Crónica de la voluntad y la derrota, (Half Nelson, Ryan Fleck, 2007)
Sin estridencias, con esa mezcla de piedad y dureza que sólo encontramos en las mejores obras, Half Nelson desgrana una desdicha a cámara lenta, una disección del tedio y la soledad en medio de nuestro holocausto diario de los ideales. Todo ello sazonado con cierto sentido del humor, con una tenue sonrisa que relampaguea aquí y allá. Aunque los turistas crean algo distinto, Nueva York es aquí como cualquier otro sitio. El miedo y la frustración abundan, son incluso la norma. Tras la opulencia del cristal y el acero, los derroteros del infortunio, la vieja zozobra de carne y hueso.
En la terminología de lucha libre "Half-Nelson" es una llave que inmoviliza al adversario y de la que es imposible salir. A pesar de ser un profesor brillante, Dan Dunne no deja de estar refugiado en la marginalidad de un instituto neoyorquino, sin atreverse a salir al pulmón abierto de la sociedad. Lo que le encierra es ambicionar toda la emoción, la intensidad, la libertad del mundo aquí y ahora. Mientras explica una lección imposible a unos pobres chicos que le siguen con simpatía y admiración, pero que apenas podrán realizar nada. Sin embargo, Drey y él están unidos porque no se limitan a sobrevivir, a ver pasar la vida, a pesar de estar un poco asustados ante lo que les rodea.
más extraño que la ficción, (Stranger than fiction, Marc Foster, 2007)
La película de Marc Foster es una pirueta en torno a la existencia y su fugacidad. Explora las líneas
borrosas entre la verdad y la ilusión, líneas que hoy más que nunca -en la época de la informatización
total- son indiscernibles. Foster investiga también la manera harto misteriosa en que damos forma a
nuestra existencia. Uno se pasa la vida calculando y al final lo que sale no tiene mucho que ver con lo
previsto. Como dice un viejo refrán castellano, el hombre hace planes para que Dios sonría.
¿Recuerdan American beauty? Un hombre ha estado dormido durante años y de repente se despierta y se entera de que le queda poco. El tiempo se acaba: una frase un poco estresante que a Foster le gustaría que resonase en nuestros oídos. Es angustiosa, de acuerdo, pero al mismo tiempo es la fuente de cierta sabiduría antigua, pues invita a vivir cada día como si fuera el último. Al fin y al cabo, nadie sabe lo que está escrito, de tal manera que el amor al destino de los estoicos no cambia nada de cara al esfuerzo, sólo en cuanto a su dirección. La meta es, siempre, recuperar un origen ambiguo, reconciliarse con un trauma remoto.
pequeña Miss Sunshine, (Little Miss Sunshine, Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006)
Juntar a Proust con Nietzsche, a un homosexual con un adolescente rebelde, a un abuelo beatnick con una honesta madre sesentaiochista, puede parecer un punto de partida demasiado fácil, un tanto excéntrico para después pretender una crítica despiadada de nuestra querida America. Lo cierto es que, aun con ese punto de partida, Little Miss Sunshine es una película llena de matices. Lo cual no está del todo mal en esta época colonizada por el "blanco y negro" de la información, cara visible de la lógica binaria que dirige desde abajo la complejidad informática.
such is life, (Nueve vidas, Rodrigo García, 2006)
Odio las abreviaturas, toda esta manía actual por lo fast, el impacto de lo breve y la economía móvil de
las contracciones. Empiezas diciendo "finde" y acabas podando la relación con tu madre. Sin embargo, en
arte y en otros sitios, a veces lo minimal tiene la virtud de concentrar en un punto un universo de
significado, como ocurría en los aforismos de Nietzsche. Así ocurre en la condensación poética, en el
haiku y en esta película de Rodrigo García, que consigue una intensidad casi sostenida a lo largo de
nueve cuentos entrelazados. Un poco al estilo de aquellos Short cuts de Altman, poniendo en la pantalla
el laberinto de senderos que se cruzan. La historia no está acabada nunca en ningún sitio, pues sigue en
otros niveles más o menos invisibles, bajo la línea del agua.
Bajo la duda, (La vida secreta de las palabras, Isabel Coixet, 2005)
Isabel Coixet es extremadamente inteligente y apunta desde el principio a un selecto éxito, que podemos asegurar que, tal vez no sólo en Europa, no será pequeño. Por otra parte, esto nos libra de toda prudencia, de tener que defender algo que pueda estar en peligro. Y no es que la película sea mala, todo lo contrario. Uno se puede tomar precisamente ciertas libertades porque es ambiciosa, está muy bien hecha y vale la pena ir a verla. No sólo por salir de casa, ver a los amigos y asistir al ritual un poco anacrónico del cine, que no es poco.