Momentos

Querido J., te resumo algunas ideas que me importaron y creo que son comunes a ambos libros. Faltan mil cosas, pero tenemos que cortar por algún lado. Tómate los números de cada epígrafe como meros índices, sin ningún valor jerárquico. Los números entre paréntesis son tus páginas:

1- Claro, en Galicia llueve, no 21, sino 221 días al año. Por eso la lluvia casi no tiene nombre y nunca termina. Lluvia oblicua habla de una precipitación, buena o mala, vivificadora o enfermiza (según cómo la aceptemos), que nos acompaña. La lluvia como metáfora del sinfín de influencias o deformaciones que nos forman. Recuerda que el agua es el elemento vinculador por excelencia, omnipresente en casi todos los seres. Y el agua no deja de ser una metáfora de esa infancia que nos acompaña como una sombra.

2- Tu libro es una historia de los días sin historia, de gente (tu padre, Octavio) que jamás pasará a las pantallas. Crónica de la niebla, la nada, la rutina más insulsa: ni siquiera lluvia, que en Almazara era un acontecimiento. El protagonista de tu libro es pobre, sin estudios, de pueblo. Pero guarda una conciencia elemental, una memoria personal de todo eso: no ha sido expropiado de su nada, que es la pobreza posmoderna. Tu libro es la memoria de un buen hombre: bondad, dice tu cuñado, que tal vez no ha leído a Machado. Habla un hombre sencillo obsesionado por lo cotidiano, pero esos son los hombres más peligrosos. Todo ángel es terrible, dice Rilke.

3- Hay incluso, en Donde termina la lluvia, un terrorismo del sentido común, esa especie decretada en vías de extinción. “Creo que hay un soplo de muerte en todo lo que hago” (p. 36): claro, la intensidad mata. Me reconozco en esa épica de lo banal, la inmensidad natal. Lo popular, vulgar, inmediato, no intelectual. “No me gusta diferenciarme de nadie” (p. 37). De ahí la idea de bajarse en estaciones de metro donde nunca se ha estado (p. 90). Y el gusto por lo cutre, popular, hortera. Maradona es tan importante como Martin Heidegger. Lola Flores, tanto como Clarice Lispector. De hecho, no hay nada por encima de lo ordinario: hasta las marcas comerciales (Warhol) pueden tener su aura. La filosofía y la Religión son dos construcciones grandiosas sobre el misterio de lo diario. Y la afamada Literatura Universal, si es buena, es la leyenda de lo particular, a veces hasta extremos delirantes. No sé Cercas y Reverte han dado cuenta de eso, pero sí Walser, Handke y Joyce.

4- ¿Puedo bajarme y “continuar andando”? (p. 129). Hastío ante un mundo tontamente teatral, donde cualquier autenticidad desconcierta. ¿Camarero como forma de esconderse, de ser libre? Ser marginal y descreído en la Historia para estar en el centro de la vida. Optimista en lo vital, pesimista en lo histórico: es la dialéctica del viajero inmóvil. De ahí lo de liarse casi siempre con extranjeras. Peregrino: otra vez el paleocristianismo. Seguir atractivo, hambriento (p. 132): be hungry, dice alguien que sigue a la beat generation. De hecho, si se lee incansablemente es para organizar las vivencias del camino, una mutación siempre en marcha, una soledad que siempre se renueva. Por eso se es amigo de los pobres, porque se es pobre: para empezar, uno se ha “prohibido” poseerse a sí mismo.

5- Donde termina la lluvia es también la memoria de una humillación, tan larga como el tiempo, inmemorial. Tanto, tan larga e inconsciente, que no necesita venganza. Hay un escándalo continuo ante la inconsciencia de los otros. Pero literalmente, de ahí la comprensión, ellos no saben lo que hacen: “Me miraron como si no me hubiera ido” (p. 82). Siempre nada, nada, nada. Para quien piensa, viviendo tres minutos en uno, para quien siente, un hombre hueco (Eliot) que ha de labrarse el afán de cada hora, como un agente doble en un mundo no elegido, los demás están como dormidos (Heráclito). Por esta doblez, con un pie aquí y otro más allá, nuestro hombre es un distraído que se equivoca en cosas mundanas: “enseguida divago” (p. 123). Tanta “vida interior” que le cuesta exteriorizarse, ser un hombre normal, o de acción (“dejad a Juantxu”, repite el padre).

6- Vivido al minuto, el tiempo se dilata (p. 70). Y quien no tiene más patria que la infancia, y se ha negado a tener otro suelo, vive al tiempo tramo a tramo, sin atender a la cronología. Así, en cada peldaño espacial del tiempo hay racimos de siglos (Whitman). “Miles de payeses fornicando para crear a esa mujer” (p. 57). Cada hora tiene su afán, es una montaña y una celebración. Por eso a nuestro hombre no le interesan las celebraciones. Tampoco la fiesta que es la información.

7- Cristianismo laico. Pasión por lo penoso, lo triste, lo oscuro o lacrimógeno: “Un hombre encorvado arrastrando una aspiradora inservible” (p. 58). Cristiano sin credo, sin necesidad de otra creencia que la hermandad en el sufrimiento, escarbada bajo cualquier ideología. Hijo de un padre ausente, por eso no se puede formar parte de ninguna manada (p. 82). Piedad y remordimiento hacia todo lo no hecho, nuestros habituales y absueltos pecados de omisión: como cuando el padre va a comulgar llorando (p. 152).

