notas sobre la intuición
1) En principio "intuición" es una palabra común, de uso casi popular. Intuyo que esta calle es peligrosa; intuyo que mi amigo no me es fiel; intuyo que mi hermano no me cree, etc. Intuir quiere decir mirar dentro: entrar en algo, asomarse a una esencia, ver un espíritu. La intuición posee la veracidad, la autoridad de lo que es simple: "directo e inmediato", dice Wikipedia. Tal vez casi nada importante en la vida, sea en el arte o en el conocimiento común de las personas, está muy lejos de esa fuerza repentina.
2) La discusión está en el alcance que se le otorga en el conocimiento, sea ciencia o filosofía, a esa súbita iluminación que llega. Es obvio que la idea de una intuición directa e inmediata se enfrenta a toda nuestra actual cultura de la mediación, al culto contemporáneo de lo consensual, la información y la complejidad. En filosofía, por ejemplo, Kant no le concede a la intuición un rango intelectual, sino solamente sensible. Hay otra línea de pensamiento -Platón y San Agustín en la antigüedad; Descartes, Leibniz y Nietzsche en la modernidad- que sí le conceden a las intuiciones un alcance intelectual, como base del conocimiento.
¿múltiple?
Monotonía dispersa, más bien. Nos dicen que el director de Múltiple (M. Night Shyamalan, 2016), el mismo de aquella película de terror adolescente que se llamó El sexto sentido, con un B. Willis que hacía -como siempre- de sí mismo-, es de origen hindú. Si es así, M. Night sería una perfecta expresión de los efectos mentales de una colonización cultural. No hay en esta cinta nada que no sea cultura estadounidense al cien por cien, con la misma carga de miedo paranoico que expresa en su habitual gracia D. Trump al decir: "El mundo tiene un problema, pero yo estoy aquí para arreglarlo". Tiemblen con las soluciones.
El caso es que no basta ya con que el mundo externo a la secta de los elegidos sea un desastre, una tierra sembrada de virus, razas asesinas, estados delincuentes y terrorismo. Precisamente para que la furia puritana pueda ejercerse en todas direcciones, y también hacia dentro, mortificando el cuerpo, es necesario que en el hombre mismo anide un mal radical. De otro modo el hobbesianismo insular que caracteriza a la cultura angloamericana, satanizando toda condición natal, no encontraría suficientes disculpas para mantener su perpetua campaña militar contra la espontaneidad de la vida. Hay que enderezar el curso de las cosas. También en la mente de los hombres. Tras su aire de ingenuo cómic de terror, éste es el pérfido mensaje político, específicamente para adultos, de la última película de Night. Una vez más, el espectáculo se pone al servicio del cierre de filas en el Occidente blanco y sus tropas de elite, aunque ahora acompañadas de psicólogos.
¿qué significa pensar?
Se puede definir como "la capacidad de analizar, comprender y resolver problemas de forma creativa". Pero entonces parece que sin la existencia de problemas no existiría ninguna inteligencia. Estamos pues, de nuevo, ante la importancia de las contingencias, los accidentes terrenales, para la racionalidad de los hombres. Además de probables factores hereditarios, la inteligencia tiene que ver con los sucesos que vivimos y con la habilidad que tenemos para afrontarlos. Para poder desarrollar nuestra inteligencia tenemos que vivir, y esto significa atravesar irregularidades reales, fuera de la fluidez de las "pantallas planas" de la vida fácil que por todas partes se nos vende. De ahí que el instinto de algunos padres, profesores, instituciones y programas de formación sea el de empujar a los jóvenes a situaciones nuevas, no rutinarias, para obligarles así a desarrollar su inteligencia.
En suma, ¿nos forman más los cursos de formación o las deformaciones a las que nos empuja la vida? Lo que Aristóteles decía sobre la filosofía, insistiendo en que el asombro es el origen del pensamiento, vale para la inteligencia en general. Pensamos sobre las anomalías que nos sorprenden, lo que llama nuestra atención, nos da miedo o nos amenaza. La inteligencia es también la capacidad de penetración, de infiltrarnos en lo nuevo. La famosa capacidad de "adaptación", como signo de inteligencia, es a veces solamente un camuflaje, una actuación que hace parecer que estamos adaptados. Y no lo estamos; simplemente estamos retirados, escondidos y esperando nuestra oportunidad.
Trump como compuesto genérico
Lo dijimos algunos y lo volvemos a repetir. Es de agradecer en Trump que, sin ningún tipo de reparo ni educación, muestre la fuerza unilateral y la brutalidad que siempre ha sido el primer argumento en el poder mundial de la "mayor democracia". Las diatribas actuales contra los hispanos o los musulmanes es la perfecta expresión de un racismo cosmopolita -valga la contradicción- que los USA siempre han mantenido ante el resto de la humanidad, incluyendo su propia población indígena y afroamericana. Naturalmente, se ha exceptuado de esta rabia al planeta de Su Majestad, que habla inglés, y, más tardíamente, a los elegidos por excelencia, ese Estado multimillonario que se expande en la antigua Palestina.
Rebajando la originalidad de Trump en su vuelta enérgica al proteccionismo, Soledad Loaeza comenta en su artículo "Donald Trump y el gigante egoísta": "Como si la historia de los Estados Unidos hubiese sido otra cosa". Y así es, pues en la nación que basa su modernidad en un genocidio oculto -no solo según N. Chosmky o M. Moore-, intervencionismo y proteccionismo son dos caras de la misma moneda. Dentro de esa lógica implacable, es una escarnio que los EEUU acusen al resto del mundo, particularmente a México, de aprovecharse de ellos, como si fuesen inocentes hermanitas de la caridad desarmada.
ventajas materialistas de creer en Dios
Incluso en julio el capitalismo es bastante navideño, ¿no creen? Caído del Norte, y sin embargo cálido, se recarga una y otra vez de luces parpadeantes. A las puertas de otra inefable Navidad sentimos de nuevo, hasta el paroxismo, cómo esas luces invasivas toman al fin la forma ecológica de un árbol. ¿Por qué no, entonces, un penúltimo regalo de este año de gracia que termina -aunque para algunos ya acabó antes-, una pequeña reflexión sobre nuestro sagrado laicismo? Sobreimpreso, un breve soliloquio sobre los motivos progresistas para creer en el viejo Dios. Ahora que está de moda el populismo, podemos reconsiderar por fin una creencia típica de pobres, de atrasados e ignorantes. Eso sí, sin caer en la tentación de volver a pronunciar el nombre de Lacan en vano, ni siquiera en esa idea genial de que al final la religión siempre triunfa. Perdonen la posible redundancia de este decálogo más uno, pero es que el fin de año es así, como los catálogos de Ikea. Tampoco se preocupen si algo no se entiende, ya saben cómo es la teología. Veamos:
I
Por una parte, es posible que necesitemos tener a alguien silencioso con quien dialogar a escondidas, bajo esta transparencia imperial. El secreto de confesión antes que la pornografía de la revelación. Aunque solo sea para seguir un simpático emblema oído al pasar: "Si tienes un problema, no se lo cuentes a tus amigos. Que los entretenga su puta madre". Este es en realidad otro motivo de meditación teológica: ¿Qué tengo yo que ver con los mutantes que llamo "amigos", qué me une a ellos si no existiera un ser intermedio que no se parece a ninguno de nosotros?