La actualidad y lo sagrado

B., querido, te entiendo perfectamente. A veces yo también desfallezco, de cabo a rabo. Esta misma mañana: Agonizante. Es lo menos que puedo decir.

No le quito espesor a tu pesimismo, ya sé que hablas desde una decepción de fondo, pero a veces -y en mí la decepción es natal- son estadios estacionales, crisis «de edad» que pueden ocurrir en todas las edades. Desde que el mundo es mundo, hace unos cuantos años, es encarnizado con el espíritu, con la profundidad de la vida individual. Pero esta Inquisición se ha redoblado en el universo moderno. Nuestro mundo es el demonio, salvo raras islas de acogida. A veces dan ganas de fundar una secta.

La muerte del padre, que yo sufrí hace un tiempo, nos coloca además en un estadio extraño, de exigencia límite, de intransigencia lunática.

La verdad es que a mí, para la prostitución media que es el presente, siempre me ha faltado «cintura». Tengo la espada, me falta a veces la ternura. Y ahora esto no ocurre menos que antes. Mi reto es siempre el humor, cierta jovialidad para esta desolación del presente. Reconozco que no es fácil.

Pero tenemos dos manos. Una debe estar con la verdad, que, sea lo que sea eso, cada uno sabe qué es, ya que nos marca por dentro. Se sabe, aunque cada verdad irrumpe en una crisis del saber, en que no nos deja.

Te envío entonces esa encuesta que respondí casi a bocajarro, ante las preguntas religiosas de una persona que no conozco, ni me importó demasiado su «intención». Si es que la había.

Sin ningún compromiso, ya me dirás si se tercia.

Un abrazo muy fuerte. Y mucho ánimo en este presente tan raro, donde cuesta hasta tener enemigos. Hasta pronto, pues prometo llamarte antes de la próxima visita.

Ah, y tienes una Galicia abierta para ti, al menos de junio a julio.

Ignacio

Santiago, 4 de junio de 2022

Dudas matemáticas

Querida R.,

Qué suerte que «también» sepas de matemáticas. Te cuento. Voy a dar el 10 de este mes una charla en el Bachillerato Internacional del IES Rosalía de Castro de Santiago. Se trata de una clase «divertida», algo loca e informal sobre algunas intuiciones acerca de lo matemático. Sobre todo, una aproximación al tema de la singularidad -ya sabes, vieja obsesión mía- desde el punto de vista matemático. Una cuestión que haría imposible, desde mi modo de ver, el sueño del logicismo de Frege, Carnap y Russell. También haría imposible una reproducción digital o virtual del mundo con la  tecnología, la información global, la sociedad del conocimiento, internet o la informatización…

Esto obligaría a unas matemáticas oscuras, tan complejas o fractales como la realidad que pretenden abarcar. Borges tiene un precioso cuento sobre esta paradoja de un sabio que hace un mapa tan preciso para librarse del mal del mundo que acaba reproduciendo ese mal en el mismo mapa.

Perdona el caos de este hombre de letras. No tengo que impartir algo precisamente magistral, ni ocultar que habla el «último de la clase» en matemáticas. Ahí siempre fui un desastre, tal vez por la dificultad de comprender un lenguaje tan especifico que no sentía real, sino retirado… Después retomé el interés intuitivo por una matemática de lo cualitativo, de los fenómenos de borde, de las singularidades discontinuas. Por eso necesitaría ordenar algunas cuestiones y no meter la pata en nada elemental. Perdona que las preguntas, que he marcado en negrita, estén un tanto desordenadas.

Me puedes llamar o escribir, como tú elijas. Gracias de antemano,

Ignacio

Santiago, 4 de junio de 2022

Castro de nuevo

Buenos días, J.,

Le debo a R. una comida deliciosa, pues lo pasé en grande el domingo pasado contigo, con L. y P.

Yo estaba casi eufórico después de una mañana estupenda en la Feria del Libro, con abundantes encuentros, amigos y ventas. A pesar del ánimo extraño de P., a quien todavía no conozco bien, encontré muy afortunado el quinteto. Oí decir en serio y en broma, incluso me oí decir, cien cosas que siguen resonando en mi cabeza.

En particular, esa frase tuya sobre que te sientes «demasiado bueno», que -aproximadamente- te gustaría salir de ahí y no sabes muy bien cómo. Respondí a bocajarro, cosa que irritó un poco a L., algo así como «Has de ser cruel para ser amable». Ya sabes, el famoso emblema de Hamlet: Speak daggers and use none.

 

La verdad es que no soy, digamos, pacifista. Pero no, no me quedé a gusto con mis consejos. Tal vez no sea mala idea buscar -en este mundo implacable- un diablo que compense nuestro dios, un peligro que compense nuestra dulzura. Pero pensándolo bien no veo por qué -precisamente en esta crueldad cotidiana- no se puede ser bueno, dulce, atento… Hay en la bondad -Whitman, Machado, Rilke- un arma de tecnología punta, una potencia cargada de futuro. El propio «espíritu de dulzura» del cristianismo, dice Simone Weil, ha sido malentendido. Y no excluye de algún modo la espada, la cólera.

Quizá todo consiste en que un fondo de serenidad y ternura siga envolviendo nuestros inevitables momentos de ira.

