tríptico de octubre
Han critica el capitalismo. Y tiene argumentos ontológicos que habría que escuchar. Desde ellos acusa a Negri de no ser suficientemente anticapitalista. O mejor, de serlo de forma imperdonablemente naïf.
"¿Por qué hoy no es posible la revolución?" desliza la hipótesis de una profunda complicidad cultural entre izquierda y derecha para mantener un orden cuya infraestructura no es ya económica, sino metafísica. Han insiste en este odio a lo real, a la común alteridad de la existencia, que no ha dejado de extenderse bajo el abanico ideológico del primer mundo. Lo cual explicaría, según él, que casi todas las iniciativas internas resulten pronto integradas. Nos queda el exterior, pero lo dejamos para el turismo ocioso, pues despreciamos en bloque el conjunto de esas culturas, para nosotros atrasadas y despóticas. En este punto, muy cerca de su maestro Baudrillard, Han insinúa que la extrema derecha sólo dice en voz alta lo que piensa el entero arco democrático con la boca pequeña.
en bucle
Técnica y objetivamente, se dice que lo que vivimos en el ébola es una auténtica bomba real, con pocas comparaciones posibles. ¿Incluso el sida exigía vías de contacto más voluntarias y evitables, menos difusas? No es exactamente así. Pero, como tantos de nuestros terrores sociales, este virus expandido desde un río, murciélagos y cadáveres africanos, transita por medios durmientes, invisibles. A través de vivos que carecen de síntomas y de cadáveres con aspecto apacible. Es el terror de nuestro credo de la visibilidad.
Certezas Indias (Momentos de una vida, R. Linklater, 2014)
Lejos de lo que pueda parecer eventualmente, el problema del hombre en nuestras sociedades no es la inseguridad, sino la atenuación afelpada del peligro, el hecho de que éste casi nunca se presente de frente, con una voz reconocible. Al menos según algunos, la norma es incluso la muerte a plazos por pragmatismo, a manos de una flexibilidad que no pasa por cadavérica al estar incrustada en la deriva consensuada de los cuerpos y las mentes.
¿Cómo salir victorioso en una batalla donde el enemigo es el tiempo mismo, organizado en nuestra sociedad para degradarnos suavemente en cada uno de los rituales de nuestra biografía? Modulada de manera harto paciente, ésta parece ser una de las preguntas que Richard Linklater (Houston, 1960) esconde tras la ritmada complejidad de Boyhood.
Sobre naciones y esencialismo varios
Hola, C.,
Bueno, te pido disculpas, pero por fin he podido echarle un ojo a los dos
textos que mencionas. Gracias por dirigirme, tal como ando de tiempo, a los
párrafos significativos... La verdad es que sigo en mis trece y mis
diferencias (no sé en el caso de P.) se mantienen un poco como el otro día,
sin que me parezca del todo probable que la muy elemental y telúrica cerveza
arregle las diferencias de óptica en este caso.
El NO de las niñas
Querida M.,
Quería escribirte sobre el incidente del sábado, pero ayer estuve muy ocupado. Y además, no es mala idea en casos así dejar pasar un plazo y contar hasta diez.
Tu madre estaba un poco preocupada por el tiempo que yo había perdido, por las molestias y demás. Pero esa no era mi preocupación. Sois amigas de mi hija y hay confianza y afecto. Por ti, por A. o la otra M. habría hecho lo mismo, o el doble, sin ningún tipo de duda. Igual que lo haría tu madre por mi hija.