El arte de las dosis

Estimado M.,

Me alegra mucho que mi texto le haya servido para su trabajo. No, no estamos del todo solos en el planeta de los fetiches ideológicos.

Tenemos además múltiples recursos ordinarios, que el sistema de lo general ni sospecha, para poder respirar bajo la costra totalizante que se ha impuesto. Efectivamente, como dice, el universo del deseo, las alegrías y el sufrimiento individuales sigue siendo ajeno al orden de los grandes mandatos políticos y a la ideología empoderada.

Usted practica el shotokan y yo los paseos por el campo, los vinos con los amigos y los recuerdos de pesca de truchas. Como diría un viejo conocido, es el mundo mismo el que se opone a la mundialización.

Sigo encontrando en los siete libros que tenemos de usted en nuestra casa una fuente constante de alivio e inspiración. Buscaré en su web nuevos destellos. Le envío mientras tanto una reciente entrevista que me hizo un joven escéptico. Tal vez encuentre una ironía agridulce no tan lejana a la suya.

Un abrazo muy fuerte desde España, M., y mis mejores deseos para la mezcla de paz y guerra que necesitamos en estos meses venideros,

Ignacio Castro

Santiago, 7 de junio de 2022

Sobre la posibilidad de fugarse de la secta global

Conversación con un joven escéptico
(Santiago Gómez)

 

1- ¿Crees que es posible para un nativo digital dejar todas sus redes sociales y no morir socialmente en el intento?

Sí, es cierto, lo tenéis crudo. Todos estamos endeudados a las redes, la información y las habladurías de lo social. Y los jóvenes, aunque tenéis mejor relación con la bendita violencia de las pasiones, a la vez estáis más fascinados con el tiovivo del espectáculo. Estamos tan colonizados con la circulación viral de tonterías que apenas tenemos tiempo para pararnos y escuchar, para tomar distancias y poder tener una voz propia. En eso precisamente consiste el sistema, en abrumarnos con la «complejidad» global para que no tengamos tiempo ni energía para apartarnos y ser independientes. La complejidad, la legal y la tecnológica, es un sistema de desgaste.  Después, como alivio, se nos ofrece el espectáculo de distintas minorías de expresión a las que podemos adscribirnos. Incluso podemos, si hay un apuro, consultar al nuevo clero de expertos. Pero la libertad nunca ha sido elegir en un menú servido, sino también ser capaces de irse y rechazar una situación, sin por ello convertirse en sospechoso, en un paria o un vagabundo. La libertad ha de ser también la capacidad de fugarse y elegir fuera, pues siempre hay un afuera. Fíjate que, de manera un poco patológica, fugarnos hacia el hermetismo es lo que ya hacemos para sobrevivir: el sujeto actual vive «ensimismado» -con frecuencia ni recoge las llamadas de su móvil- para defenderse de esta catarata de mensajes que nos estresa y nos dificulta respirar, pararnos y tomar distancias.

Leer más

La actualidad y lo sagrado

B., querido, te entiendo perfectamente. A veces yo también desfallezco, de cabo a rabo. Esta misma mañana: Agonizante. Es lo menos que puedo decir.

No le quito espesor a tu pesimismo, ya sé que hablas desde una decepción de fondo, pero a veces -y en mí la decepción es natal- son estadios estacionales, crisis «de edad» que pueden ocurrir en todas las edades. Desde que el mundo es mundo, hace unos cuantos años, es encarnizado con el espíritu, con la profundidad de la vida individual. Pero esta Inquisición se ha redoblado en el universo moderno. Nuestro mundo es el demonio, salvo raras islas de acogida. A veces dan ganas de fundar una secta.

La muerte del padre, que yo sufrí hace un tiempo, nos coloca además en un estadio extraño, de exigencia límite, de intransigencia lunática.

La verdad es que a mí, para la prostitución media que es el presente, siempre me ha faltado «cintura». Tengo la espada, me falta a veces la ternura. Y ahora esto no ocurre menos que antes. Mi reto es siempre el humor, cierta jovialidad para esta desolación del presente. Reconozco que no es fácil.

Pero tenemos dos manos. Una debe estar con la verdad, que, sea lo que sea eso, cada uno sabe qué es, ya que nos marca por dentro. Se sabe, aunque cada verdad irrumpe en una crisis del saber, en que no nos deja.