8- Números (Antiguo Testamento) es una enumeración ancestral de los seres modernos, sin desechar nada por intrascendente. Como en el Arca (Noé): cada cosa con su pareja, que es en primer lugar su sombra. Piedad inconsolable hacia todo lo abandonado, maltratado, ignorado.

Gracias,

Ignacio

Picón, 2 de diciembre de 2020

De nada

Querido M.,

De nada, fue un auténtico placer y ella, tu compañera, un encanto. Solo me encontré un poco “espeso” por la profundidad de esta Galicia rural, con fuego, frío y mucha humedad. La lista de “expertos” me parece muy estimulante y honrosa para mí. Espero haber estado a la altura.

J. y yo lo estamos pasando bien muy bien. Con mucha leña prácticamente gratis, mucho calor en la sala de la casa y en nuestra relación. Mucho trabajo, ella y sus cosas, yo y las mías (incluyendo terminar Sexo y silencio, ese libro tan “lacaniano”), muchos paseos y conversaciones, algunas peleas, muy buenas comidas, etc.

En fin, muy bien, en medio de una Galicia confitada y sin bares. El 10 de diciembre, o así, estaremos ahí. Os llamo para veros.

Un fuerte abrazo, a los cuatro,

Ignacio

Picón, 17 de noviembre de 2020

Relatos y haikus

Hola de nuevo, C. Repasé otra vez los haikus, leí “Emérito” y “En la penumbra”. En los poemas, la misma impresión excelente de autenticidad, de alguien que habla de lo que antes ha vivido.

Dos cosas muy buenas que cumples, hasta un punto sorprendente. Una: Se ha dicho que el poema dice en voz alta lo que muchos viven en silencio, en horas furtivas. En ese sentido, estirando la individualidad de cada cual, el poema revela la verdad común de lo que ya había, una verdad que es para todos, aunque nadie escuche.

Otra: Se dice que un poema o un aforismo condensa un universo de sentido en un solo punto, en una breve vibración. También lo cumples, con creces. Casi me siento culpable por no haberte “conocido” antes, a parte de la encantadora mujer que nos servía la suculenta comida de Casa Carrillo.

Pero bien mirado, tal vez haces la comida con el mismo primor, y se nota, que pones en estas palabras. Por ejemplo, en el cuento “Emérito”. Sentimentalidad y afecto, pero llevados a la precisión que solo los sentimientos pueden tener, jamás las ideas solas, sin el empujón del sentimiento.

Gracias por estos regalos. Seguiré leyendo. Hasta pronto y enhorabuena,

Ignacio

Picón, 13 de noviembre de 2020

Esperemos

Querido E.,

¿Ayer? Mejor ni te cuento. Algunas personas no estuvieron mal: pronto tendrás el encuentro en Youtube. En cuanto al resto, solo decirte que el universo virtual, que ha crecido hasta niveles de metástasis con la disculpa de la pandemia, ha permitido una casi completa impunidad de la falsedad, la mentira, la desvergüenza. Desvergüenza de la “imagen” y los datos, sin ningún contenido real.

Llevo años, muchos años, esforzándome en todas direcciones. A veces, lo sabes, rozando la “prostitución”. Pero soy en el fondo, también lo sabes, una persona de verdades. Con toda la connotación ingenua que tenga esta afirmación.

El caso es que estoy completamente desanimado y decepcionado, por no decir harto, con respecto al planeta virtual. Y no me refiero a ti y a tu trabajo, que aprecio, sino a una profunda decepción con respecto al alcance real del conjunto de toda esa espuma ruidosa. Hoy me parece parte del narcisismo, la hipocresía posmoderna y el entretenimiento, en el que además siempre estás trabajando para otro que ni siquiera conoces. Ni te paga, claro.

Así pues, lo siento por ti, he tomado una decisión. Suspender toda actividad, por lo pronto. Esperemos a ver cómo se resuelve ese misterio encriptado de Wikipedia, que tampoco tiene buena pinta, y después hablamos.

Un abrazo muy fuerte y hasta pronto,

Ignacio

Madrid, 29 de octubre de 2020

Sorry, tres de seis

Querido T., te envío seis frases. Tú escoges tres, por favor. Mil gracias:

1 Sería propio del varón una tendencia a pensar en términos no normativos, la tentación de transgredir ocasionalmente las normas que los propios varones han dictado para la colectividad.

2 ¿Es el afán primario de aventura lo primero que el espíritu del capitalismo ha laminado? Muchas tragedias y comedias viriles, algunos heroísmos y suicidios, podrían explicarse por el ensueño masculino de vivir por encima de las posibilidades que dicta el mero cálculo económico.

3 Un frustrado ensueño de exterior explicaría también por qué la virilidad está en crisis, quizá como no lo está la feminidad.

4 La épica masculina, por factores casi preontológicos, tiende a la brusquedad de una salida de tono, a la pulsión de un riesgo exterior. El choque con la policía social de la democracia posmoderna está servido, sobre todo en los países que más han entrado en un correcto capitalismo avanzado.

5 No hay por qué ocultarnos el peso de lo que se podría llamar histeria masculina, esa enfermedad varonil de la trascendencia. Y esto ante todo en los “mejores” hombres, en aquellos que aún sostienen la generosidad de la lucha y de una entrega a los demás.

6 La capacidad para lo trágico del no, para lo duro de un “no es no”; también para no ser modernos e interrumpir el flujo social, sería otra de las potenciales características del varón que se resiste a deconstruirse.

Madrid, 27 de octubre de 2020