Relatos y haikus

Hola de nuevo, C. Repasé otra vez los haikus, leí "Emérito" y "En la penumbra". En los poemas, la misma impresión excelente de autenticidad, de alguien que habla de lo que antes ha vivido.

Dos cosas muy buenas que cumples, hasta un punto sorprendente. Una: Se ha dicho que el poema dice en voz alta lo que muchos viven en silencio, en horas furtivas. En ese sentido, estirando la individualidad de cada cual, el poema revela la verdad común de lo que ya había, una verdad que es para todos, aunque nadie escuche.

Otra: Se dice que un poema o un aforismo condensa un universo de sentido en un solo punto, en una breve vibración. También lo cumples, con creces. Casi me siento culpable por no haberte "conocido" antes, a parte de la encantadora mujer que nos servía la suculenta comida de Casa Carrillo.

Pero bien mirado, tal vez haces la comida con el mismo primor, y se nota, que pones en estas palabras. Por ejemplo, en el cuento "Emérito". Sentimentalidad y afecto, pero llevados a la precisión que solo los sentimientos pueden tener, jamás las ideas solas, sin el empujón del sentimiento.

Gracias por estos regalos. Seguiré leyendo. Hasta pronto y enhorabuena,

Ignacio

Picón, 13 de noviembre de 2020


Esperemos

Querido E.,

¿Ayer? Mejor ni te cuento. Algunas personas no estuvieron mal: pronto tendrás el encuentro en Youtube. En cuanto al resto, solo decirte que el universo virtual, que ha crecido hasta niveles de metástasis con la disculpa de la pandemia, ha permitido una casi completa impunidad de la falsedad, la mentira, la desvergüenza. Desvergüenza de la "imagen" y los datos, sin ningún contenido real.

Llevo años, muchos años, esforzándome en todas direcciones. A veces, lo sabes, rozando la "prostitución". Pero soy en el fondo, también lo sabes, una persona de verdades. Con toda la connotación ingenua que tenga esta afirmación.

El caso es que estoy completamente desanimado y decepcionado, por no decir harto, con respecto al planeta virtual. Y no me refiero a ti y a tu trabajo, que aprecio, sino a una profunda decepción con respecto al alcance real del conjunto de toda esa espuma ruidosa. Hoy me parece parte del narcisismo, la hipocresía posmoderna y el entretenimiento, en el que además siempre estás trabajando para otro que ni siquiera conoces. Ni te paga, claro.

Así pues, lo siento por ti, he tomado una decisión. Suspender toda actividad, por lo pronto. Esperemos a ver cómo se resuelve ese misterio encriptado de Wikipedia, que tampoco tiene buena pinta, y después hablamos.

Un abrazo muy fuerte y hasta pronto,

Ignacio

Madrid, 29 de octubre de 2020


Sorry, tres de seis

Querido T., te envío seis frases. Tú escoges tres, por favor. Mil gracias:

1 Sería propio del varón una tendencia a pensar en términos no normativos, la tentación de transgredir ocasionalmente las normas que los propios varones han dictado para la colectividad.

2 ¿Es el afán primario de aventura lo primero que el espíritu del capitalismo ha laminado? Muchas tragedias y comedias viriles, algunos heroísmos y suicidios, podrían explicarse por el ensueño masculino de vivir por encima de las posibilidades que dicta el mero cálculo económico.

3 Un frustrado ensueño de exterior explicaría también por qué la virilidad está en crisis, quizá como no lo está la feminidad.

4 La épica masculina, por factores casi preontológicos, tiende a la brusquedad de una salida de tono, a la pulsión de un riesgo exterior. El choque con la policía social de la democracia posmoderna está servido, sobre todo en los países que más han entrado en un correcto capitalismo avanzado.

5 No hay por qué ocultarnos el peso de lo que se podría llamar histeria masculina, esa enfermedad varonil de la trascendencia. Y esto ante todo en los "mejores" hombres, en aquellos que aún sostienen la generosidad de la lucha y de una entrega a los demás.

