apocalipsis de playa

Cuando se acerca el fin de curso algunos profesores y padres llegamos en un estado de ánimo tan agotado que ya no sabemos si volvernos a casar, comprarnos un perro, jubilarnos o recurrir a una forma discreta de autolisis. En resumen, el habitual trastorno bipolar del resto del año se transforma en junio en algo más complejo, difícil de definir en tres -¿trastorno tripolar?- o cuatro puntas estadísticas.

Tras soportar el curso entero la más inimaginable mutación anímica de la juventud -esa eterna juventud que ya somos todos-, unida por el cemento del griterío despótico, la pasividad y el maltrato discreto, es difícil esquivar la tentación de hacer un balance. Más difícil todavía si se intenta con cierto sentido del humor que compense un cansancio nervioso. Además de exagerado, lo que sigue puede parecer rencoroso. Pero no lo es necesariamente. Para quienes somos vitalistas, es inevitable mantener una buena relación con la sangre fresca de la juventud más atrasada; con su generosa espontaneidad, su frustración en los márgenes, su sentido del amor y del humor.

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Ética del desorden. ¿Un índice necesario?

Queridos amigos,

A pesar de su abundante aparato crítico y sus más de cuatrocientas notas, la clave de Ética del desorden estriba en un intento de afrontar de nuevo las cosas directamente, como si éstas -sean la percepción, el espacio, la muerte o el lenguaje- todavía pervivieran en estado salvaje, libres de la inmensa capa de juicios históricos que ha caído sobre ellas desde hace mucho tiempo. No es extraño que este intento haya de ser largo, tanto como agotadora es la cobertura de mediaciones que hoy nos impide un contacto vivo con la inmediatez.

Para facilitar el acceso del lector, y una lectura más libre, he confeccionado esta guía. Para algunos, es posible que el intento de articular un índice temático de Ética del desorden sea una torpeza -incluso en relación al título del libro- y éste se explique mejor solo, sin ninguna guía que seleccione los signos enterrados que contiene.

Con esta duda, ahí va. Se ha trabajado a fondo, no sé si más para los lectores de filosofía o para los ajenos a nuestro peculiar medio. Tal vez este "mapa" ayude a situarse en esas más de cuatrocientas cincuenta páginas. Y tal vez sea un buen instrumento de verano, facilitando la lectura selectiva y desordenada de un libro que, al fin y al cabo, debe estar entero en cada parte.

Abrazos,

Ignacio Castro Rey

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Ética del desorden es un libro nacido de la amistad, de un haz muscular de relaciones que sólo parcialmente se refleja en las abundantes citas y en la lista final de agradecimientos. El libro surgió del hábito en una comunidad afectiva que incluye una relación moral con lo no humano. La prueba de la amistad es la ambivalencia de lo impersonal, lo desconocido que no tiene amigos ni es susceptible de organizar aparte. Por sí sola, la amistad ya piensa, pues se ve obligada a ordenar su hospitalidad hacia vínculos inesperados, que arriesgan nuestra seguridad estratégica.

Si Roxe de sebes fue la crónica de un áspero retiro, éste es un libro de entrada -no menos ardua- en nuestra cotidianidad urbana, mundialmente compartida. Se trata de un libro básicamente afirmativo, donde la crítica debe ocupar un lugar secundario. De ahí que no sea exactamente un tratado de ética. El título Ética del desorden juega con el encabezamiento de un libro mítico en la modernidad, una Ética demostrada según el orden geométrico(Spinoza) que tampoco es un libro específicamente moral. En él la exterioridad, el orden contingente de lo que ocurre, es el índice del ethos humano.

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el joven papa

Lo siento de verdad, pero la serie de Sorrentino resulta bastante insufrible. Por decirlo del todo, doblemente cansina al tener la firma del autor de Lagrandebellezza o Youth. En estas dos películas la cirugía invasiva que se lograba con la imagen, el sonido y la palabra -suponiendo que sean tres cosas distintas- abría otro tiempo dentro de nuestra cronología minuciosamente controlada. A la salida de la sala no eras el mismo, pues la relación con el magma sombrío del exterior había cambiado. Ya sabemos que después las aguas vuelven a su cauce, pero ha quedado un herida en el blindaje de lo que llamamos conciencia.

Ante el peligro de existir, ¿hay en realidad algo más aborrecible, más tedioso incluso que ser siempre elmismo? Y esto aun suponiendo que, de manera irremediable, uno esté encantado de haberse conocido. Pues bien, asombrosamente, esto es lo que ocurre después de aguantar hasta el máximo con Theyoungpope. Al dejar la pantalla nada ha cambiado, vuelves más reconciliado todavía con tu habitual blindaje, a la vez privado y compartible. Y esto por dos razones ejemplares: primero, el mundo que se muestra es intrincado y escabroso, más todavía que tu dudosa vida, que así resulta rehecha en su normalidad moral; segundo, a nuestra estrategia urbana le acompaña de nuevo una colección de imágenes y eventos apasionante; nube audiovisual que confirma que, finalmente, la vida no va tan mal.

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de algunas dudas arquitectónicas

Fernando Espuelas: ¿Te parece que el espacio/la arquitectura interviene en la “narración” que el sujeto hace de sí mismo? De ser así, ¿cómo es corroborable?

 

Ignacio Castro: Sí, me parece. Creo que los espacios arquitectónicos tardo-modernos contribuyen, aunque sólo sea sobre esa parte incierta de la población que son los consumidores urbanos, a dificultar la épica de la propia existencia, un relato sin el cual no puede darse la más elemental consistencia personal, la más simple autonomía. Esa "heroicidad" que se necesita para vivir y afrontar la muerte está en peligro por la mediación infinita que nos rodea, de la cual la nuestra líquida cultura deconstructiva es parte. El resultado aproximado del actual poder religioso de lo social, en el que colabora la espontaneidad de las nuevas tecnologías, es lo que Virilio llama el inválidoequipado, un ciudadano incapaz de tomar ninguna decisión vital, de atreverse a existir de otra manera. Es un poco lo que señala Sennett en La corrosión del carácter: el debilitamiento que ocurre en las entrañas del sujeto en virtud de la fragmentación, la inestabilidad, la flexibilidad del mundo del trabajo. Aislamiento creciente en la marca del Yo, en las estrategias de un perfil, y conectividad expansiva de esa estrategia. El capitalismo, su macroeconomía, es un espíritu, ése es el problema. La esencia de la economía no es económica, sino metafísica, por eso penetra los tejidos.

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poderes del sur

Paolo Virzì nos quiere contar en Locas de alegría la épica de una escapada a un planeta incomprensible, con unas posteriores aventuras que oscilan entre el horror y la risa. Como en El Quijote, aunque los papeles de Sancho y el Hidalgo son aquí intercambiables, las dos protagonistas nunca entiende nada. De ahí la energía sentimental de esta comedia negra, salpicada de desolación y una extraña alegría. Virzì también aborda la enfermedad mental al margen de cualquier diagnóstico médico, indagando en dos intrincadas biografías donde víctimas y verdugos se mezclan. Lejos de la cultura genérica de la queja, sus protagonistas Beatrice y Donatella tampoco son dos mujeres maltratadas solo por los hombres, aunque los varones no salimos precisamente bien parados. Es como si la evasión de ellas dos, y el riesgo múltiple que corren en esa fuga, pusiera en valor la cordura del refugio psiquiátrico en el que viven, haciendo que las personas de esa institución las echen en falta como una parte de su razón de ser.

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