Dudas matemáticas

Querida R.,

Qué suerte que «también» sepas de matemáticas. Te cuento. Voy a dar el 10 de este mes una charla en el Bachillerato Internacional del IES Rosalía de Castro de Santiago. Se trata de una clase «divertida», algo loca e informal sobre algunas intuiciones acerca de lo matemático. Sobre todo, una aproximación al tema de la singularidad -ya sabes, vieja obsesión mía- desde el punto de vista matemático. Una cuestión que haría imposible, desde mi modo de ver, el sueño del logicismo de Frege, Carnap y Russell. También haría imposible una reproducción digital o virtual del mundo con la  tecnología, la información global, la sociedad del conocimiento, internet o la informatización…

Esto obligaría a unas matemáticas oscuras, tan complejas o fractales como la realidad que pretenden abarcar. Borges tiene un precioso cuento sobre esta paradoja de un sabio que hace un mapa tan preciso para librarse del mal del mundo que acaba reproduciendo ese mal en el mismo mapa.

Perdona el caos de este hombre de letras. No tengo que impartir algo precisamente magistral, ni ocultar que habla el «último de la clase» en matemáticas. Ahí siempre fui un desastre, tal vez por la dificultad de comprender un lenguaje tan especifico que no sentía real, sino retirado… Después retomé el interés intuitivo por una matemática de lo cualitativo, de los fenómenos de borde, de las singularidades discontinuas. Por eso necesitaría ordenar algunas cuestiones y no meter la pata en nada elemental. Perdona que las preguntas, que he marcado en negrita, estén un tanto desordenadas.

Me puedes llamar o escribir, como tú elijas. Gracias de antemano,

Ignacio

Santiago, 4 de junio de 2022

Castro de nuevo

Buenos días, J.,

Le debo a R. una comida deliciosa, pues lo pasé en grande el domingo pasado contigo, con L. y P.

Yo estaba casi eufórico después de una mañana estupenda en la Feria del Libro, con abundantes encuentros, amigos y ventas. A pesar del ánimo extraño de P., a quien todavía no conozco bien, encontré muy afortunado el quinteto. Oí decir en serio y en broma, incluso me oí decir, cien cosas que siguen resonando en mi cabeza.

En particular, esa frase tuya sobre que te sientes «demasiado bueno», que -aproximadamente- te gustaría salir de ahí y no sabes muy bien cómo. Respondí a bocajarro, cosa que irritó un poco a L., algo así como «Has de ser cruel para ser amable». Ya sabes, el famoso emblema de Hamlet: Speak daggers and use none.

 

La verdad es que no soy, digamos, pacifista. Pero no, no me quedé a gusto con mis consejos. Tal vez no sea mala idea buscar -en este mundo implacable- un diablo que compense nuestro dios, un peligro que compense nuestra dulzura. Pero pensándolo bien no veo por qué -precisamente en esta crueldad cotidiana- no se puede ser bueno, dulce, atento… Hay en la bondad -Whitman, Machado, Rilke- un arma de tecnología punta, una potencia cargada de futuro. El propio «espíritu de dulzura» del cristianismo, dice Simone Weil, ha sido malentendido. Y no excluye de algún modo la espada, la cólera.

Quizá todo consiste en que un fondo de serenidad y ternura siga envolviendo nuestros inevitables momentos de ira.

Ahora te diría: J., por favor, no cambies. Pero sería bueno prolongar aquella deliciosa comida con otros encuentros. Aparte de la generosidad de R., tienes en Galicia varias casas en las que serías muy bien recibido.

Mi correo es este. Espero que haya pronto ocasión de seguir intercambiando regalos.

Un abrazo y hasta entonces,

Ignacio

P. D. Espero que encuentres en el laberinto de Sexo y silencio un poco de la paz que todos necesitamos.

Santiago, 2 de junio de 2022