifixión en la duda, y de lo menos "americano" en toda la cinta.

Veo más en el melodrama sexual de Christine y sus amigos, en el debate sobre el éxito social, en la importancia de lo identitario (Jenna-Miguel) y laboral, el pastel americano. Más ahí que en casi cualquier otra cosa.

De todas formas, no se traba de hacer mi texto, sino solo coger algunas claves difíciles para ponérselo duro a los chicos y apartarlos de una lectura festiva y lineal. Ni idea de lo que harán, posiblemente casi nada.

Pero sobre un cristianismo radicalmente mal entendido, también en su papel histórico moderno, os recomiendo ese texto mío sobre la ética cristiana en S. Weil, que he utilizado este año. Creó desconcierto, hasta el escándalo, pero por eso mismo... de algún modo funcionó.

Tampoco en cuanto al cristianismo se ha atendido a las sutilezas de Deleuze y Badiou (sobre todo, este último), sino a la escolástica foucaultiana, mucho más cómoda para nuestra ecclesia laica. Echadle un ojo si podéis.

Hasta muy pronto. Apertas,

Ignacio

Madrid, 17 de marzo de 2018


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