Darwin city
Queridiños,
"Darwin city", el artículo de Javier Sampedro en El País de ayer es una buena muestra de mis peores ideas paranoico-criticas acerca de cómo la cultura actual del espectáculo ha integrado a este hombre de ciencia, tan importante que lo ha cambiado todo para que todo siga igual. Por favor, repasad el artículo de Sampedro con calma, pues la Opinión de El País nunca deja de tener un cierto valor sintomático. Fijaros.
I Faltaba más, nada más comenzar, la religión era una cosa y la ciencia ahora es otra. La humanidad era estúpida hasta anteayer, pero ahora ya no. Así os misterios se van aclarando. Para algo está la racionalidad de la ciencia entre nosotros. Un primer toque racista no viene mal: la Evolución nos permite entender por qué no somos tan imbéciles como antaño. Luego Darwin no solo explica la evolución de todas las cosas, sino también los saltos epistémicos que nos permiten distanciarnos de las supersticiones del pasado. Milagro de los milagros: a través de la Evolución, el Big Bang de la creación ex nihilo que ha conducido a nuestro esplendor urbano actual. Hasta las ratas, como en Ratatouille, evolucionan para adaptarse a un orden social sin precedentes. Si Sampedro sabe de ciencia, y me temo que sí, de demuestra a la vez que la ciencia no es nada sin ideología.
Mil disculpas
Gracias, S.,
Desgraciadamente, con 94 años, mi tía S. no tiene mucho remedio. Es una cuestión de tiempo (si me oye me mata), con días más o menos complicados. Y esto en una bellísima mujer, le decía a J. M., que hasta hace solo tres años se tomaba unos whiskies que hacían temblar la sala.
En cuanto a lo otro, S., gracias por los elogios pero no es para tanto. Uno hace algunas cosas bien después de muchos años de errores. En lo de los libros (no sabía que tenían que estar el la Programación) difícilmente va a haber reclamaciones. Fue un trabajo voluntario, con mucho tiempo por delante, y casi todos los que lo intentaron han salido bien o muy bien parados. Lo de Rilke no tiene precio, es absolutamente inolvidable (Marilyn dice: "Hasta que leí ese libro pensé que estaba loca"). Los otros son dos libros muy actuales e interesantes, sin más.
La Historia de la Filosofía me da un poco de miedo, precisamente por ese ritmo canónico que hay que imprimir. Pero se puede ver. Y desde luego, esa "Teoría del conocimiento", seguro que más libre.
Algunos nombres propios
Hola, L.,
Perdona que interrumpa tu puente. Es para ordenar mis ideas en torno a tu tutoría, expuestas abruptamente el otro día, y para explicarte mi relación con G., cuya madre me ha pedido una cita... después del segundo parte que le puse a su entrañable criatura.
Primero. El ambiente general del Ramiro es normal, sin mucha diferencia con muchos otros IES del centro de Madrid. Tengo cuatro Primeros de Filosofía y dos segundos de Psicología, y todo es "normal", con toda clase de grupos, de alumnas y alumnos. Ninguno de mis grupos es perfecto. Yo mismo soy bastante imperfecto. La perfección es irreal y bastante aburrida. Primero A, sin embargo, destaca. Ha logrado destacar, en lo que se llamaba mala educación, casi desde el comienzo. Y esto lo digo después de meses y meses de aguantarme, y de probar con ellos casi de todo... Excepto cantar y bailar, que por ahora no se me da muy bien. Tu curso destaca, siento decirlo, por una desvergüenza constante, una mala educación bastante irritante, día tras día. Confieso que algunos días los dejo salir a sexta hora (miércoles o viernes) un poco antes, más que nada por hartazgo.
Next Monday
Queridos,
Estaba agotado el otro día, pero lo pasé bien. Si me fui fue porque había quedado con B. y la cita era inaplazable.
El caso es que no dejé de pensar, por culpa del encantador R. Encantador de verdad, muy buen tipo, pero hasta su "puesta en escena" (tan barroco, tan desordenado, tantas referencias, tantos nombres)... pensé, un poco conmovido, que era la viva expresión personal de una huida de lo real, sea en versión freudiana, lacaniana o heideggeriana.
Un encanto. Pero, claro, para mí alguien dentro de la izquierda que toma distancias con Badiou... se acabó. Intelectualmente se acabó, aunque pague yo las cañas.
Y no era solo Badiou. Esa idea de que no hay un "resguardo ontológico", de que también el "en sí" hegeliano es un constructo. Por favor, baudelérame dieu, que diría Lacan. En fin, es no entender nada (lo digo con toda la ternura): no entender que el "resguardo" en Badiou, Lacan y otros, siempre ha sido encontrar el abrigo que solo puede brindar la intemperie. No entender eso, esa potencia política de la impolítica soledad común, significa empozar otra vez a la izquierda en el eterno lamento de un empoderamiento que no puede nada.
Nada más que entrar en la rotación rápida de un capitalismo que se traga todas las alternativas porque solo vive de lo que no tiene alternativa, el pánico ontológico a la negatividad real.
Habría que volver a ser radicalmente conservador en ese punto del Acontecimiento para poder aspirar a ser un poquito subversivo. Afrontar aquello que un Hegel (que R. no entiende: de "Žižek" ya ni hablo) sí afronta, si no queremos dejar al espíritu capitalista enseñorearse de toda la horizontalidad de la cobertura óntica.
En fin, me encantaría ver a R. para unas cañas. ¿Quedamos nosotros el lunes? Este era el motivo de este largo rodeo. Estaré el fin de semana en Galicia, pero vuelvo el domingo.
Un abrazo fuerte y hasta pronto,
Ignacio
Madrid, 14 de febrero de 2019
Estimados señores
Es difícil explicar en pocas palabras la personalidad, las habilidades y la capacidad de la alumna L. B. C. Digamos que, en primer lugar, su forma de estar presente, su modo de ser atenta, seria o sonriente (no es fácil olvidar su perspicacia para algunas ironías filosóficas), la hacía destacar de un grupo de estudiantes buenos, pero no siempre tan educados y entregados.
Se trata de una alumna que, incluso en medio de los mejores niveles de excelencia, no tiene fácil comparación. Su inteligencia rápida para captar los matices de los temas (a veces, en filosofía, muy difíciles), su nivel de comprensión, participación y expresión, la hacían visible día tras día.
Incluso cuando estaba, digamos, invisible: ahí, quieta en la tercera fila, escuchaba con una fijeza a la que uno no está acostumbrado.
He de insistir sobre esto entre estudiantes caracterizados por un buen nivel de comprensión y comportamiento. Concretamente, su expresión oral y escrita es de lo mejor que he conocido en mi ya larga carrera docente.