Te envío entonces esa encuesta que respondí casi a bocajarro, ante las preguntas religiosas de una persona que no conozco, ni me importó demasiado su «intención». Si es que la había.

Sin ningún compromiso, ya me dirás si se tercia.

Un abrazo muy fuerte. Y mucho ánimo en este presente tan raro, donde cuesta hasta tener enemigos. Hasta pronto, pues prometo llamarte antes de la próxima visita.

Ah, y tienes una Galicia abierta para ti, al menos de junio a julio.

Ignacio

Santiago, 4 de junio de 2022

Dudas matemáticas

Querida R.,

Qué suerte que «también» sepas de matemáticas. Te cuento. Voy a dar el 10 de este mes una charla en el Bachillerato Internacional del IES Rosalía de Castro de Santiago. Se trata de una clase «divertida», algo loca e informal sobre algunas intuiciones acerca de lo matemático. Sobre todo, una aproximación al tema de la singularidad -ya sabes, vieja obsesión mía- desde el punto de vista matemático. Una cuestión que haría imposible, desde mi modo de ver, el sueño del logicismo de Frege, Carnap y Russell. También haría imposible una reproducción digital o virtual del mundo con la  tecnología, la información global, la sociedad del conocimiento, internet o la informatización…

Esto obligaría a unas matemáticas oscuras, tan complejas o fractales como la realidad que pretenden abarcar. Borges tiene un precioso cuento sobre esta paradoja de un sabio que hace un mapa tan preciso para librarse del mal del mundo que acaba reproduciendo ese mal en el mismo mapa.

Perdona el caos de este hombre de letras. No tengo que impartir algo precisamente magistral, ni ocultar que habla el «último de la clase» en matemáticas. Ahí siempre fui un desastre, tal vez por la dificultad de comprender un lenguaje tan especifico que no sentía real, sino retirado… Después retomé el interés intuitivo por una matemática de lo cualitativo, de los fenómenos de borde, de las singularidades discontinuas. Por eso necesitaría ordenar algunas cuestiones y no meter la pata en nada elemental. Perdona que las preguntas, que he marcado en negrita, estén un tanto desordenadas.

Me puedes llamar o escribir, como tú elijas. Gracias de antemano,

Ignacio

Santiago, 4 de junio de 2022

Castro de nuevo

Buenos días, J.,

Le debo a R. una comida deliciosa, pues lo pasé en grande el domingo pasado contigo, con L. y P.

Yo estaba casi eufórico después de una mañana estupenda en la Feria del Libro, con abundantes encuentros, amigos y ventas. A pesar del ánimo extraño de P., a quien todavía no conozco bien, encontré muy afortunado el quinteto. Oí decir en serio y en broma, incluso me oí decir, cien cosas que siguen resonando en mi cabeza.

En particular, esa frase tuya sobre que te sientes «demasiado bueno», que -aproximadamente- te gustaría salir de ahí y no sabes muy bien cómo. Respondí a bocajarro, cosa que irritó un poco a L., algo así como «Has de ser cruel para ser amable». Ya sabes, el famoso emblema de Hamlet: Speak daggers and use none.

 

La verdad es que no soy, digamos, pacifista. Pero no, no me quedé a gusto con mis consejos. Tal vez no sea mala idea buscar -en este mundo implacable- un diablo que compense nuestro dios, un peligro que compense nuestra dulzura. Pero pensándolo bien no veo por qué -precisamente en esta crueldad cotidiana- no se puede ser bueno, dulce, atento… Hay en la bondad -Whitman, Machado, Rilke- un arma de tecnología punta, una potencia cargada de futuro. El propio «espíritu de dulzura» del cristianismo, dice Simone Weil, ha sido malentendido. Y no excluye de algún modo la espada, la cólera.

Quizá todo consiste en que un fondo de serenidad y ternura siga envolviendo nuestros inevitables momentos de ira.

Ahora te diría: J., por favor, no cambies. Pero sería bueno prolongar aquella deliciosa comida con otros encuentros. Aparte de la generosidad de R., tienes en Galicia varias casas en las que serías muy bien recibido.

Mi correo es este. Espero que haya pronto ocasión de seguir intercambiando regalos.

Un abrazo y hasta entonces,

Ignacio

P. D. Espero que encuentres en el laberinto de Sexo y silencio un poco de la paz que todos necesitamos.

Santiago, 2 de junio de 2022