6 La capacidad para lo trágico del no, para lo duro de un "no es no"; también para no ser modernos e interrumpir el flujo social, sería otra de las potenciales características del varón que se resiste a deconstruirse.

Madrid, 27 de octubre de 2020


Precipitaciones de Dios

Querido A.,

Perdona, antes de nada, el retraso en contestar. Y también, posiblemente, la cortedad de esta respuesta. Estoy absorto con ese libro sobre el sexo y el silencio... y mil pequeñas cosas más.

Libro donde precisamente la contingencia carnal, la encarnación en una criatura o en una relación pasajera, es todo lo que tiene el hombre para pasar a cierta serenidad, a una difícil permanencia. Sin la contingencia de lo que ocurre, a veces terrible, esa contingencia que tal vez entienden mejor las mujeres que nosotros, lo absoluto no sería nada. El oro "se acrisola en el fuego". El mesías es solo una ventana abierta en cualquier segundo de tedio.

Lo dices muy bien, con otras palabras. Tenemos lo inesperado, que no se atiene a ninguna causalidad previsible, para entender de algún modo el sentido real que pueda tener la divinidad. Es decir, una materialidad más profunda que todas las "leyes" en las que encerramos la materia.

Más cerca de Juan de la Cruz o de Schelling que de Wittgenstein, creo en una relación inmediata con eso que se llama "Dios". Y todo ello en virtud de lo absoluto de la contingencia, ese silencio que no duerme. No puede nada, ante ese absoluto, ninguna "contingencia" meramente histórica: los gobiernos, la estupidez cruel de la opinión pública, los detalles de una biografía, etc.

Simplemente, es necesario escuchar las miserias de lo social a través de lo absoluto de la existencia. Y ello para comprender a ese Dios profundamente menesteroso, que necesita de la profunda idiotez de un ser terrenal. La música, no solo la de Bach, es una expresión de esa profunda intimidad entre lo sagrado y lo profano.

Te envío una entrevista reciente donde le doy otra vuelta, de un modo más ligero e irónico, a estas laberínticas y escandalosamente simples cuestiones.

¿Tengo tu móvil? Creo que no. Por si acaso, por favor, pásamelo.

Un abrazo muy fuerte y hasta pronto, hasta que las bobadas de los políticos  nos dejen.

Abrazos,

Ignacio

Madrid, 7 de octubre de 2020


"Escribo para curarme del mal de vivir"

Entrevista en Culturamas
por Diego Marlasca
5 de octubre, 2020

1.- ¿Por qué escribe? ¿Qué ocurriría en su vida si no escribiera?
Escribo para curarme del mal de vivir. Creo que si no escribiera me volvería loco. Como decía hace poco una joven escritora, tal vez de no escribir acabaría matando a alguien. De Rilke a Lispector, se dijo hace tiempo que solo vale la pena escribir (y posiblemente leer) aquello que salió a la fuerza, que no pudo no ser hecho. Escribo para distanciarme de un mundo de cuya estupidez abomino. También para liberarme de mis fantasmas, asesinando lo que odio en mí. En tal sentido, escribir es una forma de intervenir en el mundo y a la vez retirarse de él. El frustrado hombre de acción que soy encuentra así una especie de monasterio, un campamento-base para cada día intentar un equilibrio difícil entre la cólera y la serenidad. Aunque no sé, en verdad, si puedo ser sincero sobre todo esto.

2.- En un mundo de ruidos, ¿para qué sirve la literatura?
Es un alivio de nuestro feroz pragmatismo. En la literatura podemos al fin respirar, nos sentimos menos miserables. Secundariamente, es obvio, la literatura sirve también para entretenernos, igual que una película bien hecha o cualquier clase de espectáculo. Y no hay que despreciar la importancia del entretenimiento en un mundo que, desde siempre y para siempre, es extremadamente cruel. Precisamente por esto hay otra función última de la literatura, tal vez un poco desesperada. Creo que nos da armas para sobrevivir en un mundo caótico e implacable. Es posible, quiero decir, que Borges haya salvado más vidas que Freud.
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