Ahora te diría: J., por favor, no cambies. Pero sería bueno prolongar aquella deliciosa comida con otros encuentros. Aparte de la generosidad de R., tienes en Galicia varias casas en las que serías muy bien recibido.

Mi correo es este. Espero que haya pronto ocasión de seguir intercambiando regalos.

Un abrazo y hasta entonces,

Ignacio

P. D. Espero que encuentres en el laberinto de Sexo y silencio un poco de la paz que todos necesitamos.

Santiago, 2 de junio de 2022

La urgencia política de lo religioso (Preguntas de Pepe Peinó)

1. ¿Eres filósofo en general o tienes alguna formación específica como filósofo de las religiones? Dame otros datos interesantes sobre ti en relación con el tema de Dios para encarar las siguientes preguntas.

No tengo una formación «específica» en filosofía, en ninguna de sus posibles especialidades. Más bien mi acercamiento a la filosofía, igual que al arte o a la religión, se debe a un rechazo natal a aceptar una formación especializada que, fuera de lo estrictamente laboral, siempre he sentido aberrante. Igual que algunos otros, de pequeño caí en la olla de cierto silencio terrenal, plagado de rumores. Ese desierto es lo que me formó, pues no ha dejado de acompañarme con unos espejismos que ninguna teoría de la evolución remedia. Hoy mucha gente está especializada anímicamente, de la cabeza a los pies. Delega así lo vital, incluidas las preguntas más importantes sobre la vida y la muerte. Tras esta mutilación inducida, los expertos sirven después un menú diario que permite el simulacro de participar, opinando sobre cualquier cosa. Por suerte y por desgracia, hay destinos que no entran en esta alienación típica del capitalismo. Incluso cuando era marxista, siempre creí en algo superior a mí y a los que me rodeaban. Era mi manera de defenderme de un contexto social que entonces ya sentía como venenoso, precisamente porque se presentaba como incuestionable. Es necesario apostar por un enigma real, por una distancia interior que nos  libre de esta neurosis del juicio de los otros. La religión es indispensable para zafarse de la servidumbre colectiva, de la tendencia a sacralizar lo mundano -la política, la ideología, la nación, la economía- que se da en esta sociedad que dice no creer. Un personaje italiano dijo: «Arrodillarse ante Dios nos libra de arrodillarnos ante los hombres».

2. ¿Cómo se llega a Dios? ¿Es lo lógico llegar a Él por la revelación, a través de deducciones lógicas o a través de las emociones? ¿Es una simple consecuencia de la evolución llegar -en el caso del hombre- a la inevitable concepción de la divinidad?

Se llega a Dios a través del miedo, después de una temporada en el infierno. No se puede creer en santa Bárbara si no se pasó una tormenta. Igual que no se deja de fumar si uno antes no se asusta, no se puede dejar el vicio del Yo -primera piedra de nuestra creencia laica- si no se atraviesa cierto espanto. Pertenezco a una generación en la que los curas y los militares eran responsables del mal. Pues no. Los curas tenían razón al hablar del pecado y del infierno, pues es una obligación moral -también para ser libres- cargar en la tierra con una culpa original. Experimentar los límites de nuestro endiosamiento, creer seriamente en algo radicalmente Otro, es clave para recuperar cierta jovial independencia. Sin un entrenamiento traumático que rompa el narcisismo, el ser humano está entregado a la triste auto-explotación de su imagen, a creer en el brillo del Yo y en el de la sociedad que lo mima. Por el contrario, una experiencia emocional de los límites alimenta un despertar a otro tipo de conocimiento. Hasta un hombre tan preciso como Jacques Lacan vincula (Seminario 10) la rotundidad cognitiva del «argumento ontológico» con la angustia de una verdad vertiginosa de lo real. Leibniz, Kurt Gödel o Nietzsche lo dijeron de otro modo, pero parece claro que cierta clase de certeza real solo adviene después de una experiencia física de la alteridad, de la sombra irresoluble que nos acompaña.

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NOTAS SOBRE UNA TRANSFILIA INDUCIDA

Ayer hablé con un amigo que está en tránsito. Sentí en Antonio, ahora Pilar, lo mismo de siempre, un parecido humor amargo, similar sufrimiento y hasta un timbre de voz familiar, aunque afinado «en femenino» por la ingestión de hormonas. Si todo va bien, y es de desear que así sea, Pilar acabará alcanzando una nueva y cálida comunidad humana. Será pronto el ser humano de siempre, con semejantes dudas, parecida angustia y similar humor, entre jovial y negro. Algún día morirá, como todos nosotros. Es un deber moral amar su eternidad mortal, su modo de ser, su manera manantial.

1. Al margen de la piedad obligada hacia todos los seres que sufren, es difícil no vincular la mercadotecnia del cuerpo «trans», de cuya fobia podemos hoy acusar a cualquiera que argumente valores morales de reserva, con nuestra vocación contemporánea de liquidar todo lo que sea referencia natural, herencia natal. Se dijo ya hace tiempo que la nuestra es una cultura del tránsito y el desarraigo, del aplazamiento perpetuo y la deconstrucción de cualquier intensidad real. Este es el motivo de fondo de la posverdad y la deconstrucción: el complot gregario contra lo «asocial», lo impolítico que late en la vida de los cuerpos.

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